El sol no calentaba ayer aquí, pese al brillo meridional. Si bien la paz retornó, los vidrios rotos de las nueve empresas pesqueras, los incendios, los destrozos en varios lugares y la quema de un depósito y una cámara frigorífica dejaron la huella de otro conflicto social en Santa Cruz.
El sol no calentaba ayer aquí, pese al brillo meridional. Si bien la paz retornó, los vidrios rotos de las nueve empresas pesqueras, los incendios, los destrozos en varios lugares y la quema de un depósito y una cámara frigorífica dejaron la huella de otro conflicto social en Santa Cruz.
PUERTO DESEADO, Santa Cruz.- Todos aquí sienten pena y quieren olvidar el viernes gris. Ayer, hasta los marineros -en huelga desde hace 22 días- se lamentaban por el alcance de los destrozos, sobre los cuales aún no se conoce oficialmente la magnitud. Pero el conflicto no terminó.
"Nadie puede creer lo que pasó. No hemos hablado con nuestra gente. Acá es toda gente de trabajo, no pretendíamos eso. La economía de Puerto Deseado depende de esto, pero hubo mucho manoseo", dijo a LA NACION Daniel Medina, delegado de los marineros en huelga desde hace 22 días. Reclaman la derogación del impuesto a las ganancias y la impugnación del convenio colectivo de trabajo firmado entre el sindicato nacional y la Cámara de Pesqueros.
Pese a las dramáticas fotos de incendios y destrozos que recorrieron el país y el anuncio de refuerzo de seguridad, ayer había aquí una paz dominguera. Pocos se animaban a desafiar el viento helado que entraba por la bahía que Cavendish bautizó Dessire en 1586.
"Veo con gran pena lo que ocurrió; no estoy a favor de la violencia pero hay que entender que esta reacción de la gente es la respuesta a la violencia que se ha ejercido sobre ella", opinó la docente Silvana Gómez.
Al ingresar en la ciudad, la empresa Vieyra es lo primero que se ve. Los vidrios rotos y una camioneta y quemada resaltan como la cicatriz del viernes violento. El resto es paz y siesta. Habrá que atravesar toda la ciudad, tomar la avenida Lotuffo y allí luego del camping municipal aparece el predio de las pesqueras: Carsa, Santa Elena, Empesur, Pesquera Santa Cruz, Arbumasa, Argenova, Pescargen, Pespasa y Vieyra. Todas tienen los vidrios rotos y oficinas destruidas.
En el exterior de las plantas hay mínimas guardias de seguridad. Rejas de dos metros dificultan el ingreso. Sobre la calle Patagonia, los marineros mantienen el único piquete. Alrededor de un tacho de fuego apuran mates y se quejan. "Estamos de 18 a 20 horas por jornada. Sabemos cuándo salimos al mar, pero no cuándo volvemos", dijo uno de ellos. Uno tras otro se excusan y no dan su nombre. "Nuestro sueldo depende de la producción; hay meses buenos y malos", explicó otro huelguista.
El reclamo que desató el conflicto reside en la falta de un convenio colectivo desde 2004. Rechazan el firmado por el gremio nacional en Buenos Aires y piden uno propio que se adecue a las características locales. "Queremos descomprimir, por eso nos quedamos aquí", explicó Medina, de 34 años y 18 de marinero.
Destrozos
A 200 metros del lugar, en el predio de las fábricas, se encuentran los restos de un gran galpón. Es un montón de hierro retorcido. Hasta el viernes fue el depósito de la española Arbumasa, incendiado el viernes.
Ricardo es transportista, hace 19 años que vive aquí, y el viernes no podía creer el humo que ganaba las calles. "Acá todos dependemos del puerto: los marineros, los comercios, los remises", afirmó.
El intendente local, Arturo Rodríguez, dijo a LA NACION que trabaja para abrir canales de diálogo con el gobierno. Pero aquí muchos lo responsabilizan por no haber dado una respuesta a tiempo.
Según pudo reconstruir LA NACION, el viernes los marineros fueron hasta el municipio. Rodríguez les había prometido una respuesta para ese mediodía. Pero no estaba. Había ido a un acto del presidente Néstor Kirchner. Los marineros dejaron pintadas en la comuna y partieron a las pesqueras.
"Allí empezaron a tirar piedras, se rompieron los vidrios de las ventanas y las casetas de seguridad, y después vino el fuego en el galpón de Arbumasa", relató un testigo. En dos horas había daños en la mayoría de las empresas. No hay precisiones de quién o cómo se inició el fuego.
Pero preocupan las consecuencias. Algunos creen que la temporada está perdida; muchos temen por el futuro de su trabajo y sólo unos pocos mantienen aún la esperanza.
Por Mariela Arias
23/07/07
LA NACIÓN
