Al concluir el año, la multipolaridad parece haber comenzado a ser evidente en el escenario del mundo.
Al concluir el año, la multipolaridad parece haber comenzado a ser evidente en el escenario del mundo.
La hegemonía occidental está cediendo lentamente el centro del escenario, reemplazada por acuerdos con nuevos actores que sugieren novedosos equilibrios geopolíticos. Esto, a pesar que algunas de las potencias emergentes parecerían estar aún en una etapa en la que pretenden ser tenidos en cuenta, pero sin asumir las responsabilidades consiguientes. Queda claro que los Estados Unidos -pese a su influencia- ya no pueden imponer su visión, según aparece evidente en la crisis de Medio Oriente.
Para Barack Obama, mostrar dos de esos acuerdos que acaban de alcanzarse parece haber tenido un efecto-imagen doméstico positivo. Porque se advierte que es efectivamente posible alcanzarlos y, con ellos, evitar desmadres en materia de paz y seguridad, que de otra manera serían incontrolables. Lo que no es sino una saludable reacción conjunta ante peligros comunes.
El primero de esos logros ha sido la ratificación del Senado norteamericano, por 71 votos contra 26, del "Tratado de Reducción de Armas Estratégicas" suscripto con la Federación Rusa el 7 de abril pasado, en Praga. Trece senadores republicanos -en señal de responsabilidad- se plegaron a sus pares demócratas para alcanzar los dos tercios necesarios para ratificar el convenio.
En función del mismo, las dos principales potencias militares del mundo disminuirán sus cabezas nucleares estratégicas a la mitad y reducirán -en siete años- sus inventarios de misiles intercontinentales y sus lanzadores, para lo cual se someterán a inspecciones satelitales permanentes, así como a 18 controles anuales recíprocos en tierra. Un paso al frente, sin duda.
La ratificación por la Asamblea Federal Rusa, prevista para las próximas semanas, podría abrir el diálogo en un nuevo capítulo del desarme: el de alcanzar con los rusos el primer acuerdo de la historia sobre armas nucleares tácticas; aquellas de menor alcance. Las que hoy están desplegadas en Europa. Este es un capítulo en el que los rusos tienen ventaja, con un inventario diez veces superior al norteamericano. Hablamos, cabe señalar, precisamente de aquellas armas respecto de las cuales la pesadilla de que puedan caer en manos de terroristas es más concreta.
El segundo logro ha sido poder consensuar con China la reacción frente a los desbordes violentos del régimen de Corea del Norte. Aparentemente, después de los inesperados ataques norcoreanos que, en algunas semanas, sumaron el hundimiento de un buque de guerra surcoreano al bombardeo de la isla Yeonpyeong, en Corea del Sur, China y los Estados Unidos han unificado, en este tema, sus políticas.
La presión china sobre el gobierno de Pyongyang, descalificando los ataques y exigiendo en cambio (a pedido de los Estados Unidos) prudencia y diálogo, fue inequívoca. Y parece haber tenido éxito, sin sacrificar las demostraciones de fuerza por parte de Corea del Sur. Aunque nada es demasiado seguro, cuando del gobierno de Kim Jong-Il se trata.
La convergencia alcanzada ayudará presumiblemente a que la visita oficial de Hu Jintao a Washington, el próximo mes de enero, tenga un clima más distendido pese a los desacuerdos sobre política cambiaria y cambio climático. Por lo demás, si las tensiones en la península coreana se calman, las negociaciones que hasta no hace mucho tuvieran como actores a las dos Coreas, China, Estados Unidos, Japón, y Rusia podrían reiniciarse. Haciendo coro, también el respetado Canciller ruso, Sergei Lavrov, se pronunció en contra del extemporáneo bombardeo norcoreano. Todos lucen empeñados en un esfuerzo conjunto por evitar lo impredecible. Señales dinámicas, ambas, de una nueva realidad que comienza a aparecer.
Por Emilio J. Cárdenas
30/12/10
LA NACION
