Hemos visto, con pruebas muy convincentes, que una empresa concesionaria de pesca en Santa Cruz arroja al mar cientos de toneladas de merluza atrapadas como producto no deseado junto con el langostino de su interés. Por otra parte venimos viendo como los indígenas y otros pobladores del norte (no sólo del Chaco o Formosa) languidecen y mueren de inanición y de enfermedades facilitadas por, o consecuentes a, la desnutrición.
Hemos visto, con pruebas muy convincentes, que una empresa concesionaria de pesca en Santa Cruz arroja al mar cientos de toneladas de merluza atrapadas como producto no deseado junto con el langostino de su interés. Por otra parte venimos viendo como los indígenas y otros pobladores del norte (no sólo del Chaco o Formosa) languidecen y mueren de inanición y de enfermedades facilitadas por, o consecuentes a, la desnutrición.
Ambos hechos son sistemáticos, no casuales ni circunstanciales. Todos sabemos que la merluza (prácticamente el único pescado disponible en todos los supermercados del país) ronda los diez o doce pesos por kilo. La inmoralidad de estos hechos es asombrosa. ¿Qué debe hacer, o dejar de hacer, un funcionario público para ser pasible de juicio político o penal en este país?
¿Quién sino el presidente, el ministro del interior y los gobernadores de las provincias en cuestión son responsables de esta locura? ¿Qué diferencia hay entre el genocidio indígena de los últimos quinientos años y el actual abandono de esta gente mientras tiramos al mar las proteínas que podrían salvarlos? ¿Qué tan difícil puede ser desde el Estado orquestar los medios para que esa riqueza depredada, que es de los argentinos, sea aprovechada por aquellos que la necesitan?
¿Dónde están y qué hacen las organizaciones defensoras de los derechos humanos, el defensor del pueblo, el ministerio de bienestar o de desarrollo social, la justicia, los legisladores y demás? ¿Qué le pasa a nuestra clase dirigente? ¿Locura? ¿Obnubilación? ¿Inmoralidad? ¿Corrupción? ¿Imbecilidad? Carlos Alfredo Suárez
04/12/07
LA NACIÓN
