En la industria pesquera marplatense hay tres tipos de obreros que procesan la materia prima que traen los buques fresqueros. Están los efectivos, nucleados en el SOIP, bajo el convenio colectivo del ’75 o algún acuerdo para PyMES; los cooperativizados en empresas de autogestión transparentes y genuinas, y quienes trabajan para cooperativas que tienen “dueños”, el eslabón más endeble de la cadena productiva porque no tienen ningún respaldo ante la crisis que vive hoy el caladero.
En la industria pesquera marplatense hay tres tipos de obreros que procesan la materia prima que traen los buques fresqueros. Están los efectivos, nucleados en el SOIP, bajo el convenio colectivo del ’75 o algún acuerdo para PyMES; los cooperativizados en empresas de autogestión transparentes y genuinas, y quienes trabajan para cooperativas que tienen “dueños”, el eslabón más endeble de la cadena productiva porque no tienen ningún respaldo ante la crisis que vive hoy el caladero.
Ante la falta del recurso –en el puerto marplatense se desembarcaron casi 6 mil toneladas menos en el primer trimestre del año, comparado con el 2006– los obreros efectivos no sienten la falta de merluza para procesar, como sí ocurre con los cooperativizados y quienes cortan pescado sólo cuando hay materia prima disponible.
Así lo confirmó Luis Verón, asesor de la comisión directiva del SOIP. “Entre enero y marzo no se ha notado la falta de merluza entre el personal efectivo. Aquellos armadores que disponen de compañeros en blanco y que además tienen plantas fasoneras –de corte y procesamiento– con personal en negro, priorizan darle el pescado a los efectivos”, razona el dirigente sindical.
Al estar en relación de dependencia, los trabajadores tienen un “garantizado”, que oscila los 700 pesos. Esa cifra se abona en caso que no haya materia prima para procesar. “Hasta ahora no hubo ningún empresario que haya abonado la garantía por no tener pescado”, aseguró Verón, que contó que en estos momentos “en el SOIP hay 2.800 afiliados”.
Para el dirigente gremial las expectativas en cuanto a la regularidad del trabajo para lo que resta del año no son tan drásticas como aseveran algunos especialistas. “Este año habrá nuevamente bastante langostino, según los informes del INIDEP, y eso generará que buena parte de la flota fresquera marplatense lo busque como especie objetivo durante unos meses. Si la zafra en aguas nacionales se prolonga, le darán un respiro a la merluza y se podrá trabajar bien en la segunda parte del año”, dijo Verón.
Claro que es difícil que los desembarques de langostino que efectúe la flota marplatense sean procesados por obreros locales. El año pasado, de las 40 mil toneladas desembarcadas, sólo 760 se bajaron en esta estación marítima.
Mientras la situación en el SOIP parece transcurrir con tranquilidad, en las plantas cooperativas la situación es diametralmente opuesta. Alberto Rosa, presidente de la Federación de Cooperativas de Actividades Portuarias, remarcó que todas las entidades que están vinculadas al procesamiento tienen “dificultades” y sus socios perdieron continuidad en el trabajo diario. “Dos cooperativas tuvieron que cerrar sus puertas porque no pudieron aguantar la falta de pescado”, se lamentó.
En muchas otras se busca frenar la crisis entregando adelantos a los socios que no trabajan, pero que en realidad son utilidades de períodos anteriores. “Es un paliativo, pero que en un momento se termina”, dijo Rosa.
En las plantas clandestinas la situación es incluso más complicada porque no hay un respaldo institucional detrás del “dueño”, que los convoca a trabajar cuando puede conseguir pescado para procesar. En el último mes de marzo han sido muy pocas las veces que hubo “derrame” de merluza y ésta llegó al último escalón de la cadena productiva, donde si no se trabaja, no se cobra.
La falta de merluza plantea estas disímiles realidades laborales, un escenario repleto de inequidades y que, pese a varios intentos, ninguna autoridad política logra reparar.
16/04/07
PESCA & PUERTOS
