La crisis energética ya es innegable, está presente entre nosotros y todo indica que llegó para quedarse. Los intentos de tapar el sol con las manos estallaron en este invierno, y si no se cambia el rumbo los argentinos llegaremos a la primavera electoral de octubre con los ánimos más caldeados que lo deseado por el oficialismo.
La crisis energética ya es innegable, está presente entre nosotros y todo indica que llegó para quedarse. Los intentos de tapar el sol con las manos estallaron en este invierno, y si no se cambia el rumbo los argentinos llegaremos a la primavera electoral de octubre con los ánimos más caldeados que lo deseado por el oficialismo.
Desde hace tiempo se viene alertando sobre la aparición de síntomas que señalan un deterioro progresivo del sistema energético de nuestro país. Voces de expertos postulaban que era necesario adoptar una nueva política energética para superar los problemas de fondo, muchos de ellos heredados de un modelo pensado para un país estancado.
El crecimiento económico sostenido de estos cuatro años rápidamente puso en evidencia el desajuste entre la oferta de energía y la mayor demanda de la población en general, generada, principalmente, por la reactivación de los sectores productivos que más contribuyeron a ese crecimiento.
Lamentablemente por negar la posibilidad de la crisis, descalificar a quienes reclamaban se asumiera la gravedad del problema o tildar de agoreros y exagerados a quienes reclamaban se diseñara con tiempo un plan de medidas, se demoraron las soluciones y la crisis se produjo.
Hoy las empresas e industrias de todo el país sufren el terrible impacto de las reducciones de energía dispuestas en el marco de la Resolución 1281/06 de la Secretaría de Energía que se instrumenta a través de “amables” comunicados donde se las invita a reducir hasta en un 70 por ciento el consumo de energía que necesitan.
No hace falta ser un experto para darse cuenta de las consecuencias que sobrevienen para la producción y el nivel de empleo a raíz de las limitaciones de energía:
-suspensiones de personal y probables despidos,
-anulaciones de turnos,
-disminución de la producción y por consiguiente de la actividad económica.
Si las industrias se paran se detiene el crecimiento, así de simple.
De nada sirve intentar que no se corte el suministro domiciliario para no disgustar el ánimo de los votantes, si en los hogares se siente que por imprevisión peligran las fuentes de empleo. Si las empresas deben detenerse por falta de energía, se desvanece toda proyección de nuevas inversiones y cualquier planificación se torna imposible por la gigantesca precariedad del futuro.
La industria pesquera hizo con mucho esfuerzo un importante aporte al crecimiento de estos últimos años en términos de
-cantidad y calidad de empleo,
-nivel de inversiones,
-aumento de la productividad y
-crecimiento de las exportaciones.
Sin embargo, a los duros golpes a los que viene siendo sometida la pesca:
-desaparición de los reembolsos,
-incrementos en los costos fiscales y laborales,
-suspensión de los reintegros,
-retenciones a las exportaciones,
se le suma ahora un nuevo golpe. De manera casi despiadada e intempestiva, se impusieron fuertes restricciones de energía que impiden hasta hacer mínimos planes de contingencia. Si bien es cierto que parando un ascensor, iluminando menos una oficina o apagando los carteles o el alumbrado público puede ahorrarse energía, debería haberse previsto que en una planta pesquera los ciclos de congelado no pueden suspenderse y que cuando llega un fresquero a puerto se lo debe descargar de inmediato a una cámara de frío sin importar si ya empezó el horario de restricciones.
Los empresarios no exageran ni forma parte de sus intereses tener una visión trágica, simplemente reclaman que entre todos se busquen caminos que ayuden a que esta situación crítica se supere en el menor tiempo posible. Para ello es necesario asumir responsablemente el problema, negarlo solo lo agravará, y que se adopte un Plan de Racionalización que contenga medidas urgentes y de aplicación inmediata y un segundo conjunto de acciones que encaminen al sistema energético nacional por una senda de normalidad.
Las restricciones de energía a las industrias parecen no haber previsto que pueden comprometer seriamente el crecimiento de las economías regionales y todos los esfuerzos hechos por lograr mejoras en los niveles socio- económicos de los argentinos. No debería subestimarse nuestra capacidad de comprensión para afrontar solidariamente el problema.
Situación insostenible
Alpesca frente al recorte de energía
“Nos bajaron de 1.527 megavatios que es nuestra demanda estimada a una demanda máxima autorizada de 672 megavatios, nos quitaron el 66 por ciento de nuestra necesidad energética, lo que en concreto nos elimina un turno de unas 480 a 500 personas, todo el turno tarde”, arranca diciendo Alex Ocampo, titular de Alpesca, ante la consulta de Pesca & Puertos sobre cómo fueron afectados por los recortes energéticos.
La situación es más grave aún porque el personal de planta gana entre 2.500 y 3.000 pesos mensuales si trabajan, en cambio sin trabajar sólo cobran el garantizado que alcanza tan sólo a 1.300 pesos.
“Esto no sólo nos afecta a la planta y a la empresa sino a la gente que trabaja, además este recorte nos implica parar los barcos porque no podemos seguir pescando si no puedo procesar en la mitad de nuestra capacidad instalada”, aclara Ocampo.
Informó además que están desarrollando un plan para armar un turno a partir de la medianoche que es cuando recuperan la energía ya que sufren un corte desde las 16 hasta las 24 horas. “También alquilamos 2 generadores para cubrir algunos servicios y fabricar hielo para los barcos fresqueros y estamos viendo si podemos adjuntar alguna línea más a la mañana para colocar 60 ó 70 personas en ese turno y tratar de armar algo a la noche”, sin embargo no es tan simple ya que “los ciclos de congelado no se pueden cortar y tienen una duración de 2, 3 ó 4 horas por lo que a la tarde tendríamos que poder congelar para no perder también lo de la mañana”.
Solos y sin paliativos
No sólo no reciben aún algún tipo de paliativo de parte del Estado pese a que su producción prácticamente se estancó por causas ajenas a la empresa, sino que la solidaridad de los gremios no pasa de ser simplemente discursiva. Ante la posibilidad de generar un turno nocturno el Sindicato de la Alimentación ofreció su apoyo pero sin dejar de reclamar que la hora nocturna se pague al 100 por ciento como si no fuera una medida para evitar dejar gente sin trabajo.
Las gestiones también se realizan frente al Gobierno provincial en busca de posibles soluciones y colaboración para afrontar la traumática coyuntura.
Imprevisión
La magnitud del recorte es una parte del problema, la otra es la imposibilidad de prever con antelación las medidas a tomar. Según indicaron, en Alpesca primero les dieron un aviso por 3 días, luego el 30 de junio les dieron un aviso hasta el 2 de julio y después les informaron que sería continuo en todo julio. El primer aviso preveía una reducción a 800 megavatios y al día siguiente les informaron que bajaba a 672 megavatios.
“Nos bajaron un 17 por ciento de un día para otro, es una precariedad que nos supera”, confiesa Alex Ocampo mientras la empresa desarrolla múltiples planes de contingencia para ver afectada su producción en la menor manera posible.
Educando
Ni bien la crisis era conocida por todos, aunque negada por el gobierno, Alpesca comenzó un trabajo de concientización sobre todo su personal apuntando a la reducción del consumo eléctrico, tanto en la planta como en las oficinas y en las mismas casas de los trabajadores. A través de circulares y el trabajo de un grupo de empleados que habló con cada operario se apuntó a reducir el consumo para que la crisis pase lo más rápido posible. Desde reducciones en el consumo de monitores y equipos de aire acondicionado y calefacción hasta recomendaciones para no derrochar electricidad en los domicilios particulares. Las medidas preventivas de Alpesca no los dejaron a salvo, también les llegó el corte y lo sufren como nadie.
09/07/07
PESCA & PUERTOS
