La terminal, colapsada por los contenedores que no libera, da turno para verificar para el miércoles. Cuando un contenedor llega, la terminal cobra unos US$ 100 de manipuleo. Al sexto día sin liberarse, el costo asciende a unos US$ 230.
La terminal, colapsada por los contenedores que no libera, da turno para verificar para el miércoles. Cuando un contenedor llega, la terminal cobra unos US$ 100 de manipuleo. Al sexto día sin liberarse, el costo asciende a unos US$ 230.
"Las terminales lucran con esta situación. Como es un problema de la Aduana y no de ellos, están en su derecho a cobrar todo", dijo Oscar Munter, del estudio ELA.
Por su parte, Verónica Cueto descree del nuevo control. Representa a una empresa de informática, otro sector cuestionado por la resolución por subfacturación. "Es cierto, hay mucha cueva en el sector. Pero acá no hay fábricas de hardware, router, switch, hubs, de wireless o accesorios para redes. Tampoco se hacen impresoras. La Argentina ensambla, no tiene líneas de producción. No obstante, todas son mercaderías con valores criterio", indicó.
El valor criterio es un parámetro de precios que tiene la Aduana y que coteja con la factura que presenta el importador (que expresa el valor al que se exportó en China) con el conocimiento de embarque (que señala la cantidad que se está importando).
Varios importadores consultados señalan que la Aduana establece de forma "casera" esos valores criterio: los verificadores tendrían en sus notebooks sitios de China que publican precios y promociones, y los comparan con lo declarado por el despacho analizado y con otros despachos históricos.
"Si el valor declarado es inferior, se va a canal rojo, la inspección física del contenedor", dice Nicolás Hazán, importador de lámparas para alumbrado público e industrial.
"El problema es el tiempo que demoran, las roturas y los robos de mercadería. Ningún seguro cubre esto, y nadie se hace cargo de nada", indicó. En los 30 años que lleva importando sufrió este tipo de inconvenientes. Incluso un contenedor que iba a retirar que pesaba la mitad del valor declarado.
Cueto entiende que "los que subfacturan" encontrarán la manera de seguir "en el negocio". Y les apuntó a los couriers (servicios de transporte aeroexpreso). "Si la mercadería vale menos de 3000 dólares la tiene sin problemas en su escritorio si la trae por courier. Ellos no verifican el origen de la mercadería. Y un router vale US$ 12 y pesa poco, con lo cual se puede traer una cantidad significativa. Es un control infantil."
Sin consulados
Conseguir la famosa factura visada que exige la norma es todo un logro. En primer lugar, no hay consulados argentinos en todos los puertos de China. "Me pasó con una importación de textiles, es imposible conseguir el sello."
De todas maneras, la nota 57 habla de visado consular de país de procedencia, no de origen, que es donde se fabrica. La procedencia es de donde sale la mercadería preparada para el destino final, y muchas veces es Estados Unidos. Tampoco es clara la norma en este punto ", reflexionó Cueto.
"Es un tsunami. Se quebró la placa terrestre y llegó la ola." Así ilustró la dimensión que tienen y que seguirán teniendo las importaciones desde China el directivo de una trader que trae desde allí revestimientos para la construcción. No obstante, el Gobierno abrió el paraguas.
"Esta es una contramedida que igual no va a servir para frenarlos. El gran volumen de comercio de alguna manera induce a maniobras de elusión en aranceles y el Gobierno responde así mientras espera, como otros países, que China revalúe el yuan", explicó el empresario, que pidió reserva de su nombre.
26/08/07
LA NACION
