Un plan para recuperar a la merluza

Un plan para recuperar a la merluza

Los biólogos del INIDEP se reunieron con los miembros del Consejo Federal Pesquero con la intención de consensuar un plan de manejo para la recuperación del recurso merluza hubbsi. Después de varios años el matemático del Instituto, Aníbal Aubone, fue escuchado con atención.

Los biólogos del INIDEP se reunieron con los miembros del Consejo Federal Pesquero con la intención de consensuar un plan de manejo para la recuperación del recurso merluza hubbsi. Después de varios años el matemático del Instituto, Aníbal Aubone, fue escuchado con atención.

En la reunión celebrada en la sede del Consejo Federal Pesquero, los responsables de los programas de merluza, artes de pesca y langostino presentaron un plan de manejo para la recuperación de la merluza hubbsi, que fue recibido con agrado por parte de los consejeros. Las propuestas giran en torno a diferentes medidas que propugnan la limitación de acceso al recurso. La presencia del matemático Aníbal Aubone, de quien durante muchos años –más precisamente desde el 2001– se prescindió para la elaboración de estrategias de manejo para la merluza, es un dato alentador.

El matemático elaboró durante el año 2009 un informe sobre la limitación de acceso al recurso y las variables que podrían manejarse para evitar el descarte. En base a esos postulados y al aporte de los biólogos de los diferentes programas intervinientes, se realiza hoy un plan de recuperación. Para conocer cuáles serán los pilares sobre los que se basarán las futuras resoluciones, conviene remitirse a las premisas básicas explicitadas por el investigador en el citado documento: “La importancia ecológica del descarte requiere atención; por ello es importante que no exista descarte o en su defecto el mismo sea despreciable. El descarte es malo por el desperdicio biológico que significa, la contaminación que provoca, el efecto de aumentar la mortalidad sobre los juveniles y la perturbación sobre otras”. El desarrollo de estos conceptos fue publicado por el Departamento de Matemática de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

En el documento se destacan dos factores clave en el proceso de captura que afectan a la pesca de ejemplares no deseados: la accesibilidad de los ejemplares de talla o especies no deseadas, y la selectividad del arte de pesca utilizado. Sobre estos factores, se deja en claro, “se debe operar para lograr disminuir el descarte”.

Talla mínima de captura
La talla mínima de captura es una medida de regulación pesquera que permite evitar la captura de ejemplares juveniles menores de una talla determinada. Por sí sola, esta medida de regulación puede entrar en incompatibilidad con la retención del arte de pesca y la accesibilidad. El problema surge si la talla mínima de captura es próxima a la talla de primera captura del arte de pesca efectivamente utilizado y a su vez la flota tiene accesibilidad importante a tallas de esta magnitud. En este caso puede favorecerse el descarte de ejemplares pequeños y la subdeclaración de captura de los mismos, ya que por un lado dichos ejemplares están accesibles y son factibles de ser pescados y por otro lado el pescador sería penalizado por pescarlos.

Es importante entonces, cuando se establezca esta medida de regulación que la talla mínima de captura sea un valor menor que la talla de primera captura y además que se corresponda con una accesibilidad suficientemente pequeña, para lograr que la proporción de extracción de ejemplares menores sea pequeña. Además la talla mínima de captura queda relacionada con cuestiones de conservación biológica.

La talla mínima de captura puede ser controlada al desembarque o a bordo de los buques pesqueros mediante inspectores (requiere muestreo a bordo). El control en tierra posee la desventaja de que el barco pesquero pudo haber descartado los ejemplares más pequeños para cumplir con la reglamentación.

Una vez impuesta un área de veda (que deberá proteger en parte a los juveniles) y un arte de pesca en la pesquería, de los cuales por lo menos se debe conocer la retención media por talla, se podrá fijar la talla mínima de captura y una tolerancia a la captura de ejemplares menores que esta talla.

Limitación de la captura de juveniles
Cuando la estructura poblacional está conformada por juveniles y hay tendencia a la desaparición de los ejemplares adultos, de no existir medidas y controles que protejan a los juveniles, la flota pesquera intentará aumentar la proporción de extracción de las edades menores para mantener los niveles de capturas.

Esto puede conducir al colapso biológico rápidamente. Es por ello que una estrategia de explotación precautoria tiene que contemplar la protección de los juveniles, y para que sea biológicamente sostenible debe determinar un correcto balance en la estructura poblacional a largo plazo. El balance en la estructura de edades se logra si suficiente cantidad de individuos crecen y “llenan” la estructura de edades.

Esto motiva el uso de artes de pesca selectivos y responsables para con el recurso, y la limitación del acceso a los ejemplares juveniles y de la captura de los mismos.

Es importante señalar que la limitación de captura de juveniles, sin el acompañamiento consistente de áreas de veda y selectividad, puede incentivar el descarte.

El límite superior de proporción de captura de juveniles debe calcularse analíticamente en concordancia con la accesibilidad y la retención. Este límite depende del estado del efectivo pesquero, para cada año, pero en el caso de establecer un plan a largo plazo con probabilidades de supervivencia constantes por edad, puede fijarse en un valor para toda la vigencia del plan.

Áreas de veda móviles
Como consecuencia de posibles migraciones de los peces, cualquier área de veda que se implemente, puede ser que no mantenga la accesibilidad en los valores adecuados por el período de tiempo que se desea. Si la accesibilidad es variable en el tiempo, es necesario efectuar las correcciones en las áreas de veda para mantener el patrón de extracción (suponiendo que no se cambie la selectividad del arte de pesca en el periodo considerado).

Para definir un área de veda periódicamente se requiere contar con el conocimiento actualizado de la estructura de edades accesible a la pesca. Para ello es necesario realizar campañas de investigación o prospecciones que permitan determinar la proporción de ejemplares por clase de edad en la población, protegidas por el área de veda. Pero el costo de las campañas de investigación es grande, por lo que no pueden repetirse con períodos cortos de tiempo.

Para controlar el exceso de juveniles en la captura, la talla mínima de captura, y adecuar las áreas vedadas es posible utilizar la información proveniente de la actividad pesquera. La información de dónde están las concentraciones de juveniles debería transmitirse en tiempo real a la Administración Pesquera. Así ésta podría instrumentar vedas móviles, cerrando las áreas donde hubo lances con proporción de ejemplares de talla menor o igual a mínima de captura.

Es importante que cuando en un lance se exceda la tolerancia de ejemplares de talla menor a la mínima de captura o la proporción máxima de juveniles, este hecho sea informado en tiempo real para que pueda evaluarse un cambio en el área de veda.

La captura máxima permisible
Resulta muy importante como referencia para el manejo pesquero la recomendación de una captura máxima biológicamente aceptable o admisible. Es frecuente calcular este nivel de captura luego de estimar las tasas de mortalidad por pesca y naturales por edad. En este caso se estiman las proporciones de extracción por edad. Como las proporciones de extracción por edad máximas son el resultado de multiplicar la accesibilidad por la retención del arte de pesca, cualquiera de estas acciones que se tome como válida determina a la otra.

A raíz que la captura máxima biológicamente aceptable no es independiente de la retención del arte de pesca ni de la accesibilidad a la estructura de edades que brinda el área de veda, no es posible recomendar una captura máxima biológicamente aceptable y luego un área de veda y un arte de pesca sin haber hecho el cálculo teniendo en cuenta la relación correspondiente.

Es por ello que, si la captura máxima permisible es diferente de la captura máxima bio-lógicamente aceptable, se entra en una inconsistencia que trae problemas a menos que se corrija.

El documento elaborado por Aubone concluye que, al estar el descarte asociado a la limitación del acceso de los pescadores a los recursos pesqueros no deseados y a la buena selectividad del arte de pesca utilizado, resulta fundamental la realización de estudios de distribución espacio-temporal de los recursos y de la estructura espacio-temporal por tallas, conjuntamente con diseño de artes de pesca selectivas y estudios de selectividad, tanto por tallas como por especies.

Destaca también que la reducción del descarte, como la buena pesca –entiéndase pescar las tallas y especies deseadas, en la cantidad permitida– es posible sólo bajo un plan de manejo pesquero, donde las medidas técnicas deben ser compatibles entre sí.

“Si las medidas de manejo que finalmente se imponen son inconsistentes, el resultado biológico es imprevisible, y seguramente se incentivará acciones como el descarte o la subdeclaración de captura”, concluye el autor.
Por Karina Fernández / Fotos de Diego Izquierdo

17/05/10
REVISTA PUERTO

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