Hubo fallas en la calefacción; estaba vacía.
Hubo fallas en la calefacción; estaba vacía.
USHUAIA.– El fuego les está jugando una mala pasada a los argentinos en la Antártida.
A seis meses del incendio que se ensañó en alta mar con el rompehielos Almirante Irízar, este fin de semana hubo otra pérdida esencial: la única escuela del país que funcionaba en el continente blanco quedó reducida a cenizas.
Las llamas surgieron a las 17.35 del sábado (aunque el hecho sólo se conoció ayer) por fallas en el sistema de calefacción y en 90 minutos devoraron el edificio de Base Esperanza en el que funcionaba la Escuela Nº 38 Pte. Julio A. Roca, que desde hace diez años depende del gobierno de Tierra del Fuego.
Los 22 alumnos que estudian allí gozaban del receso invernal, por lo que resultaron ilesos. Tampoco hubo heridos entre los otros 40 habitantes de la base, en especial aquellos que combatieron el incendio valiéndose de agua y matafuegos, ayudados por la nevada intensa y la serenidad del viento, imperantes en el lugar.
Pasado el momento de mayor tensión, el paisaje antártico en Esperanza quedó atravesado por una columna de humo negro que duró "varias horas", pese a los 22º bajo cero imperantes en la zona. "No quedó nada en pie, se perdió todo", lamentó el jefe de la estación, el mayor del Ejército Sergio Pietrafesa, en diálogo telefónico con LA NACION.
El funcionario ubicó el origen del siniestro en el "sistema central de calefacción" que funcionaba en el subsuelo del edificio. Un desperfecto similar, ocurrido hace dos años, acabó con el edificio central de la base antártica Belgrano II, el más cercano al Polo Sur de los asentamientos argentinos.
La escuela tenía, en una planta de 30 metros de frente por 15 de fondo, dos aulas para los alumnos del nivel inicial y primaria, y una para el secundario, una sala de informática con siete computadoras conectadas a Internet, un salón multifunción, cocina y baño.
Pero la estructura estaba levantada a dos metros del suelo y en la parte inferior se aprovechó el espacio para montar un gimnasio, un taller de reparación de artefactos eléctricos y las calderas, donde se habría originado el fuego.
Un centro para todos
"La escuela era el centro de reunión de la gente de la base, el lugar aglutinante; acá se hacía la mayoría de los festejos y los actos oficiales; es una pérdida muy importante", recordó el mayor Pietrafesa.
El jefe de la base admitió que tras el hecho se reiteraron las "caras largas", tan comunes en la dotación que palpita el aislamiento. La desgracia ocurrió cinco meses antes del recambio del personal, en pleno invierno, cuando domina la noche y la barrera de hielo impide el acceso por mar. Además, el último Twin Otter de la Marina, que aterrizó hace dos meses en Esperanza, sigue varado allí, con la rueda de nariz averiada.
El ciclo lectivo 2007 seguirá en una casa de familia adaptada para que los tres dormitorios y el living comedor puedan albergar a los estudiantes. "Entre la dotación no hubo pánico, pero sí mucha carga sentimental por lo que significaba la escuelita", lamentó el mayor.
El edificio había sido construido en marzo de 1982, para poner en marcha un sistema de educación a distancia ideado por la Fuerza Aérea. A partir de 1993, las clases quedaron a cargo del Sistema de Educación a Distancia del Ejército, que funcionó cuatro años, hasta que, en 1997, el Ministerio de Educación de Tierra del Fuego tomó posesión de la escuela.
Desde entonces, los maestros fueron designados por concurso con tres requisitos centrales: trabajar en el sistema fueguino, conformar un matrimonio donde ella y él fueran docentes y superar un concurso de actitud y un período de adaptación a la convivencia antártica dictado en lugares de la isla bajo un relativo aislamiento.
Recuerdos e impotencia
Los primeros fueguinos en incursionar en suelo antártico fueron los maestros Nora Alderete y Hugo Santillán, con sus hijos Mauro y Aylén, que tenían 9 y 4 años. "Sentimos una impotencia tremenda porque no pudimos hacer nada", lamentó Santillán, "aún conmovido" por la noticia, desde Río Grande.
Santillán promovió una reunión entre colegas antárticos que se realizará el sábado en Ushuaia, para conformar una asociación que permita recibir donaciones y destinarlas a la reconstrucción de la escuela. "El fuego no nos va a tirar abajo, tenemos que empezar de vuelta", proyectó, optimista.
Al parecer, el incendio activó la creación de esta ONG que venía aletargada. "Queremos ayudar para reconstruir esta escuela que hace soberanía en la Antártida", agregó Sergio Allaman, integrante junto con su esposa, Yolanda Veloso, de la dotación del año pasado, la que descendió del Irízar en Ushuaia días antes del incendio que paralizó a la embarcación.
"Hay que aprender de los errores; vamos a sugerir que la vivienda de los maestros en vez de ser la más alejada, como ocurre hoy, esté pegada a la escuela, porque en los días de temporal las clases se suspenden porque los maestros no pueden llegar", replanteó Allaman.
"Estamos destrozados, sin consuelo. Es una pesadilla. Primero lo del Irízar y ahora esto", lamentó el correntino Gustavo Lezcano, quien trabajó en la escuela Presidente Roca en 2005, junto con su esposa, Rosa de los Angeles Soto, y sus dos hijas, Marian, que tenía 4 años, el doble que su hermana menor, Sabrina.
Por Silvio Bocchicchio
Para LA NACION
Aulas en la nieve
• En 1978 se creó la Delegación Educativa Antártica, dependiente del Instituto Dámaso Centeno.
• Las instalaciones de la escuela fueron inauguradas en 1982.
• En 1993 pasó a depender del sistema de educación a distancia del Ejército y funcionaba con tutores. Las clases las impartían las madres de los alumnos.
• Desde 1997 depende del Ministerio de Educación de Tierra del Fuego, que cada año envía una pareja de maestros.
31/07/07
LA NACION
