El conflicto que mantiene paralizado desde hace casi una semana al puerto de Mar del Plata y que desde la medianoche empezó a extenderse a todas las plantas procesadoras, adquirió una dimensión tal que ya resulta difícil rastrear su origen y anticipar cuál será su desenlace.
El conflicto que mantiene paralizado desde hace casi una semana al puerto de Mar del Plata y que desde la medianoche empezó a extenderse a todas las plantas procesadoras, adquirió una dimensión tal que ya resulta difícil rastrear su origen y anticipar cuál será su desenlace.
Detrás de las 2.700 toneladas de pescado retenidas en buques y camiones, los piquetes que impiden la libre circulación por el puerto y los 15 mil trabajadores que desde hace varios días no trabajan, existe un conflicto aparentemente sencillo de comprender.
La empresa Giorno -una de las más importantes del sector- afronta el reclamo de unos 600 obreros de cooperativas con las que mantiene una relación comercial que entró en crisis.
Al igual que lo hacen otras empresas de la industria, Giorno contrata habitualmente los servicios de 8 cooperativas, a las que les encomienda el procesamiento de parte de su materia prima.
En las últimas semanas, la firma redujo su demanda de trabajo por varias razones. Entre ellas figura una menor disponibilidad de merluza.
Ante la escasez de materia prima, los obreros de El Faro, Puerto Argentino, Fedemar, 4 de Octubre, El Gaucho, La Armonía, Tiburón y San Julián, vieron reducida su tarea a su mínima expresión, con lo cual estalló un reclamo que, en épocas de bonanza, permanece adormecido.
Luego de varias semanas de cobrar poco y nada, iniciaron su protesta con un piquete frente a la planta de la empresa, ubicada en Ayolas al 3000, donde reclamaron que la firma les diera 980 pesos de sueldo garantizado -para asegurarse un ingreso en épocas en las que no existe pescado para procesar- y que los registrara laboralmente bajo relación de dependencia.
Para esto, ya había habido negociaciones en el Ministerio de Trabajo, que incluyeron un ofrecimiento de parte de Giorno de una suma fija de dinero, que no prosperó.
Pero la situación se tornó más compleja la semana pasada, cuando el conflicto dejó de estar protagonizado solamente por la empresa y los obreros de las cooperativas.
Por su condición de cooperativizados, estos fileteros no tienen una representación sindical formal, como la que sí poseen los que trabajan en relación de dependencia, a través del Soip.
Por eso, esa orfandad los suele privar de la existencia de un interlocutor propio y, según el caso, es atractiva para algunos dispuestos a prestarles su voz.
La escalada de la protesta continuó con un paro general en solidaridad de la CGT y la CTA, que se desarrolló entre las 13 y las 15 del viernes pasado y dejó a los marplatenses sin servicio de colectivos.
Después aparecieron los cortes en las dos vías de acceso al puerto, que paralizaron toda la operatoria de la estación, así como a la totalidad de la industria pesquera.
Poco a poco, cobraron protagonismo a dirigentes ajenos al sector, pero aparecen sentados a la mesa de negociación a pesar de los resquemores del sector empresario, que varias veces intentaron correrlos de la escena porque -entienden- no hacen más que complicar las negociaciones.
"Se sumaron factores que son ajenos a la actividad de la pesca", deslizó el presidente de la Cámara de la Industria Pesquera Argentina (Caipa), Mariano Pérez, comentando que en medio de las negociaciones “hubo gente a la que se le tuvo que explicar que el pescado se descompone”.
El secretario general de la CTA, el docente Raúl Calamante, fue quien más expuso su imagen acompañando el reclamo de los trabajadores de la pesca.
Pero dirigentes políticos no dejaron de mostrarse cerca del conflicto, como por caso, lo hicieron la diputada Vilma Baragiola, la senadora Adela Segarra -ambas anotadas en la carrera a la intendencia- o el diputado Juan Domingo Novero, aunque este al menos es un hombre conocido en el puerto.
Entre los nombres que por una u otra razón tomaron intervención en el tema también figuran el del fiscal Mariano Moyano, el intendente interino, Luis Rech; el jefe de la Prefectura, Jorge Lomez; el presidente del consorcio del puerto, Mario Dell’Olio; el delegado del Ministerio de Trabajo, José San Martín; el subsecretario de Trabajo, José María Casas y la lista sigue con otros tantos.
Tal vez ya sea hora de que el tema sea puesto nuevamente en su justa medida y que, los que tienen que entenderse, de buena fe, lo hagan sin más. El tiempo, en este caso, no juega a favor de nadie.
26/07/07
LA CAPITAL
