A 30 años de la crisis del Beagle, Cristina Kirchner y Bachelet recordaron en el sur de Chile la gestión papal que evitó una guerra.
A 30 años de la crisis del Beagle, Cristina Kirchner y Bachelet recordaron en el sur de Chile la gestión papal que evitó una guerra.
PUNTA ARENAS.- En esta ciudad siempre ventosa que mira hacia el estrecho de Magallanes, donde aún están frescos los recuerdos de aquella inconcebible guerra que estuvo a punto de concretarse hace tres décadas, las presidentas Cristina Kirchner y Michelle Bachelet comenzaron ayer y culminarán hoy una serie de actos de reafirmación de la paz entre la Argentina y Chile y de homenaje a la mediación papal que evitó aquel conflicto.
La visita presidencial, que comenzó bastante más tarde de lo previsto e incluyó una hora de plantón a Bachelet en pleno aeropuerto, buscó consolidar una relación bilateral que pasó por no pocas zozobras durante los últimos años. "Cuando vivimos aquellos malos momentos, había dos dictaduras. Los dos gobiernos populares y democráticos ahora garantizan la hermandad para siempre de los pueblos", afirmó una Cristina Kirchner muy sonriente, al ingresar en la escuela República Argentina, primer punto de su escala chilena. Un rato antes, había explicado su alegría en términos más familiares: "Tenía una deuda pendiente; tenía que venir porque mi suegra nació aquí".
Dentro de la escuela la esperaban, con caras largas, varios centenares de alumnos con sus padres, y hasta una banda sinfónica binacional que se cansó de ensayar pasajes de Las bodas de Figaro, de Mozart. "Está bien, las mujeres se tienen que hacer esperar", afirmaba una vecina mientras el viento frío cortaba la cara en uno de los barrios más pobres de la ciudad, donde está la escuela. "Tuvimos muchas cosas hoy, los anuncios económicos y entregas de premios de cultura", se disculpó un miembro de la comitiva presidencial.
Bachelet, que llegó puntual al aeropuerto, disimuló su enojo por la tardanza y se la vio distendida. Cristina Kirchner se hizo un tiempo para saludar a los vecinos y hasta llegó a cambiarse de ropa antes del acto. "Me voy a morir de calor ahí adentro", dijo a Bachelet con LA NACION como testigo antes de que las dos presidentas pasaran al baño que sirvió de vestidor.
Poco después de las 17.30, la Presidenta había llegado al aeropuerto local, acompañada por una comitiva de la que se destacaban el canciller, Jorge Taiana; la ministra de Defensa, Nilda Garré; el embajador en Chile, Ginés González García, y el secretario de Cultura, José Nun.
Ya en la escuela, y junto a Bachelet, la Presidenta participó de la entrega del premio binacional de las Artes y la Cultura a artistas locales.
Los simbolismos no terminaron ahí. Desde la escuela, las presidentas se dirigieron a la coqueta intendencia local, donde fueron recibidas con honores militares. Se reunieron primero a solas y más tarde junto a sus ministros. Un rato después, firmaron acuerdos de cooperación espacial y promoción comercial.
El fantasma de aquella guerra por las islas Picton, Nueva y Lenox en la zona del canal Beagle, que estuvo a horas de iniciarse en diciembre de 1978 a causa de desavenencias entre los dictadores Augusto Pinochet y Jorge Videla, estuvo presente en el encuentro de las presidentas.
Como para aventarlos, la noche se extendió con una cena de 150 personas, con mariscos incluidos, en el casino de la armada chilena.
Hoy, las presidentas llegarán cerca del mediodía a Monte Aymond, en la frontera, para conmemorar los 30 años de la mediación del cardenal Antonio Samoré, que con paciencia y destreza evitó que los movimientos de tropas se tradujeran en un conflicto bélico. Por la mañana, y en otro gesto de distensión hacia el Vaticano, Cristina Kirchner asistiría a una misa en la catedral local, presidida por el enviado papal y cardenal de San Pablo, Odilio Scherer.
Esta ciudad de 140.000 habitantes se preparó con sus mejores galas para la ceremonia. La intendencia, por caso, debió extender en algunos metros la alfombra roja que se coloca cuando Bachelet visita el edificio. Bachelet tampoco dejó nada librado al azar: invitó a los presidentes de todos los partidos de la oposición al acto en Monte Aymond, un gesto que contrastará con la actitud solitaria del gobierno argentino.
Por Jaime Rosemberg
Enviado especial
05/12/08
LA NACIÓN
