Un caladero exhausto en el Cantábrico

Cuarenta años de explotación intensiva han vaciado el Cantábrico de anchoa, a lo que ha contribuido de forma poderosa la entrada en la pesquería de la flota francesa hace veinte años.

Cuarenta años de explotación intensiva han vaciado el Cantábrico de anchoa, a lo que ha contribuido de forma poderosa la entrada en la pesquería de la flota francesa hace veinte años.

BRUSELAS. DV. La Comisión Europea acordaba el pasado miércoles mantener al menos durante todo el presente año la veda de la pesca de anchoa en el Cantábrico, pese a las presiones de la flota francesa, que reclamaba la apertura del caladero durante tres meses y la captura de 4.000 toneladas. La decisión de Bruselas parece cerrar por unos meses una larga disputa, en la que los intereses y los argumentos de los pescadores galos están claramente enfrentados a los de los españoles -especialmente los vascos-, partidarios de mantener las medidas restrictivas hasta que la especie muestre claros síntomas de recuperación. Los informes científicos apuntan a que la supervivencia de la anchoa no está garantizada con los niveles actuales de biomasa y el Ejecutivo comunitario ha actuado en consecuencia, en un debate que con frecuencia ha estado influenciado por las presiones políticas.

La historia de la anchoa en el Cantábrico es la propia de una pesquería abundantísima que ha dejado de serlo debido, aparentemente, a dificultades experimentadas en la reproducción de la especie por causas no del todo conocidas, en combinación con una explotación excesiva del caladero. Y sólo ahora, cuando queda poca, las flotas española y francesa -llegada esta última tarde al negocio-, se disputan este otrora modesto y hoy exquisito recurso, como si de él dependiera la supervivencia de flotas enteras y de los sectores industriales a ella ligados.

Un repaso a las estadísticas muestra sin ambages que la anchoa ha sido durante los últimos 50 años un predio de las flotas españolas, que la capturaban en cantidades prodigiosas. Las cifras del CIEM, el Consejo Internacional para la Explotación del Mar, son inequívocas: en los años 60 la flota de bajura del Cantábrico capturaba del orden de 60.000 toneladas al año, con un pico en 1965 que llegó a las 81.000 toneladas.

El caladero, naturalmente, se resentía con esos índices de explotación. El gráfico adjunto muestra cómo, tras 1965, las capturas de anchoa por parte de las flotas españolas descienden espectacularmente hasta las 20.000 toneladas de 1970 y tardan años en remontar hasta las 45.000 toneladas, para volver a caer después y seguir una línea descendente que conduce a las extracciones marginales de nuestros días.

Negocio francés

La flota francesa aparece activa en este proceso sólo los últimos 20 años. Coincidiendo con la entrada de España en la UE, los franceses ven posibilidad de negocio en una pesquería que apenas explotaban y comienzan a trabajarla, con técnicas extractivas industriales (las artes pelágicas) que calan por debajo de las 30 brazas, (el límite al que llegan las redes españolas de cerco), y que permiten sacar anchoa de donde esta reposa.

La actividad de la flota francesa en la pesquería es sólo relevante estos últimos cuatro lustros. Limitada en principio a una cuota de sólo el 10% del TAC (Total Admisible de Capturas), en virtud de los acuerdos para la adhesión de España a la UE, los franceses han presionado sin descanso para conseguir más margen de capturas, mediante acuerdos bilaterales con España e incluso con Portugal, en convenios siempre polémicos, a veces semiclandestinos como sucedió en 1994, durante las negociaciones de adhesión de Suecia, Finlandia y Austria a la UE.

El caso de Portugal resulta particularmente escandaloso: París cerró con Lisboa un acuerdo en 1994 para capturar 5.008 toneladas de anchoa que correspondía a Portugal por cupo, pero no en el caladero de este país, (la Zona ‘IXa’, la costa portuguesa) sino en el Golfo de Vizcaya. La Justicia europea condenó el acuerdo en 2002, pero para entonces Francia se había consolidado como un proveedor de anchoa para el mercado español de primera magnitud (ver cuadro adjunto).

La estadística de Comercio Exterior de la UE (base de datos Comext), da noticia de exportaciones francesas de anchoa a España de la magnitud de las aquí señaladas, (comercio total) con cifras que oscilan entre las 10.000 y las 23.000 toneladas al año, que se sitúan muy por encima de los derechos originarios de pesca conferidos a Francia en aguas del Atlántico, y aún sumadas sus capturas en el Mediterráneo.

El desfase entre cuotas de la flota francesa y las cantidades realmente exportadas a España llegó a ser de 8.183 toneladas en 1998, un año este en el que la flota española de bajura registró una costera particularmente mala. Estos desequilibrios, que se evidenciaron en 1996, 2000 y 2001, con exportaciones superiores a derechos en el Cantábrico y capturas en el Mediterráneo de 4.710, 3.816 y 1.520 toneladas respectivamente, sólo se explican por las tan contestadas cesiones de anchoa española a Francia, a cambio de merluza, rape y merlán, practicadas a partir de 1994, que crearon profundas divisiones entre las diferentes flotas españolas.

Flotas enfrentadas

Las posiciones de franceses y españoles ante el futuro de la especie son radicalmente distintas. Mientras los españoles reclaman una gestión a largo plazo del caladero para evitar su extinción, y el uso de artes clásicos para su explotación, como el arrastre de cerco, los franceses que saben que con sus artes pelágicos son capaces de sacar a la anchoa de donde se encuentre, quieren ir a por ella, argumentando que, de otro modo, va a morir infructuosamente, porque es una especie de ciclo muy corto.

Las flotas del Cantábrico han renunciado a las artes pelágicas. Las tienen prohibidas pero el sector es consciente de que si las utilizara, el recurso desaparecería. Lo que quiere es preservar la pesquería para garantizarse la subsistencia. La bajura trabaja esencialmente la anchoa y el bonito, y complementa con otras especies como el verdel.

Es este un escenario de entendimiento difícil. En el pasado ha dado lugar a graves enfrentamientos en el mar. Vista la situación de la pesquería, parece haber llegado la hora de la responsabilidad. Y es a la Comisión europea a quien le corresponde ejercerla. El mantenimiento de la veda acordado esta semana, contra las intensas presiones ejercidas por Francia, parece demostrar que Bruselas, esta vez, no tiene intención de dejarse intimidar.

Por Fernando Pescador

22/07/07
EL DIARIO VASCO

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