Durante años, los U-Boote alemanes tuvieron en jaque a los Aliados, sin embargo, existían varias formas de enviarlos al fondo del mar
Durante años, los U-Boote alemanes tuvieron en jaque a los Aliados, sin embargo, existían varias formas de enviarlos al fondo del mar
El «Erizo»
Tras años utilizando las cargas de profundidad, y una vez que estas armas se quedaron anticuadas, los aliados iniciaron la búsqueda de un artefacto capaz de acabar de una forma más efectiva con las «Manadas de lobos» nazis (las cuales llevaban mucho tiempo tocando lo intocable a los buques que trataban de enviar alimentos y munición por mar a los británicos). A su vez, se estableció que ya no valía únicamente con detectarlos o intentar –mediante explosivos- hacerles salir a la superficie, sino que se pretendía darles un billete sin retorno al fondo del abismo marino de un único y certero golpe.
La solución vino de manos de Charles Goodeve. Científico naval de profesión, este joven canadiense ideó en 1943 –año en que los submarinos nazis dominaban las aguas del Atlántico a base de torpedo y cañón- un novedoso sistema antisubmarino que fue conocido como el «Erizo». Ésta arma consistía en un pequeño lanzacohetes que, desde la proa de cualquier buque de guerra en el que fuera instalado, disparaba varias granadas contra el mar de una única vez en un radio de acción determinado. Toda una revolución para una época en la que el principal método para hundir un submarino eran las antiguas y aleatorias cargas de profundidad.
El genio que inventó el «Erizo» vino al mundo el 21 de febrero de 1904 en Manitoba (en plena Canadá). De origen humilde, Goodeve descubrió su interés por las ciencias en el instituto y no tardó en pisar la universidad donde, en 1925, se graduó con honores en física y química. Por aquel entonces, y a pesar de que sentía un gran amor por la navegación, era imposible para él pensar que -varios años después- acabaría construyendo sistemas armamentísticos para luchar contra el nazismo.
«Durante su tercer año en la Universidad, el interés de Charles por el mundo naval le llevó a unirse a la reserva naval voluntaria de Canadá, dónde se hizo guardiamarina. […]. Aunque quería ser oficial, pronto descubrió que su futuro estaba en Inglaterra, a donde viajó con una beca de estudios. […]. Allí, Charles continuó con sus intereses navales y militares sirviendo en cuatro acorazados y tres destructores. Se graduó como especialista en torpedos y, más tarde, se especializó también en la parte eléctrica. En 1936 fue ascendido y comenzó a dirigir su investigación hacia los problemas navales», explica el Museo Naval de Manitoba en un dossier no atribuido llamado «Sir Charles Goodeve».
Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y después de observar lo temible que podía ser en el Atlántico un solo U-Boot manejado por un experimentado capitán nazi, Goodeve empezó a romperse el seso por hallar un arma que protegiera a los buques aliados. Y es que, por entonces, Alemana había establecido un bloqueo con sus sumergibles sobre Gran Bretaña para evitar que ningún navío aliado hiciera llegar a las islas comida, munición o armas. Así pues, decenas de convoys habían sido hundidos por los submarinos del Führer.
El nacimiento del «Erizo»
Poco después, en 1941, Goodeve ya había elaborado el prototipo de un arma revolucionaria que, tras varias pruebas en la bahía de Liverpool, fue adquirida por la «Royal Navy» bajo el nombre de lanzadera de morteros antisubmarinos MK 10. «El dispositivo fue desarrollado por los británicos. [Estaba formado por una plataforma de disparo] que lanzaba 24 morteros de espiga a una distancia máxima de 250 metros. Se instalaba en la proa del navío atacante y disparaba una salva que caía sobre el mar describiendo un círculo con el objetivo de golpear a cualquier enemigo sumergido», explica el «Destroyer Scort Historical Musuem» estadounidense en su dossier «Hedgeog» («Erizo»).
Concretamente, las granadas MK 10 eran disparadas primero hacia el cielo para, posteriormente, caer sobre el agua y hundirse en ella. A su vez, eran lanzadas de tal forma que, cuando llegaban al mar, lo hacían cubriendo una amplia superficie de varios metros en forma elíptica o circular. De esta forma, se pretendía que los capitanes de los U-Boote lo tuvieran difícil para escapar. Una vez bajo el océano, su funcionamiento era simple: si tocaban aunque fuera el periscopio de un submarino enemigo, este podía darse por muerto.
«Cada una de las 24 bombas medía 20 centímetros y contenía una carga explosiva de unas 30 libras [14 kilos] de TNT o 35 libras [16 kilos] de Torpex. No eran cohetes, ya que debían ser propulsados por una lanzadera. Estas “granadas” eran activadas y explotaban por contacto, es decir, sólo detonaban cuando impactaban contra un enemigo sumergido, como podía ser un submarino. Una o dos de ellas podían hundir el sumergible» añade el «Destroyer Scort Historical Museum». Por otro lado, no pasó mucho tiempo hasta que, debido a la forma que tenían las granadas en el dispositivo antes de ser disparadas, este sistema antisubmarino comenzó a ser conocido como «Erizo» (pues, cuando los explosivos eran colocados sobre la lanzadera, se asemejaban a las púas de este animal).
Ventajas y desventajas
En principio, el «Erizo» fue diseñado para jubilar de una vez por todas a las viejas cargas de profundidad. Y es que, entre otras cosas, estas anticuadas armas debían ser disparadas siempre desde la popa (lo que impedía atacar a un submarino ubicado frente al navío de guerra); eran sumamente imprecisas (la distancia a la que debían explotar debía regularse a mano y, en principio, a la discreción del capitán); y, finalmente, su explosión impedía al SONAR localizar a cualquier enemigo durante varios minutos. Sin embargo, durante toda la guerra las dos armas fueron utilizadas de forma combinada con un único objetivo: ganar la batalla ubicada en el Atlántico contra los U-Boote.
Además, y como bien explica el organismo norteamericano en su artículo, el que el dispositivo pudiera ser disparado desde la proa de los navíos de guerra supuso una gran revolución en la lucha contra los sumergibles del Führer: «El “Erizo” fue desarrollado por los británicos para superar las deficiencias principales del ataque con cargas de profundidad, y la principal estaba asociada al SONAR. Durante la Segunda Guerra Mundial, el SONAR sólo podía escanear [localizar] a los objetivos que se hallaran frente al barco. Por lo tanto, las cargas de profundidad, al lanzarse por popa, se disparaban a ciegas y sin tener certeza de la posición del enemigo. Situado cerca de la proa, el “Erizo” tenía la ventaja de disparar por delante de la nave, lo que permitía mantener el contacto con el sumergible».
El «Erizo» era también mucho más destructivo que las cargas de profundidad. Y es que, mientras que estos viejos explosivos usaban las ondas expansivas provocadas tras las detonaciones para hundir los submarinos (en pocos casos) u obligarles a subir a la superficie (algo más usual), las granadas del nuevo dispositivo reventaban directamente sobre el sumergible. Esto provocaba daños que, en el peor de los casos, podían poner fin a la aventura marítima de la tripulación de los U-Boote o, a un nivel más reducido, causaban desperfectos severos en el submarino. Además, el escuchar como decenas de pequeñas bombas impactaban contra el casco de la nave no debía ser algo muy tranquilizador para los marineros nazis. (Por Manuel P. Villatoro; ABC – España)
12/09/14

