En una primera etapa, se apunta al mercado de graneles. Empresarios y sindicalistas avanzan con el guiño del Gobierno para dar nuevamente vida a una línea marítima del Estado.
En una primera etapa, se apunta al mercado de graneles. Empresarios y sindicalistas avanzan con el guiño del Gobierno para dar nuevamente vida a una línea marítima del Estado.
El proyecto está guardado bajo siete llaves, pero avanza sigiloso por los pasillos de la administración central. La idea es reflotar la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), pero con participación privada y del Estado nacional. Se utilizará para tal fin, un modelo similar al que actualmente rige en Terminal de Cargas Argentinas (TCA): un 55% de acciones en manos del Estado, y un 45% para los privados. Éstos últimos mantendrían el gerenciamiento de la nueva empresa. En este 45% figurarían importantes empresarios navieros argentinos junto a sindicatos del sector.
El arranque no se daría en el mercado de contenedores. Se fletarían entre seis y ocho buques para realizar carga de granos y subproductos.
La iniciativa nació hace poco más de seis meses, pero recién tomó impulso tras recibir el apoyo explícito del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno.
Como siempre sucede en estos casos las opiniones están divididas.
“En el actual contexto mundial este proyecto es una locura. Se necesitaría una fortuna para tener un barco en cada tráfico. Además, ya no hay en el mundo ley de reserva de carga por lo que quedaría limitado al cabotaje o algún acuerdo con Brasil”, dijo Patrick Campbell, secretario del Centro de Navegación.
Para el especialista Juan Paberolis, “la creación de una flota de bandera similar a lo que fue ELMA sin dudas es una buena noticia por su potencial beneficio en cuanto a la creación de puestos de trabajo y el ingreso de divisas por la exportación de fletes. Sin embargo, en el mercado marítimo mundial se necesita de una poderosa visión y acción estratégica para adaptarse velozmente a los frecuentes cambios en el contexto del shipping. Una empresa mixta nacional podría ser endeble al momento de afrontar estos cambios”.
Según el consultor internacional Daniel Caso, “es positivo que el gobierno se interese por reconstruir nuestra marina mercante; es totalmente errado y condenado el enfoque, más aún si se apunta al transporte de graneles, cuyo mercado de fletes es el más liberal de todos. Lo que se necesita es un marco integral de promoción de inversiones en la industria marítima argentina que comprenda construcción naval, adquisición de buques y material y muy especialmente todo lo referente su explotación, como transporte con fuertes estímulos impositivos, tanto a los inversores como a las tripulaciones”.
Injerencias
Eduardo Pereyra, presidente de AirSeaLand, opinó que “la experiencia de las empresas mixtas, por lo menos en la Argentina, nunca ha dado buenos resultados. O termina siendo un negociado, o termina usándose políticamente”. Si bien el directivo consideró que “la decisión de tener una línea naviera de bandera es intrínsecamente buena”, también expresó su preocupación por “la injerencia que los sindicatos tienen en la política económica de la Argentina. Injerencia que no sólo pretende defender supuestamente los intereses de los trabajadores, sino que es usada para lograr espacios de poder personales. ELMA fracasó justamente por esa conjunción de hechos: injerencia del Estado por sobre las políticas comerciales y operativas, injerencia de los sindicatos para lograr prebendas que la dejaban definitivamente fuera de competencia, corrupción interna y facilitación de la corrupción externa”.
Por AGUSTIN BARLETTI Buenos Aires
15/10/08
TRANSPORT & CARGO
EL CRONISTA

