La delicada situación de las áreas costeras sigue siendo motivo de especial inquietud en todo el mundo, en relación con el aumento del nivel de los mares por el fenómeno del calentamiento global.
La delicada situación de las áreas costeras sigue siendo motivo de especial inquietud en todo el mundo, en relación con el aumento del nivel de los mares por el fenómeno del calentamiento global.
Entre las novedades de los últimos días, cabe mencionar la decisión de la Dirección de Ordenamiento Territorial del ministerio de Vivienda del Uruguay, que enviará al parlamento un proyecto de ley destinado a prohibir el emplazamiento de nuevas ciudades costeras y ramblas.
Según lo anticipado por fuentes oficiales del gobierno oriental, el propósito es garantizar el estricto cuidado de las zonas costeras que aún no tienen desarrollo y extremar la preservación de los recursos naturales, a fin de evitar que sean perjudicados o, directamente, destruidos. La iniciativa en cuestión señala el caso particular de la Ciudad de la Costa, en el departamento Canelones, una franja costera ubicada inmediatamente al este de Montevideo, donde el crecimiento descontrolado generó una serie de dificultades y caos de convivencia, con un fuerte ataque al medio ambiente.
Por lo tanto, las autoridades uruguayas se proponen establecer severas pautas para evitar el surgimiento de emprendimientos urbanísticos que terminen reeditando aquella desafortunada experiencia. Igualmente, se indicó, en lo referente a ramblas y rutas costeras, que se desalentará su construcción, procurando que las construcciones no sean iguales a las de Montevideo y Punta del Este, donde el cinturón de altos edificios atenta contra la cobertura solar. En cambio, se propiciará la construcción de caminos de baja velocidad y tránsito lento.
Un funcionario de aquel ministerio admitió que el problema “fue advertido bastante tarde”. Y citó el caso de Montevideo, donde existen playas que, en pleno verano, a las 3 de la tarde ya no tienen sol; en otras, hay que efectuar un constante rellenamiento, porque la arena se va perdiendo, con el consiguiente perjuicio para los sectores costeros y el disfrute de los turistas.
La experiencia del Uruguay bien vale ser tenida en cuenta. Ya en la provincia de Buenos Aires, el gobierno viene adoptando algunas resoluciones vinculadas con la preservación de las áreas de playa, con la finalidad de evitar desatinos comprobados en diversos lugares. Se ha mencionado con frecuencia, por ejemplo, que vastas superficies de balnearios de Mar del Plata han desaparecido ante el avance incontenible del mar, que poco a poco va ganando territorio.
En consecuencia, en todas las poblaciones costeras bonaerenses deberá actuarse con prontitud y amplio sentido previsor, en acciones conjuntas entre el Estado provincial, los municipios y los mismos sectores privados, para que no se ponga en peligro la estructura urbanística existente y se prevea de manera adecuada la realización de futuras obras. Ante un episodio inevitable, como la elevación del nivel de las aguas oceánicas, es preciso obrar sin mayores dilaciones, a efectos de hacer frente a esta situación, acerca de la cual los expertos vienen advirtiendo desde hace varias décadas.
27/10/11
LA NUEVA PROVINCIA
