El plan de viabilidad deja fuera las tres sociedades chilenas, la de Portugal, la planta de Insuiña y también Pescafresca.
El plan de viabilidad deja fuera las tres sociedades chilenas, la de Portugal, la planta de Insuiña y también Pescafresca.
Tanto la propuesta de convenio de acreedores que entregó Pescanova este pasado lunes, como el propio escrito de presentación que acompaña a las medidas para reestructurar la multinacional y su deuda son una defensa a ultranza de que lo que ahí va es “la única” opción que, “en las circunstancias actuales y dado lo preclusivo del plazo”, puede “razonable y responsablemente” realizarse a ojo de su consejo de administración y sus asesores.
La alternativa a la liquidación y “con la finalidad de evitar la incertidumbre, la pérdida de valor y la destrucción de tejido industrial y puesto de trabajo habitualmente asociados” al cierre de una empresa. “Esta propuesta ha sido cuidadosamente estudiada para viabilizar a la sociedad y sus participadas, procurando también respetar un equilibrio -siempre delicado en situación de insolvencia- entre los intereses de los acreedores, de los trabajadores y los accionistas”, asegura el plan firmado por el presidente, Juan Manuel Urgoiti, y los representantes de Damm y Luxempart.
Con esa misma filosofía, Pescanova asume abiertamente que ésta es la respuesta para “hacer frente a sus obligaciones” y “continuar con parte de su actividad”.
Porque otra parte se quedará por el camino, tal y como se desprende de las previsiones de negocio a treinta años vista que incluye la propuesta, con pérdidas todavía hasta 2016 y sin contar ya ni con el relevante negocio de Chile, ni con la cría de Rodaballo en Portugal y España.
Como adelantó FARO antes de la formalización del documento en el juzgado de lo Mercantil de Pontevedra, el acuerdo a tres bandas entre Pescanova, el consorcio formado por la cervecera y el fondo luxemburgués y los principales bancos acreedores es una apuesta básicamente por la matriz y las filiales españolas. La deuda de las extranjeras, especialmente aquellas en quiebra también, pesa demasiado como para asumir su rescate. Por mucho que aporten al grupo.
La estructura actual de la compañía, como recuerda el plan de viabilidad, se reparte en ocho áreas de actividad. Incluidas “Chile”, con tres filiales de pesca en altura y acuicultura de salmón, que contribuyó con 22 millones de euros en 2013 al resultado bruto (Ebitda) y arrastra una deuda neta de 262 millones de euros; “Rodaballo Portugal”, de acuicultura a través de la rama de Acuinova en Mira, con 3 millones al Ebitda del pasado ejercicio y un pasivo de 104 millones; y “Rodaballo España”, que se asienta en las sociedades Insuiña y Pescafresca, que obtuvo un resultado de 6 millones y deudas de 5. Las tres desaparecen de la fotografía que Pescanova lanza para el futuro.
El resto, se mantienen. “Cono Sur”, de pesca de altura a través de seis filiales internacionales, entre ellas la argentina Argenova, y para las que la hipótesis base del plan de viabilidad y la optimista pronostican ventas normalizadas o con “aumentos puntuales”. “Vannamei”, que recoge toda la operativa ligada a este tipo de langostino, considerado por Pescanova una de las joyas del grupo.
En cualquiera de los dos casos analizados hasta 2044 los incrementos ahí son “notables”, hasta el punto de concentrar el 70% de los ingresos consolidados contemplados para el actual 2014 y llegar con el tiempo a rozar el 76%.
“África”, donde se integran Novanam, Pescamar, Novagroup y Mar Nova, todas para pesca en altura. El área “Industrial”, el paraguas de la mayoría de filiales españolas, y la de “Comercialización”, con Pescanova Alimentación de abanderada.
Y finalmente el negocio de Tilapia Brasil y alguna sociedad más bajo el título de “Otros”.
La otra prueba de que la multinacional pesquera asentada en Chapela deja de lado esas patas que cojeaban -Mira lleva a las espaldas problemas de producción desde su inauguración y Chile está en este momento en proceso de subasta por parte del síndico encargado de su concurso- es que para ambos la hoja de ruta diseñada en el plan es “evitar recursos de los acreedores” en los respectivos procesos de “venta”.
En lo que concierne a las filiales chilenas, además, la premisa es “evitar” que la Phantom Debt (la deuda fantasma) pueda repercutir en Argentina, donde Pescanova aspira a levantar el concurso, al igual que en Brasil y Uruguay.
Para las filiales de Ecuador y Nicaragua, los propósitos de “estabilización” pasan por un acuerdo de standstill con los acreedores para lograr su compromiso de que no presenten concurso y refinanciar la deuda.
Pescanova se agarra a las “potenciales mejoras” desde el punto de vista comercial, operacional y de organización para exprimir sus resultados futuros.
En pesca en altura, el plan insta a “una gestión activa” de las capturas “centrándose” en las de mayor valor añadido aprovechando las licencia de Mozambique y Namibia, además de desarrollar nuevos productos congelados por su perspectiva de ventas y precios.
Por esa misma razón, otra de las eficiencias a aprovechar es la de implantarse en nuevos mercados emergentes -Sudáfrica y Asia-, “optimizar los días de pesca”, la integración real de las área de negocio o la creación de una central de compras.
La estimación de los números mantiene los rojos aún en 2015 y 2016, con pérdidas de entre 13 y 22 millones de euros.
Los beneficios volverían en 2017, de 7 millones en la hipótesis base y 5 en la optimista, para llegar a los 69 millones o los 126 millones, respectivamente, en 2029, cuando la deuda neta de Nueva Pescanova estaría entre los 10 y los 39 millones, frente a los 830 con los que nacerá tras las quitas fijadas.
– Julio Pérez
06/03/14
FARO DE VIGO
