El ciudadano de Buenos Aires vive en un espejismo semántico. Ser "porteño" es una ilusión porque es incorrecta la literal alusión a un "puerto" que no le corresponde a la ciudad que habita, sino a la Nación.
El ciudadano de Buenos Aires vive en un espejismo semántico. Ser "porteño" es una ilusión porque es incorrecta la literal alusión a un "puerto" que no le corresponde a la ciudad que habita, sino a la Nación.
Y por tener el puerto de Buenos Aires un carácter federal, "porteño" es el cordobés, el riojano y el santacruceño. "Capitalino" sería el gentilicio más acorde para quien habite alguno de los 100 barrios… ¿porteños?
Claro que si fuera sólo una cuestión folclórica, la discusión no excedería el trayecto que dura un viaje en taxi o una segunda ronda de cafés. Ahora bien, si ese café lo toman en la Casa Rosada el presidente de la Nación, Néstor Kirchner, y el jefe electo de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, el contexto y la semántica son diferentes.
Es sin duda el reclamo menos mediático que Macri le hizo a Kirchner. Competía con la policía, la justicia, el transporte… Aún así, Macri fue claro: "El traspaso del puerto (a la ciudad) es fundamental para nosotros". ¿Por qué? Porque es el principal puerto comercial y turístico del país, y porque los valores de sus tierras no distan de las astronómicas cifras que exhibe su remozado hermano Puerto Madero. Mientras los desarrollistas urbanos se relamen con la posibilidad de levantar torres, el comercio exterior se preocupa porque la saturación está cerca.
06/08/07
LA NACIÓN
