La única empresa local que realiza clasificación de buques lo reclama como impulso necesario para la industria naval.
La única empresa local que realiza clasificación de buques lo reclama como impulso necesario para la industria naval.
Un buque es una ciudad flotante. Un grupo de personas, su tripulación, habitan allí prácticamente con carácter permanente. Tiene su planta potabilizadora de agua, una para el tratamiento de efluentes y toda una infraestructura para contar con víveres necesarios a bordo.
Por esta razón -y por otras que hacen al impacto que tiene la navegación de estas moles en las aguas en la seguridad común- la verificación técnica regular es más que un simple instrumento para que los armadores logren reducir sus primas de seguro: hay un interés común por resguardar.
En la Argentina, el monitoreo regular de embarcaciones en manos de privados, cuenta con sólo una empresa nacional -el Bureau de Clasificación Argentino (BCA)- formada por ingenieros navales. En el mundo son diez básicamente, reunidas en la Asociación Internacional de Sociedades de Clasificación (IACS, por sus siglas en inglés). Muchas de ellas, como el RINA de Italia, tienen oficinas en la Argentina.
"La clasificación de buques apunta a poner más ojos en la seguridad de las personas y en el medio ambiente", señala Hernán Gerino, director técnico del BCA.
Si bien las sociedades que integran el IACS acaparan la mayoría de los servicios de los armadores, hay negocios que desatienden y que en la Argentina son, por ejemplo, el de la clasificación del bunkering: los barcos de hasta 5000 toneladas que hacen la asistencia y el suministro de combustible a buques mayores.
La clasificación es obligatoria en Brasil desde hace 40 años, por un hecho lamentable: el hundimiento del Bateau Mouche, que provocó la muerte de 80 personas durante un festejo de fin de año.
En la Argentina, no hay obligación de realizar una verificación técnica regular que complemente las exigidas por la Prefectura Naval Argentina.
La necesidad de llevarlo a cabo, según sostiene Mario Carrillo, presidente del BCA, reside en que la flota de cabotaje es vieja, de más de 30 años. "Además, hay muy bajos estándares de seguridad de la navegación de usuarios paraguayos y bolivianos en la hidrovía [Paraná-Paraguay]", indicó.
Si bien en la flota petrolera, por los riesgos de derrames, la clasificación sí es obligatoria, no es así para el resto de las embarcaciones.
Justamente por la experiencia con los petroleros, el BCA selló un acuerdo con el RNBA, su par brasileño, para trabajar con embarcaciones de Petrobras y otras compañías transportadoras de combustibles de Brasil. "Apuntamos a trabajar como Mercosur en la clasificación de barcos", agregó Carrillo.
El reciente incentivo que tuvo la industria naval argentina bien podría complementarse con este requisito que implica emplear profesionales argentinos, con costos locales.
21/04/09
LA NACION
