Playas porteñas, músculo y río

Playas porteñas, músculo y río

El programa se identifica como “Buenos Aires Playa” y empezó el viernes. Son lugares con arena y sombrillas para quienes pasan sus vacaciones en la ciudad. Uno de ellos está en Villa Lugano. El otro, en el Parque de los Niños, en el barrio de Núñez y junto al río. Pero esta costumbre ciudadana de acceder a una playa sin tener que alejarse muchos kilómetros es algo que los porteños de otras generaciones supieron disfrutar hasta la década de 1960. Y el máximo emblema de esos sitios tuvo un nombre que era sinónimo de verano: Balneario El Ancla .

El programa se identifica como “Buenos Aires Playa” y empezó el viernes. Son lugares con arena y sombrillas para quienes pasan sus vacaciones en la ciudad. Uno de ellos está en Villa Lugano. El otro, en el Parque de los Niños, en el barrio de Núñez y junto al río. Pero esta costumbre ciudadana de acceder a una playa sin tener que alejarse muchos kilómetros es algo que los porteños de otras generaciones supieron disfrutar hasta la década de 1960. Y el máximo emblema de esos sitios tuvo un nombre que era sinónimo de verano: Balneario El Ancla .

Al principio se llamaba Los Angeles y estaba en el partido de Vicente López: ocupaba un área costera entre las calles Irigoyen y Arenales. Ahí cerca, pero del lado de Capital, hoy está el Parque de los Niños. El Ancla no sólo tenía vestuario: también salón de baile y hasta una gran pileta de natación.

Pero el mayor atractivo estaba en el río, una costumbre que venía desde la época de la Colonia, cuando en los últimos meses de cada año se daba por inaugurada la temporada con la bendición de las aguas que hacían los sacerdotes. Por supuesto que en esos tiempos tan lejanos había reglas establecidas para que los agobiados habitantes disfrutaran del agua: los hombres tenían un horario y las mujeres otro. Bañarse juntos era algo estrictamente prohibido.

Para el siglo XX aquella costumbre afortunadamente había quedado sepultada. Y tantos eran los cambios que allí y en otros balnearios de la zona de Vicente López (estaban también Playa Dorada, La playa de las escaleritas y la Bajada Rififí ) ya empezaban a ver se las primeras y explosivas bikinis. ¿Por qué explosivas? Porque no sólo hacían estallar los ojos de los muchachos. El nombre de aquellas mallas de dos piezas recuerda al atolón de Bikini, un lugar del Pacífico Sur que, entre 1946 y 1958 (tiempos de Guerra Fría), Estados Unidos había usado para sus ensayos nucleares haciendo estallar veintitrés bombas atómicas.

Pero volvamos a El Ancla y a su fama de balneario popular. Aquellas arenas también solían ser frecuentadas por muchos fisicoculturistas que usaban el lugar como gimnasio y también como vidriera. Eran émulos locales de Charles Atlas, aquel “alfeñique de 44 kilos” que luego de aplicar “el método Atlas” se había convertido en un símbolo para los estadounidenses musculosos. Y entre los visitantes del balneario podía verse a alguno de los titanes que lideraba Martín Karadagian, quienes solían hacer algunas exhibiciones para divertir no sólo a los chicos.

Los archivos dicen que El Ancla fue clausurado después que, en un verano caliente, el sol quemó la mente de varios, lo que derivó en una monumental pelea entre dos barras. Algunas crónicas hablan de muchos heridos y hasta de algunos muertos.

Para entonces, muchos de los frecuentadores del balneario más famoso de Vicente López ya habían mudado sus ansias de refrescarse en verano a las vecinas “piletas de Núñez”, un lugar con más cemento y con un clima decididamente familiero.

Otros, en cambio, preferían seguir visitando el balneario de la Costanera Sur donde se lucía la famosa y provocadora Fuente de las Nereidas (genial obra de la tucumana Lola Mora) y donde aún el agua del río no había sido tapada por los escombros de la avenida 9 de Julio y de las proyectadas autopistas, lo que iba a dar origen a la Reserva Ecológica. Pero esa es otra historia.

10/01/11
CLARÍN

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