Nuevas protestas frente a plantas pesqueras marplatenses

Lejos de quedar amarillenta, la postal con las imágenes de trabajadores bloqueando accesos a plantas pesqueras y a los accesos de la estación marítima local, se reemplazan por otros protagonistas con una alta frecuencia.

Lejos de quedar amarillenta, la postal con las imágenes de trabajadores bloqueando accesos a plantas pesqueras y a los accesos de la estación marítima local, se reemplazan por otros protagonistas con una alta frecuencia.

(Mar del Plata) Aunque la protesta frente a la planta de Moscuzza, como Valastro, otra de las grandes empresas pesqueras de la ciudad, tiene algunos ribetes singulares y que desnuda con crudeza todos los eslabones productivos que operan en absoluto descontrol.

Los 20 obreros que montaron una carpa frente a Moscuzza e impidieron la salida de una docena de contenedores por la calle Ortiz de Zárate al 2.900, rumbo a los mercados internacionales, en realidad no procesan para la empresa, ni para las cooperativas que cortan el pescado que traen a muelle su flota integrada por 15 buques.

Estos obreros trabajaban para un tal Rodríguez, más conocido por su alias, “El Lecherito”, en la cooperativa “Stella Maris”, que a su vez recibía pescado de la empresa Micamar, ubicada en Ayolas y Magallanes.

“A ellos sí le vendíamos pescado, cada vez que nosotros teníamos un excedente”, contó Luis Ángel Fernández, directivo de Moscuzza, en declaraciones a la prensa. “Pero no por eso tenemos que hacernos cargo de esos trabajadores. Acá somos víctimas nosotros y ellos”, reconocía cuando todavía el fiscal de turno no había permitido que los contenedores rompieran el bloqueo.

Según parece, Micamar tiene una planta de procesamiento de unos 500 cajones por día. Pero la voracidad comercial de su titular, Mauricio Fenoy –desaparecido por estas horas de tensión– lo obligaba a su vez a bajar materia prima a eslabones más precarios de producción como es “Stella Maris”. “Nosotros apenas le damos el 10% de todo el pescado que recibe”, dijo Fernández.

El gerente de Moscuzza parece tener mucha más información de los números de Micamar que lo habitual entre un “vendedor-cliente”. Ese conocimiento del rol de su empresa en la estructura operativa de Micamar parece no haber alcanzado para detectar que ésta empresa a su vez tercerizaba pescado en una planta que no tenía ni siquiera habilitación municipal.

Ese es el problema central, más allá de que parece que el pescado pasa por muchas manos. Ese tercer eslabón funcionaba en la más absoluta clandestinidad. No sólo lo reconocieron los obreros en el bloqueo, quienes denunciaron que nunca hubo una inspección de SENASA ni del Departamento Pesca de la Delegación Municipal del Puerto, sino también desde la comuna.

Después de más de un año en el cargo, al delegado del Puerto, Norberto Pérez, le ha llegado la hora de activar los controles efectivos sobre las plantas clandestinas. El funcionario es de la idea de que todos “ingresen al sistema” para homologar la habilitación. Pero mientras tanto impera el descontrol.

Esta es una nueva muestra y todos comparten responsabilidades. Ya es hora que no sean sólo los trabajadores que pierden el trabajo los que paguen las consecuencias.

27/08/07
PESCA & PUERTOS

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