(FNM) Representante de la Fundación disertó en el encuentro sobre La Industria Naval, los Medios de Comunicación y la Opinión Pública.
(FNM) Representante de la Fundación disertó en el encuentro sobre La Industria Naval, los Medios de Comunicación y la Opinión Pública.
Jorge E. Rodríguez, miembro del equipo de trabajo de NUESTROMAR estuvo presente el 4 de junio pasado en el seminario de Industria Naval realizado en Mar del Plata y llevó el mensaje de la experiencia de los últimos 5 años en la Mesa debate con representantes de medios de comunicación nacional.
Sus palabras fueron las siguientes:
“Agradecemos la invitación de la Asociación Bonaerense de la Industria Naval a participar de esta mesa y de este importante evento.
Represento al sitio de noticias de la Fundación NUESTROMAR, que tiene entre sus fines el de contribuir a incrementar la conciencia marítima de la sociedad. Uno de los objetivos particulares de la Fundación es el de: “Realizar actividades orientadas a la toma de conciencia de la importancia del desarrollo de la industria naval”.
De modo que, al desarrollar nuestra labor periodística, mantenemos una visión claramente favorable al desarrollo de nuestra industria naval.
Cuando fuimos invitados, nos preguntamos de qué manera podríamos efectuar un aporte de algún valor y utilidad, en un ámbito que como éste, está poblado de profesionales de la industria, con larga y profunda experiencia y conocimiento de su negocio.
Evidentemente, nuestro mejor aporte – pensamos- podría ser el que surge de nuestra experiencia en la actividad de recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar la información relativa a la actualidad marítima.
¿Qué nos pasa a la hora de informar sobre la actividad? ¿Cómo advertimos que es percibida la actividad y sus actores en el seno del resto de la comunidad marítima, y de la sociedad en su conjunto? ¿Cuáles son, según dicha percepción, los puntos fuertes y las principales contradicciones o dificultades que parece mostrar y padecer el sector?
Trataré entonces, de formular tres o cuatro reflexiones en relación con estas preguntas, desde nuestra experiencia como medio de prensa dedicado a las cuestiones marítimas y con posición tomada en favor del crecimiento de la actividad.
– Lo primero que surge de nuestra búsqueda, es QUE HAY MUY POCA INFORMACIÓN sobre la actividad de la Industria Naval en la Argentina. Me refiero en particular a la del sector de la industria “pesada”.
Hay varias razones para explicar esta realidad. En primer lugar, existe un importante segmento de la actividad, el de la reparación, que resulta habitualmente soslayado o minimizado, aun desde el mismo sector. No se proveen estadísticas, ni información de detalle periódicas, que permitan hacer un seguimiento y ponderación de esta significativa porción del quehacer, para destacar su real importancia. Tal vez, es un aspecto de la comunicación sobre el que las cámaras y actores debieran mostrarse más activos.
Por otra parte, e ingresando en el campo de las nuevas construcciones –indudablemente el de mayor interés periodístico- es evidente que la información que se genera alrededor de una construcción naval, suele ser –por los plazos en juego-, cuantitativamente menor que la que produce por ejemplo una buena o mala temporada de calamar o langostinos, o los múltiples movimientos y alternativas del transporte fluvial o marítimo.
Pero, más allá de estas entendibles realidades, propias de las características de la actividad, es igualmente cierto que el ritmo y nivel de las construcciones resultan todavía muy modestos en nuestro medio, y muchas veces sujetas a cambios y contramarchas que parecerían atentar contra una adecuada comunicación. En otra palabras, hay pocas obras, y están pobremente comunicadas, y algunas veces hasta “ocultadas”.
Una buena muestra de lo que estoy tratando de expresar, puede obtenerse a través de un simple recorrido por los “sitios web” de los astilleros y organizaciones del sector. Estos sitios constituyen hoy las cartas de presentación por excelencia de cualquier empresa u organización, y el modo más rápido, sencillo y económico de comunicación entre éstas y el público general.
Lo cierto, es que –con muy escasas excepciones- dichas páginas (que en algunos casos ni siquiera están disponibles), están en general desactualizadas (algunas tienen sus últimos datos ingresados varios años atrás), y en casi todos los casos desprovistas de información acerca de “qué están haciendo o construyendo”, o “en qué etapa de la construcción se encuentran”, o “cuando prevén terminarlo)…
Es virtualmente imposible para un lector común, acceder a información sobre la marcha de cualquiera de las construcciones que están en desarrollo, o que se supone que están en desarrollo.
En definitiva, encontramos que la escasa cantidad de noticias vinculadas a la construcción naval, obedece a dos factores combinados: poca cantidad de obras, y pobre comunicación al público.
Sería injusto no obstante, dejar de reconocer que se han registrado algunos avances positivos en los últimos tiempos, tanto en la cantidad de proyectos en marcha, como en esfuerzos de participación y presencia. La ampliación de algunas capacidades instaladas, proyectos de nuevas plantas productivas y la construcción exitosa de algunas embarcaciones, son ejemplos de lo primero.
En cuanto a la mayor presencia y búsqueda de los actores del sector, este encuentro constituye una muestra, al igual que algunas acciones recientemente concretadas en procura de asociaciones productivas con otras organizaciones de la región (Brasil y Uruguay, por ejemplo).
– Un segundo aspecto vinculado con la imagen pública de la actividad, es la referida a un ESTADO DE DEBATE INTRASECTORIAL, de larga data ya, que no parece haberse resuelto definitivamente, y que NO ayuda a fortalecer la posiciones del sector en su conjunto. Las desavenencias, a menudo se proyectan en la relación con otros sectores del quehacer marítimo, con los que no se alcanza a consensuar algunos presupuestos mínimos que faciliten la búsqueda de soluciones a problemas comunes.
– Un tercer aspecto, que creemos aparece objetivamente al analizar la actual situación de la industria naval, y fundamentalmente en el segmento de la construcción naval, es el del vinculado con LA ACCIÓN DE GOBIERNO.
No pretendemos aquí – entiéndase bien- juzgar lo acertado o desacertado de las políticas enunciadas. Sólo me limitaré a señalar que más allá de la explícita intención de promover el desarrollo de la industria naval, reconociendo su carácter estratégico y potencialidades, son pocas las acciones efectivas o escasos los resultados de las medidas adoptadas.
De hecho, es la propia industria naval, la que continúa esperando el inicio de un proceso profundo de revisión de la legislación para el sector calificada hace poco de “horrorosa” por el presidente de la ABIN, la instrumentación de mecanismos de prefinanciación efectivos, la atención integrada de la problemática con los restantes sectores marítimos, o la instrumentación de un plan de renovación de embarcaciones de avanzada edad de la flota de buques de Estado, por citar algunos ejemplos.
Respecto de este último punto, me gustaría referirme brevemente a un trabajo periodístico que publicamos en nuestro medio hace ya dos años, con el título: “la obsolescencia amenaza a la flota de buques públicos argentinos”.
En dicho trabajo, escrito a poco de ocurrido el lamentable accidente del Rompehielos IRÍZAR – cuya reparación o cambio, dicho sea de paso, todavía no ha merecido una definición formal-, repasábamos la situación de más de una veintena de buques públicos pertenecientes a distintas organizaciones del Estado. Excluimos de ese análisis a las unidades navales de combate, por entender que el debate en tal sentido se incluye en el marco más amplio de las políticas de defensa, y de la totalidad del instrumento militar.
Nos referíamos particularmente a embarcaciones destinadas al transporte, la investigación marina, la logística antártica, el mantenimiento de vías navegables y la actividad de patrullado, búsqueda y salvamento.
Me parece oportuno destacar tres de las varias conclusiones de aquél trabajo
¡) Seis de los 21 buques analizados (el 28.6%) tenía por entonces más de 40 años, incluidos varios que superan los 60. Casi todos los restantes han alcanzado – o rebasado – los 25 años de servicio.
ii) Siete de los barcos allí listados, fueron construidos en astilleros argentinos.
iii) Los buques más nuevos incorporados a la flota pública, datan de principios de la década del 80. Desde entonces, no se han encarado nuevas construcciones, ni para la ampliación ni para la renovación de la flota. (Casi 30 años desde la última incorporación!!!).
Decíamos también en el artículo, que “la participación de nuestra Industria Naval en la búsqueda de una parte de la solución – camino varias veces sugerido – aparece como una alternativa a explorar seriamente, con potencial para contribuir al declarado propósito gubernamental de reconstrucción y fortalecimiento del sector”.
Sin embargo, pasados ya varios años, NO se ha concretado un solo proyecto de inversión pública destinado a construir reemplazo para alguno de estos buques, que siguen operando con las crecientes limitaciones propias de su vetustez. Mientras tanto, los astilleros de Brasil y Chile han producido varias unidades similares para modernizar sus respectivos elencos de buques de Estado.
La participación de nuestro Estado como “cliente –promotor” de la actividad industrial propia, se ha limitado a unas pocas reparaciones, que con excepciones, son de escasa envergadura.
En síntesis, entendemos que más allá de las intenciones, la Industrial Naval ha recibido escaso apoyo y atención del gobierno y del Congreso de la Nación, en pro de modificar positivamente la situación del sector.
Por último, nos parece importante señalar que se advierte en lo inmediato, y así lo han expresado públicamente varios líderes del sector, una esperanzadora oportunidad de participación en lo que parece ser un pujante crecimiento de la demanda brasileña de nuevas construcciones, para su propio desarrollo petrolero.
Este emprendimiento, al que insistimos debería sumarse la decisión de nuestro Estado para comenzar realmente (no en papeles), con el recambio de sus unidades más viejas, y el impulso –momentáneamente interrumpido- del tráfico fluvial, parecen constituirse en las ventanas de oportunidad más accesibles para consolidar el reverdecer de una actividad que por antecedentes y significado NO merece tan prolongado e inconveniente letargo.”
08/06/09
NUESTROMAR
