Una serie de perjuicios provocan las decisiones del Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) en los puertos argentinos, reflejándose en nuestro medio en Puerto Quequén, donde la operatoria sufre importantes trastornos y pierde dinámica como consecuencia de las arbitrarias medidas de altos dirigentes del nucleamiento gremial.
Una serie de perjuicios provocan las decisiones del Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) en los puertos argentinos, reflejándose en nuestro medio en Puerto Quequén, donde la operatoria sufre importantes trastornos y pierde dinámica como consecuencia de las arbitrarias medidas de altos dirigentes del nucleamiento gremial.
En fuentes portuarias se coincidió en cuestionar severamente al secretario general a nivel nacional del SOMU, Omar Suárez, por entender que “es quién decide qué buques pueden entrar o salir de los puertos”, aunque trascendió que Rigoberto Suárez (es el secretario de Relaciones Laborales del gremio) es otro que tiene marcada influencia, ya que es al que se debe llamar para “pedir autorización”.
Una insólita medida del SOMU, que ya lleva dos años, está relacionada con la bandera que enarbolan los buques, no así con las cargas ni los destinos. Por este motivo, los navíos con estandarte de Antigua, Bahamas, Barbados, Belice, Burma, Myanmar, Camboya, Islas Caiman, Comoros, Chipre, Guinea Ecuatorial, Francia, Georgia, Alemania, Gibraltar, Honduras, Jamaica, Líbano, Liberia, Malta, Islas Marshall, Mauritius, Mongolia, Antillas Holandesa, Corea del Norte, Panamá, San Tomé y Príncipe, Sri Lanka, St. Vicent, Tonga, Vanuatu y Reino Unido, deben “solicitar autorización” a Rigoberto Suárez.
“El es el que decide cuál buque entra, sale o es demorado hasta cuando quiere”, comentó apesadumbrado un operador portuario, agregando que “no brinda explicaciones ni dice cuántas horas o días deberán esperar”.
Se puntualizó que la bandera de Panamá se encuentra en casi el 60 por ciento de la flota mundial, con lo cual una buena parte de los buques están comprendidos por esta arbitraria medida.
Se puso como ejemplo que en Puerto Quequén, desde el pasado miércoles, el buque Blue Fin, de bandera maltesa, está atracado en el giro 3 de ACA y listo para zarpar.
Sin embargo, no puede soltar amarras porque no se recibe la “autorización” de Rigoberto Suárez.
En consecuencia, otras embarcaciones que permanecen en rada no pueden ingresar para operar en el mencionado sitio.
A su vez, las características del servicio actual de remolcadores es otro elemento contraproducente, dado que desde hace cuatro años se trabaja menos de 12 horas diarias, cuando se impone la necesidad de brindar la tarea durante las 24 horas.
Siempre se repite que hay dos aspectos de marcada importancia en la estación marítima local, como el dragado continuo y el servicio de 24 horas para entrar y sacar los buques, utilizándose los períodos de buen tiempo y las dos pleamares diarias, obteniendo de este modo el mejor provecho del mayor calado posible en las embarcaciones.
“¿Contra quién es la medida? Nadie sabe ni entiende. Por esto genera sospechas la discrecionalidad que utiliza Rigoberto Suárez para conceder las llamativas autorizaciones”, se manifestó.
Perjuicio para el país
De acuerdo con lo remarcado en esferas portuarias, no caben dudas que “el único perjudicado es el país, sus puertos y sus economías regionales”, para añadirse que “es imposible explicarle a un operador en Europa que su barco no tiene remolcadores para zarpar y que se desconoce cuándo le brindarán un servicio que es público y obligatorio”.
Operadores portuarios también se preguntan las razones por las cuales, en estos últimos cuatro años, las autoridades nacionales, provinciales, del Consorcio de Gestión y de la Prefectura Naval Argentina, se han transformado en “simples espectadores” y no toman medidas de fondo para “evitar este atropello”.
“La anarquía predomina en los puertos argentinos y lo hace de la mano del SOMU”, se completó. (Ecos Diarios)
07/07/14

