En los primeros 7 meses del año la estación marítima local confirma su liderazgo como puerto pesquero por excelencia del país, de la mano de milagros naturales y la siempre vigente caja negra por donde circula mucho pescado sin declarar.
En los primeros 7 meses del año la estación marítima local confirma su liderazgo como puerto pesquero por excelencia del país, de la mano de milagros naturales y la siempre vigente caja negra por donde circula mucho pescado sin declarar.
(Mar del Plata) Hasta el 31 de julio, la estadística oficial que renueva periódicamente la Subsecretaría de Pesca mostró que en Mar del Plata se habían descargado 302 mil toneladas de pescados, moluscos y mariscos. Cifra “en blanco”, que se estima inferior en un 10%, como mínimo, de la que pasa por otros circuitos.
Alcanza con señalar que hasta el 10 de julio del año pasado el puerto local registraba descargas por 240 mil toneladas, para confirmar la bonanza en materia de acceso y captura de los distintos recursos que ha tenido la flota local. Si discriminamos por tipo de flota el panorama no es tan simple. Los fresqueros ampliaron su porción, los costeros perdieron terreno con la merma de la corvina y los más chicos siguen sin levantar cabeza.
Pero en este clima de abundancia, al menos desde lo cuantitativo, porque sigue la bronca por el impuestazo provincial y la suba en los costos operativos, se registraron en los últimos días algunos hechos de violencia que encienden una luz de alarma sobre lo que puede ocurrir cuando falte pescado.
Uno de los más graves fue el incendio desatado en el local que la CTA tiene en las calles del puerto, donde Roberto Villaola trabajó para registrar todos los obreros que trabajaban en el circuito informal. Porque fue intencional. Manos –hasta ahora– anónimas, doblaron la reja del frente y tiraron gomas encendidas en su interior. Llamó un vecino y la rápida llegada de los bomberos impidió pérdidas totales.
La documentación no corrió riesgos. Ya está en poder de la Universidad Nacional de Mar del Plata para certificar las listas. Si bien muchos están desempleados, ante la necesidad, otros siguen trabajando bajo el sistema cooperativo. El anhelo de Villaola es convencer a las autoridades para que bajen subsidios que retrasen un nuevo estallido social como el que ocurrió el año pasado.
El otro punto negro que pasó casi inadvertido fue la muerte de un obrero de la pesca que acampaba frente a la planta Taturiello, en el barrio portuario Las Avenidas. Héctor Mansilla tenía 53 años y era uno de los que acampaba frente a la firma, en reclamo de una indemnización por haber sido despedido en la empresa de Luis Caputo. En la madrugada del sábado anterior, abandonó la carpa porque se sentía mal y salió rumbo a su casa. Un infarto lo sorprendió a mitad de camino. Sufría del frío y la demora del servicio de emergencia también hizo su parte.
18/08/08
PESCA & PUERTOS
