(FNM) Los navegantes comparten el mar con toda clase de usuarios, y especialmente en China, se hace necesario repensar cómo regular el tráfico marítimo.
(FNM) Los navegantes comparten el mar con toda clase de usuarios, y especialmente en China, se hace necesario repensar cómo regular el tráfico marítimo.
Existen algunas partes del mundo donde la navegación entraña particulares peligros. Algunas zonas de África, donde no hay ayudas a la navegación y se combinan arrecifes y rocas con situaciones meteorológicas impredecibles, son conocidas y respetadas por los navegantes desde tiempos remotos, y la advertencia sobre sus peligros han estado incluidas en los derroteros de todos los tiempos.
Probablemente, desde que la navegación astronómica dio paso a los sistemas satelitales “todo tiempo”, se ha reducido la cantidad de lugares en los que las ayudas a la navegación son poco confiables y el clima de conocimiento dudoso. Sin embargo, las útiles computadoras combinadas con la maldición de la autocomplacencia, proveen su propia amarga recompensa. Será interesante saber, por ejemplo, cómo fue que la semana pasada, un buque bien equipado se encontró de pronto encallado en una isla perfectamente cartografiada en el medio del Atlántico Sur.
Introducir buques en áreas pobremente relevadas también representa un gran salto hacia arriba en la escala de los riesgos. En la Antártida, los hidrógrafos han llegado apenas a “arañar” superficialmente la descripción del relieve submarino, y allí tenemos buques de pasajeros con sus clientes en busca de emociones, que prueban a fondo las aguas relativamente desconocidas. De hecho, varios buques han vivido ya “emociones” mucho más intensas que las que sus clientes pagaron por experimentar.
Y con la apertura del Ártico – sea que el derretimiento del casquete resulte un fenómeno temporario o permanente-, todavía tendremos por delante varios descubrimientos hidrográficos obtenidos mediante cascos violentamente desgarrados.
Pero ¿dónde se encuentran hoy los peligros reales para la navegación? Los navegantes saben que comparten el mar con todo tipo de usuarios, pero no hay final a la vista para la angustia de estar navegando en un gran buque por un canal dragado y encontrarse con un buque pesquero que cree que tiene derecho de paso, y cuyo patrón piensa que las señales de “buque pescando” que tiene permanentemente izada le provee de algún tipo de “campo de fuerzas protector” que lo mantiene al margen de todo peligro. No hay excusas para llevarse por delante buques pesqueros, pero cuando pescan en rutas transitadas por buques de gran calado, sus patrones deberían ser mucho más criteriosos.
La “última frontera” en materia de peligros para la navegación, ha estado siempre en las aguas que bañan las costas de China, donde los navegantes se encuentran frecuentemente con grandes flotas de buques pescando de noche. En estas condiciones, el paso seguro se convierte en una muy estresante experiencia. Con el horizonte totalmente iluminado por una de estas flotas, atravesarlas con seguridad sin llevarse a ninguno por delante ni terminar con las hélices enredadas en un aparejo de pesca, constituye para un buque grande, una verdadera dificultad.
Y si habla con cualquier navegante con experiencia en esa zona, le dirá que la situación en las aguas del lejano oriente empeora cada día. Ya no son solamente los pesqueros los que provocan su ira. Hay enormes cantidades de embarcaciones alrededor de las costas chinas y en sus ríos que parecen navegar con muy poco conocimiento de las normas, descuidadamente y confiando en que los otros barcos maniobrarán para mantenerse fuera de su camino.
Las autoridades chinas, puntillosas a la hora de investigar el creciente número de víctimas de accidentes, no parecen capaces todavía de abordar con éxito el problema de la incompetencia, que da muestras de haberse exacerbado por la falta de capacitación y el explosivo crecimiento de los tráficos comerciales costeros y de corta distancia.
En una reciente charla con un grupo de oficiales mercantes, las historias de horror en aguas chinas surgieron inmediatamente. Todos ellos habían experimentado situaciones cercanas a la colisión en los últimos meses, en muchos casos en zonas fluviales sometidas a pilotaje, en donde – afirmaron- la calidad del servicio deja mucho que desear, con prácticos que demuestran poca competencia y adoptan actitudes peligrosas. Estos marinos describieron como frecuentemente “suicidas” las maniobras realizadas por otras embarcaciones encontradas en estas arterias interiores furiosamente transitadas.
Si hubo alguna vez un Servicio de Tráfico de Buques, hoy resulta incapaz de dirigir ningún tráfico; y los estándares de comunicaciones hacen que cualquier instrucción sea virtualmente incomprensible. Los oficiales consultados, también puntualizaron que en muchos casos, a la hora de investigar incidentes, los capitanes extranjeros parecen tener todas las de perder.
Se podrá suponer que todos estos peligros frente a las costas chinas, son consecuencia del rápido crecimiento económico y de la mayor dependencia de los tráficos comerciales costeros y de corta distancia, para mantener los bienes de China en movimiento. El sistema educativo marítimo en China es extenso e integral –sin separación por niveles de aptitud-, y uno puede entender que eso sea necesario. Pero en tiempos de crecimiento explosivo y con tantos buenos trabajos en tierra, la experiencia marinera debería convertirse en una exigencia insustituible.
El crecimiento del comercio por agua de cabotaje en China es admirable, y constituye un verdadero ejemplo para todos los países que ignoran sus tráficos comerciales costeros. Pero el crecimiento del tráfico demanda de reglas claras que se respeten y se hagan cumplir, así como de personal competente para conducir esa multitud de barcos. Y si no hay suficiente gente experimentada, es hora de hacer algo para mitigar la deficiencia.
No quisiéramos que uno de esos horribles accidentes, con un buque tanque enroscado contra un buque repleto de pasajeros en el atestado Río Huangpu, le proporcione a la navegación de China, y a la de todo el mundo, un nuevo sacudón del estilo del Titanic.
Por Michael Grey
Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuente: Lloyd´s List; 24/03/11
28/03/11
NUESTROMAR
