Una de las claves es alcanzar una elevada calidad de las instituciones del sistema económico que incentive la competencia y la productividad.
Una de las claves es alcanzar una elevada calidad de las instituciones del sistema económico que incentive la competencia y la productividad.
Argentina, transformada en muy pocos años en un proveedor mundial de alimentos, experimenta un boom en las exportaciones agrícolas que sostiene, asimismo, una revaloración súbita de la tierra.
Paralelamente una fuerte conflictividad gremial se suma a una creciente emisión monetaria y a una revalorización brusca, casi especulativa, de las propiedades inmobiliarias. Se podría pensar que es una descripción de la situación actual. Sin embargo, es el contexto que caracterizó “el modelo” agroexportador de 1880 – 1914.
¿Cómo terminó? Con una crisis producto de una fuerte apreciación del peso, cambios en el contexto internacional, desequilibrios en la balanza comercial y el desplome de la “Caja de Conversión”, donde el gobierno operaba sobre el tipo de cambio. ¿Cuál fue su legado en términos de crecimiento y desarrollo a largo plazo? Exiguo.
No obstante, Canadá y los Estados Unidos aprovecharon, el mismo modelo, para desarrollar su industria. Este nuevo boom en las exportaciones agroindustriales, ¿está contribuyendo a desarrollar un verdadero mercado en la industria marítima y portuaria local?
Generalmente, educados con libros de texto neoclásicos, que oscurecen el papel de las instituciones, los economistas, suelen imaginar que los mercados surgen por sí solos. Pues bien, en el sector portuario agroindustrial, no han surgido relaciones de mercado, sino más bien de integración vertical. Los nuevos operadores portuarios son en su mayoría agroexportadores. En la selección de esta estructura económica, las instituciones juegan un papel primordial.
Varios premios Nobel en Economía, como Ronald Coase, Oliver Williamson y Paul Krugman, entienden a las instituciones del sistema económico como el conjunto de reglas, formales e informales, incluyendo los mecanismos para asegurar su cumplimiento. Dentro de estas instituciones, es de fundamental importancia la de la propiedad. Cuando los derechos de propiedad pueden ser restringidos, prohibidos o perdidos en algún punto futuro, aumenta el costo de transacción para su uso.
Cuando los costos de estas transacciones en el mercado son muy altos, el mismo no se desarrolla, sino que se concentra la cadena de valor en conglomerados integrados verticalmente. Este podría ser el caso del agro y la industria portuaria, en donde grandes empresas tienden a actuar a lo largo de toda la cadena de valor, desde la siembra hasta la actividad portuaria de exportación.
Atractivos
Desde el punto de vista de la industria marítima, los contratos de fletamento de los casi 3.000 buques anuales que transportan nuestras exportaciones agroindustriales no se realizan localmente, aun cuando el “dueño” de la carga es local. No obstante, para desarrollar una industria marítima local no son imprescindibles titánicas inversiones en buques, sino tan solo “know how”. Los fletadores son meros operadores de buques que, en general, se llevan la mejor parte del negocio, alquilándoles buques a los armadores, quienes realizan las inversiones de riesgo.
Es decir, para desarrollar un mercado marítimo local tan solo deberíamos desarrollar la capacidad de transformarnos en un activo, confiable y atractivo mercado de fletamentos marítimos internacionales.
¿Cómo se logra? Alcanzando una elevada calidad de las instituciones del sistema económico, que incentive la competencia y la productividad, y no con regulaciones que intentan proteger a los actores económicos. Pues, más que protegerlos solo alejan el fair play y logran fomentar exclusivamente el negocio del tráfico de influencias. De este modo, quizás, la Argentina empezara a quedarse con más del 10% del mercado en el negocio del transporte fluvial hidroviario.
Posiblemente, además, las nuevas inversiones en molienda y puertos no migraran hacia Paraguay y Uruguay. A lo mejor, se desarrollara un activo mercado local de fletes marítimos internacionales.
Más allá de los motivos que causaron el colapso del modelo de 1880 – 1914, es interesante destacar que el mismo parecería haber generado en la clase dirigente argentina una altivez y jactancia, en relación a sus valoraciones sobre los modelos económicos sostenidos por otras democracias, que les habrían impedido nutrirse de alguno de sus aspectos positivos. Esto aparentaría haberse ocasionado en que, por un tiempo relativamente prolongado, “el modelo” generó una fuerte expansión económica que logró superar a la mayoría de las expectativas de la época.
Ajena a las culpas, la historia se encargó de exponer trágicamente las fallas en sus tentativas de hacerlo en el largo plazo. No obstante, más penoso aun para nuestra comunidad podría resultar que nuestra clase dirigente no atesore la experiencia de los traspiés pasados frecuentando reiteradamente el mismo error.
Por Juan José Paberolis – Santa Fé – Es Capitán de Ultramar, magister en Dirección de Empresas y consultor marítimo.
01/06/11
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