Lo que es “de todos” no es de nadie

En la autovía, representantes de cooperativas y pescadores que quieren trabajar manifestaron en contra de los piquetes del puerto que les impiden -incluso con violencia, aseguraron- entrar a las plantas a cumplir con sus tareas.

En la autovía, representantes de cooperativas y pescadores que quieren trabajar manifestaron en contra de los piquetes del puerto que les impiden -incluso con violencia, aseguraron- entrar a las plantas a cumplir con sus tareas.

Durante algunas horas, varias protestas transformaron a las calles de Mar del Plata y el acceso por la autovía 2 en un espectáculo de luces y colores, con fondo musical y coros. Pero no se festejaba nada y tampoco fue agradable.

En realidad las luces y colores provenían del incendio de neumáticos, con abundante humo negro castigando la respiración de los paseantes, y de las pintadas con aerosoles en paredes y frentes de locales. Mientras que la parte musical y coral fue obra de un concierto de gritos y batucadas como para llamar la atención de los más distraídos.

En la autovía, representantes de cooperativas y pescadores que quieren trabajar manifestaron en contra de los piquetes del puerto que les impiden -incluso con violencia, aseguraron- entrar a las plantas a cumplir con sus tareas. Fue un piquete contra otro piquete, trabajadores contra huelguistas, algo que suena a inédito.

Ajenos a cualquier cosa que no fuese su reclamo específico, los pescadores de las cooperativas en conflicto se mantuvieron firmes en los dos "cortes" que desde hace días impiden la actividad en el puerto y recibieron a dirigentes nacionales de la CTA que vislumbran en la continuidad del conflicto una excelente oportunidad para posicionarse en el sector.

En el centro, los choferes de la UTA volvieron a demostrar que son un gremio "pesado" y se ensañaron por segunda vez en pocos días contra la sede del Centro Médico, ante la muy atenta mirada -pero nada más que eso- de los policías que supuestamente estaban apostados para custodiar la integridad de personas y bienes. Más todavía: anoche los delegados esperaban ansiosos el retorno a la ciudad del secretario general Daniel Domínguez para lanzar un paro del transporte público, así como así.

Muy cerca de ahí, enojados porque entienden que ni la devaluada clase política local ni los funcionarios de la provincia les prestan atención, los muchachos de Luz y Fuerza renovaron la apuesta en el entuerto que tienen con EDEA desde hace años y también avanzaron por el camino del "escrache", la quema de gomas y los que se "encadenan" para llamar la atención.
Por fin, cansados de los robos que se producen a diario, varias decenas de comerciantes y vecinos protagonizaron también ayer un corte de calle en La Rioja desde Castelli a Alvarado. Piden seguridad para trabajar y para vivir.

Como se ve, hubo para todos los gustos. Claro que no es lo mismo una protesta sindical que un reclamo por la inseguridad: los vecinos ya no saben cómo llamar la atención de las autoridades para que pongan las cosas en su lugar en materia de seguridad (los delincuentes en la cárcel y la gente decente en la calle). Esa indignación popular es expresada por gente de trabajo, gente tranquila que sale a la calle después de haber sufrido en carne propia un delito y de lamentar la ineptitud de los que tienen que actuar en defensa de los derechos de los ciudadanos, muchas veces sospechados de connivencia.

Los otros casos en cambio, denuncian actitudes de absoluta falta de respeto a los derechos de los demás. Son desbordes de una agresividad intolerable y de una desaprensión que supera los límites de lo razonable. Quemar neumáticos, pintar vidrieras ajenas con aerosol, interrumpir el tránsito, insultar como práctica de amedrentamiento y hasta -como denunciaron algunos- "apretar" con armas de fuego a los que piensan diferente, no son para nada herramientas de la democracia. Ni de ningún otro sistema en realidad, porque esas cosas sólo suceden en los regímenes totalitarios de cualquier signo, cuando "meter miedo" e imponerse por la fuerza se utilizan como método de dominación. Para que nadie se anime a discutir. Para que la mayoría se calle la boca y conceda. Habría que apelar a la buena memoria para recordar cómo les fue a esas sociedades -la argentina incluida- cuando cedieron al miedo…

Este tipo de prácticas suele ampararse bajo el paraguas de posiciones políticas y a veces ideológicas: se autojustifican en nombre de derechos sociales o gremiales pisoteados… pero pisotean los de los otros. En los hechos, significan una regresión a tiempos de la más remota antigüedad, cuando el más fuerte se imponía para dominar. La humanidad progresó creando instancias de diálogo y de convivencia y no por ello dejaron de existir las ideas diferentes. En democracia, reemplazar la discusión de ideas y la negociación por el "apriete" o el "escrache", es una trampa peligrosa de la que será difícil salir.

"La calle es de todos", suele decirse. Pero si cada uno de esos "todos" la toma para sí y hace lo que quiere para mostrar fuerza ante el adversario, el sentido de la frase se tergiversa, luego termina vaciándose. El "todos" debería entenderse como "nadie en particular", pero para eso hay que pensar un poco antes de actuar.

Buena parte de la responsabilidad de esta sinrazón cotidiana seguramente hay que endilgársela a la falta de credibilidad de las instituciones y la consiguiente ausencia de referentes e interlocutores que sepan apaciguar los ánimos y encauzar los conflictos. Los dirigentes que se exhiben sin pudor alguno agitando y echando -literalmente- más leña al fuego de los piquetes y los neumáticos, parecen no advertir que el incendio los va a consumir también a ellos cuando les llegue la hora y ya no sean funcionales a la coyuntura.

Va siendo hora de dejar de soñar y despertarse, que el tiempo corre.

Por José Mauro

28/07/07
LA CAPITAL – MAR DEL PLATA

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