Generan sentimientos encontrados.
Generan sentimientos encontrados.
(Puerto Deseado) A puro coraje las mujeres de la estiba se amontonan en las rejas del portón de acceso al puerto, en sus caras curtidas por el viento se asoman grandes ojeras, pero el anhelo de ser elegidas por el capataz las hace sonreír y no desesperarse; “es lo peor que te puede pasar, aquí hay que andar en positivo para tener suerte”, reconoce Patricia, una joven mendocina madre de tres chicos que calzada en un mameluco enorme decidió probar suerte en el puerto estibando calamar “gracias a una amiga que fue la primera que insistió para entrar”.
Cuenta la mujer que la primera vez que se asomaron a las rejas y se pusieron junto a los estibadores ocasionales o con documentos, muchos las comenzaron a mirar distinto, “al principio fue duro, los hombres nos miraban raro y los de Prefectura no sabían si dejarnos pasar o echarnos, pero finalmente nos dejaron entrar, y aquí estamos peleándola como todo el mundo sabiendo que al menos esta batalla ya la ganamos”, dijo la mujer con la voz hecha un hilo por la emoción.
Para Noelia Arreyes, otra chica mendocina de la estiba de 27 años, que con guantes y mameluco ya sentó un precedente en los puertos patagónicos, las cosas parecieran ser simples “vengo al puerto a buscarme el mango trabajando, y al que no le gusta lo lamento”, remarca la muchacha que ingresó a las cero hora de un viernes y se quedó hasta pasado el mediodía del sábado, haciendo dos turnos que le permitieron llevarse en su bolsillo la suma de 140 pesos que según aseguró le “vienen bárbaro, porque los estaba necesitando”.
“Aquí todo el mundo estaba alborotado, pero para mí éste es un trabajo como cualquiera, el año pasado intenté ingresar pero no me dejaron, esta vez tuve suerte”, comentó la joven, acotando luego que seguirá realizando “este trabajo porque lo necesito”, y porque “además yo no tengo problemas de realizar cualquier tarea, fui lavacopas, fui cartonera, junté botellas, el trabajo no me asusta porque lo hago para salir adelante”, señaló.
Resabios machistas
La presencia de las mujeres en el puerto, hay que decirlo, genera rencores, y no pocos murmuran por lo bajo que a las muchachas no debieran dejarlas entrar porque “le quitan el pan a los estibadores”.
En ese sentido, un grupo de hombres que trabajaba a escasos metros de donde estaba Noelia, munidos de un sentimiento machista que acaso no pudieron dominar le hicieron un pedido asombroso a nuestra cronista; “no pongas nuestros nombres, pero escribí que no queremos mujeres en el puerto”.
La sorpresa
“Yo que sepa, es la primera vez que ingresan mujeres al puerto para realizar este tipo de tarea por eso nos quedamos todos sorprendidos”, indicó un efectivo de Prefectura acotando luego que las jóvenes debieron esperar un tiempo para que se notificara a las autoridades de su presencia, “seguramente se sintieron molestas porque debieron esperar, pero después se las dejó entrar como a cualquier trabajador”, aseguró el uniformado.
26/03/07
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