Quizás la afinidad ideológica entre los gobiernos de Uruguay y Argentina, entre Cristina y Mujica, sea la más coincidente en las ya más de tres décadas de democracia que llevan los países de la región. Pero al mismo tiempo, la tensión es creciente.
Quizás la afinidad ideológica entre los gobiernos de Uruguay y Argentina, entre Cristina y Mujica, sea la más coincidente en las ya más de tres décadas de democracia que llevan los países de la región. Pero al mismo tiempo, la tensión es creciente.
La política exterior es ante todo “argentinocéntrica”: mira el mundo y la región desde sí misma. Tiene muchas limitaciones para tratar de entender al otro. Esto vale tanto para la política interna como la externa. La confrontación caracteriza a ambas y las señales de diálogo o concertación, son autopercibidas como manifestaciones de debilidad que se deben evitar.
A ello hay que agregar que en el gobierno argentino, muchas veces, hay una confusión. En momentos en que las relaciones bilaterales son tensas, las señales de apoyo político son muy fuertes. En el entretiempo de los dos últimos partidos del Mundial, que en televisión abierta solo se pueden ver por la TV Pública, buscando exaltar el nacionalismo argentino, se transmitían frases aisladas de los cancilleres de la región apoyando la posición argentina en el conflicto con los acreedores que no entraron en el canje. Las frases del canciller uruguayo que se transmitían eran las más firmes en apoyo de la posición argentina.
Esto hace que el gobierno argentino quizás piense que las relaciones no están tan mal, creando una confusión.
El problema del canal, que es el más reciente, parece haber entrado en ese estadio en el cual Cristina no cambia. Es que cuando Cristina siente desafiado su poder, siempre tiende a reforzar la posición, nunca a ceder. En este marco, cualquier estrategia uruguaya debe apuntar a ganar tiempo, postergando la resolución de los conflictos. (Por Rosendo Fraga; El Observador)
15/07/14
