La carrera por el Ártico

La carrera por el Ártico

La carrera por el Ártico y sus recursos parece estar acelerándose. La proximidad del verano septentrional, los efectos de la crisis económica y energética y la última reunión ministerial del Consejo Ártico celebrada en Nuuk, Groenlandia, el pasado día 12 están marcando el paso de los acontecimientos.

La carrera por el Ártico y sus recursos parece estar acelerándose. La proximidad del verano septentrional, los efectos de la crisis económica y energética y la última reunión ministerial del Consejo Ártico celebrada en Nuuk, Groenlandia, el pasado día 12 están marcando el paso de los acontecimientos.

El muy significativo hecho de que la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, asistiese a la mencionada séptima reunión del Consejo Ártico por primera vez en su historia confirma la importancia que las ocho naciones que lo integran han otorgado a la misma. El Consejo Ártico es un club restringido del que forman parte los llamados cinco Estados Árticos (la Federación Rusa, Estados Unidos, Canadá, Noruega y Dinamarca) junto a Islandia, Suecia y Finlandia.

Las declaraciones relativas a los efectos del cambio climático en la región y a la importancia de las poblaciones locales y de sus formas de vida se vieron sucedidas, en menos de una semana, por anuncios por parte de la Federación Rusa y de Dinamarca de la creación de unidades militares especialmente diseñadas para operar en las condiciones que impone el clima y la geografía imperantes al norte del Círculo Polar.

De este modo, la Federación Rusa, que acababa de sostener la necesidad de mantener una región ártica desmilitarizada, filtraba a través de su agencia de noticias Ria Novosti la posible creación de las Brigadas Árticas para defender sus intereses en la zona y como forma de apoyar sus pretensiones de soberanía sobre una muy buena parte de la misma.

Por su parte, Dinamarca estudia la creación de unas Fuerzas de Reacción Ártica especialmente entrenadas y equipadas para operar en las duras condiciones polares. Al mismo tiempo, sus Fuerzas Armadas prevén la fusión de su mando de Groenlandia y su mando de las Islas Faroe en uno solo denominado Mando Ártico. Si, por un lado, en la Estrategia Ártica de Dinamarca no se hace mención al despliegue de aviones de caza en la región contemplado en los acuerdos de defensa de 2010-14 (hecho poco relevante ante la inmediatez con que se puede llevar a cabo este despliegue desde la toma de una eventual decisión en este sentido), por otro, los daneses están incrementando las patrullas de sus buques de guerra hacia el Norte con el futuro apoyo logístico de la Base de Thule, perteneciente a los Estados Unidos.

La referida Estrategia Ártica danesa establece cinco zonas sobre las que el Reino quiere reclamar la soberanía y derechos de explotación. Entre dichas zonas, se incluye el mismo Polo Norte que también han reclamado otros países como Canadá y la Federación Rusa.

La ley del mar
El Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), popularmente conocido como Ley del Mar, establece un plazo de diez años desde la ratificación del mismo para que los países puedan hacer reclamaciones para la ampliación de su jurisdicción más allá de las 200 millas marinas. Dicha ampliación tiene que estar basada en características geológicas y ser aprobada por una comisión científica. La Dorsal Marina de Lomonosov, que discurre bajo el Polo, está en la base de las reclamaciones de los distintos candidatos a adjudicarse la explotación de la que es, probablemente, la región más rica en recursos que permanece sin explotar. Para Dinamarca, el plazo fijado para presentar sus alegaciones finaliza en 2014.

El Ártico es una de las regiones más afectadas por el cambio climático y una de las que mayor repercusión van a tener en los próximos años. La Declaración de Nuuk dedica la mayor parte de su contenido a expresar su preocupación y desvelo por la vida, salud y forma de vida de las poblaciones indígenas y por la preservación de la fauna y flora. Para ello, aboga por la prevención y por la creación de task forces para la descontaminación de las aguas y de una unidad especializada en Búsqueda y Salvamento Ártico.

Sin embargo, detrás de estos nobles deseos y concreciones prácticas puede interpretarse la voluntad de arrogarse de facto la exclusividad como foro de discusión sobre los asuntos árticos dejando fuera de las conversaciones – y de un posible futuro acceso a los recursos – al resto de las naciones. De hecho, uno de los aspectos que trata la declaración, casi de pasada, es el mecanismo para la admisión de nuevos socios observadores.

La importancia del Ártico en cuanto a los recursos energéticos y minerales que guarda en sus fondos es un tema recurrente en los últimos tiempos. Las aceleradas concesiones de exploración danesas a la compañía escocesa Cairn Energy para hacer prospecciones en aguas de Groenlandia hasta los 1500 metros de profundidad (la misma a que se encuentra el pozo de la británica BP en el que se produjo el accidente en el Golfo de México) se justifican en base a la Seguridad Energética danesa y las altas medidas de seguridad adoptadas.

Los recursos pesqueros son también considerables y su explotación exclusiva por parte de los países miembros del Consejo puede perjudicar seriamente los intereses de países con grandes flotas como es España.

Más allá de los recursos – cuya explotación, en muchos casos, resultará, cuanto menos, complicada y costosa – el interés del Ártico se centra a más corto plazo en la apertura de la Ruta Noreste y Noroeste a lo largo, respectivamente, de las costas rusa y norteamericana. La viabilidad de estos trayectos supondrá un importante ahorro en distancia y tiempo para el comercio entre las importantes economías manufactureras del Extremo Oriente asiático y los grandes consumidores europeos y de la costa Este norteamericana.

Todas estas ventajas llevan, no obstante, asociada la disputa por su explotación y la apertura de enormes zonas marítimas y costeras que, hasta la actualidad, permanecían defendidas por los hielos permanentes y que supondrán una responsabilidad añadida para los países ribereños. Las Armadas de la Federación Rusa, Canadá y Estados Unidos ya han empezado a potenciar la construcción de buques aptos para la navegación entre los hielos árticos y de rompehielos que abran o mantengan los accesos necesarios.

La militarización del Norte es cuestión de tiempo; de poco tiempo. Los países del Consejo Ártico ya han abierto entre ellos la relación de colaboración-competición que caracteriza las negociaciones del siglo XXI. A pesar de sus deseos, otros países con intereses globales como China, Japón y el Reino Unido buscan también participar en el reparto del pastel ártico incrementando sus misiones científicas y de exploración en la zona.
Por Ángel Gómez De Ágreda

23/05/11
ATENEA

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