El hecho de que, una vez más -en esta oportunidad a raíz del clásico recambio de quincena propio de todas las temporadas veraniegas- la autopista La Plata-Buenos Aires se haya visto colapsada por un crecido flujo de automotores, volvió a poner en evidencia la necesidad de que se concreten las mejoras y ampliaciones prometidas por el gobierno bonaerense hace siete meses, al rescindir el contrato de la entonces empresa concesionaria.
El hecho de que, una vez más -en esta oportunidad a raíz del clásico recambio de quincena propio de todas las temporadas veraniegas- la autopista La Plata-Buenos Aires se haya visto colapsada por un crecido flujo de automotores, volvió a poner en evidencia la necesidad de que se concreten las mejoras y ampliaciones prometidas por el gobierno bonaerense hace siete meses, al rescindir el contrato de la entonces empresa concesionaria.
Tal como se informó, el embotellamiento de varios kilómetros de extensión se registró en el tramo Buenos Aires-Hudson, sobre el que justamente se había anunciado que comenzarían de inmediato las obras de ensanche de la autovía, con la construcción de un tercer carril, sin perjuicio de que se realizarían otras mejoras en un camino que vino sufriendo un gradual deterioro en los últimos años. Cabe recordar que, al momento de operar la rescisión del contrato, las autoridades provinciales habían informado que la obra prioritaria a realizar sería la de construcción del tercer carril, asegurándose que, luego de cumplido el proceso licitatorio, los trabajos concluirían durante el primer trimestre de 2014, previéndose además la realización de urgentes tareas de reparación de la calzada, de las banquinas y de mejoramiento de la iluminación.
En otro orden, pero también íntimamente relacionado con la mejor funcionalidad de la Autopista, se encuentra aún pendiente de resolución conceptual el dilema que se le presenta a esta vía caminera -ahora ya para todo su tramo, es decir hasta nuestra ciudad- por el inminente inicio del funcionamiento de la terminal de contenedores del Puerto La Plata y la posibilidad de que ello implique el nuevo desplazamiento de unos 700 camiones diarios que, de ese modo, se sumarán al tránsito de la zona de acceso portuario, con posible y grave afectación a la fluidez del tránsito en la Autopista.
Algunos urbanistas ya advirtieron que la Autopista -especialmente en el sector de Puerto Madero, donde se enlaza con la Autopista 25 de Mayo- no podría absorber en modo alguno esa nueva carga de vehículos de gran porte. Y también sufriría una lentificación del tránsito el tramo Hudson-La Plata. De allí que existan múltiples gestiones realizadas en los últimos meses por parte de entidades empresarias y sindicales de nuestra región, activadas ante el Senado nacional, en procura de que se realice la obra que -a través de la calle 90- podrá conectar la ruta 6 con el Puerto local, evitándose de ese modo la inyección de 700 camiones en la Autopista La Plata-Buenos Aires ya congestionada. Lo cierto es que la Autopista -que une a las dos principales capitales del país y que enlaza regiones de gran potencialidad económica- se encuentra superada por la incidencia de muchas circunstancias negativas, saturada en las horas pico, en los recambios de temporada y en cada fin de semana largo por un tránsito que la desborda y congestiona.
Hace siete meses se abrió un nuevo período para la administración de la autovía. Es de esperar, entonces, que las obras prometidas y las complementarias se realicen sin más demoras. Y que, al mismo tiempo, se concreten definiciones urbanísticas inteligentes, que pongan en la balanza las posibilidades y potencialidades de una región que, como la nuestra, se encuentra desafiada por emprendimientos de enorme magnitud, como ocurrirá cuando se concrete la reactivación del Puerto.
22/01/14
EL DÍA
