Hay marea roja en el San José, pero no afecta al callo de vieyra

La subsecretaría de Pesca de la provincia detectó marea roja en el Golfo San José, pero en valores que aún les permiten a los pescadores artesanales trabajar el callo de vieyra.

La subsecretaría de Pesca de la provincia detectó marea roja en el Golfo San José, pero en valores que aún les permiten a los pescadores artesanales trabajar el callo de vieyra.

Según los análisis efectuados en la zona de playa Bengoa (al norte del golfo, donde se concentra la mayor cantidad de lanchas marisqueras) los valores detectados superan las 400 unidades ratón –el límite para el consumo del marisco entero-; pero no llega a las 2000 unidades. Y, de acuerdo a los últimos estudios técnicos, entre las 400 y las 2000 unidades aún se puede comer el callo.

Eso sí, debe ser con ciertos recaudos: se le debe extraer a la vieyra el punto negro y la “pollerita”, dejando sólo el callo (el músculo blanco) adherido a una de las tapas. Este producto es muy requerido, ya que permite una rápida cocción gratinada de varias formas. Pero para lograrlo, debe ser trabajado por manos cuidadosas que corten el punto negro sin que se derramen las toxinas de su interior. De esta forma, por ahora la marea roja no afectaría el trabajo de los equipos marisqueros, que aún no han completado su cupo autorizado por el área de Pesca provincial. Y podrán ir recuperando los días enteros que perdieron en las últimas semanas, donde hubo fuertes vientos que impidieron la salida de las lanchas.

Actualmente, unos veinte equipos de buzos viven de la pesca artesanal en el golfo San José (integrados por dos o tres buzos, un marinero y un patrón), aunque algunas estimaciones llevan a 200 las familias que viven de la actividad en Puerto Madryn y Península Valdés –ya que la operatoria se extiende hacia otras áreas como Puerto Lobos-. Los buzos, para recolectar las vieyras, llegan a pasar hasta cuatro horas sumergidos a 12 metros. Recibiendo aire por una manguera conectada a un compresor en el bote, juntan a mano, una por una, cada vieyra y la colocan en un salabardo (un canasto flexible), que finalmente es subido por el marinero con una soga.

Este tipo de trabajo artesanal ya ha trascendido las fronteras y actualmente la secretaría de Pesca está trabajando en un sello distintivo, para que todos los mariscos del San José salgan al mercado con una marca de origen que eleve su valor.

Pese a este reconocimiento, en los últimos años los marisqueros han visto que la paga que reciben por sus vieyras es cada vez menor. Hace tres años, las fábricas llegaron a pagarles hasta 2.50 pesos por cada kilo de vieyra. Y en los últimos meses (por los vaivenes de la materia prima que priorizan las pesqueras), algunos concentradores de la zona han llegado a bajar el valor hasta 1.80. Con el aumento de los insumos y la inflación en general, el negocio –que implica muchos sacrificios físicos y familiares- es menos rentable que en años anteriores.

07/09/07
EL CHUBUT

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