Es un explosivo de uso militar de alto poder. No estaría detonado. Es el proyectil más grande hallado hasta ahora. Un vecino lo descubrió cuando caminaba con amigos. Estaba a unos 4.000 metros de la costa.
Es un explosivo de uso militar de alto poder. No estaría detonado. Es el proyectil más grande hallado hasta ahora. Un vecino lo descubrió cuando caminaba con amigos. Estaba a unos 4.000 metros de la costa.
El Doradillo fue durante mucho tiempo campo de pruebas de la Armada, un sitio estratégico durante Malvinas, y también en el conflicto con Chile. Nadie sabe cuántos explosivos más hay en la zona. Deberán llamar a especialistas de Puerto Belgrano para desactivarlo.
Camuflado entre la arena, las piedras y algunos yuyos, un explosivo –aparentemente militar- se encuentra en la zona de El Doradillo. Por las descripciones que dio Matías Azario (el vecino que lo descubrió), estaría a unos 4 kilómetros de la línea de marea, en línea recta a una de las playas del sector sur del área protegida municipal. Y, lo más peligroso, estaría sin detonar.
Azario señaló a EL CHUBUT que el hallazgo fue fortuito, cuando paseaba por el lugar, el sábado pasado. Y, para registrarlo, le tomó una foto. Basándose en la imagen, un integrante de una fuerza de seguridad le comentó que podría estar sin desactivar, con el consiguiente peligro que esto contrae: una explosión que podría tener efectos devastadores a 200 metros a la redonda, con una onda expansiva que podría llegar a los 1000 metros.
Más allá de estas especulaciones –sobre si estos proyectiles pueden estar activos o no-, lo cierto es que siguen apareciendo explosivos en esa zona.
Este año, en los primeros días de enero, en las cuevas de «Punta Dorada», un turista encontró dos espoletas mecánicas de 122 por 430 milímetros, altamente deterioradas por la corrosión salina del ambiente marino. Finalmente, fueron detonadas por la Armada.
OTROS TIEMPOS
Los ejercicios de buques de guerra en las aguas del Golfo Nuevo no son un secreto. Durante años la flota de mar de la Armada Argentina utilizó las aguas que circundan a Península Valdés para realizar distintos tipos de ejercicios militares, entre los que se incluían prácticas de tiro desde las naves de superficie hacia el sector costero.
El aumento de la actividad turística, la conciencia conservacionista sobre las especies de la fauna que pueblan tanto el Golfo Nuevo como el San José y el incremento del tráfico marítimo hacia los muelles de la ciudad, hicieron que la actividad de las embarcaciones militares cesara en el tiempo y en la actualidad las visitas de la Marina de Guerra se limitan a aspectos protocolares.
Sin embargo, los vestigios de la prolífica actividad militar en la zona habrían quedado diseminados en los miles de kilómetros de costa que dan forma a Península Valdés, en su mayoría ocultos en lugares inaccesibles para los turistas que recorren la región, e incluso para los propios lugareños.
Restos de guerras y prácticas militares que aún son un peligro
La presencia de proyectiles o explosivos en zonas de conflicto o donde potencialmente existieron momentos de pre guerra es un problema de difícil resolución y para el cual existen programas internacionales y líneas de financiamiento que avalan distintos organismos de nivel internacional. En nuestro país existen dos ejemplos puntuales sobre esta problemática. Uno está situado en la Cordillera de los Andes, donde los ejércitos de Argentina y Chile han colocado en distintos momentos una gran cantidad de explosivos, concretamente minas antipersonales, a lo largo de la Cordillera de los Andes, como parte de una estrategia de defensa nacional ante situaciones puntuales de conflictos limítrofes.
Según los informes que han sido presentados en el Congreso de la Nación, desde el conflicto con la República de Chile a raíz del diferendo por el canal de Beagle, la zona limítrofe con este país contaría con 500 mil minas antipersonal en territorio argentino y más de 300 mil en territorio chileno. Ambos países han adherido en su momento a la Convención de Ottawa sobre minas antipersonal y durante la década del ‘90 los presidentes Menem y Frei anunciaron el retiro de los explosivos. Después de un cuarto de siglo muchas personas han muerto y otras tantas han sido mutiladas por la acción de las minas que aún permanecen ubicadas en lugares estratégicos de la cordillera, principalmente en proximidades de pasos fronterizos.
El otro desminado pendiente, es el las Islas Malvinas, donde incluso se conformó un comité binacional entre Argentina y Gran Bretaña para la eliminación de los artefactos explosivos. Sin embargo poco se habla de la presencia de explosivos en el área costera continental, donde son recurrentes los testimonios sobre ejercicios militares a lo largo de los años por parte de las Fuerzas Armadas, que en operativos independientes o conjuntos, han hecho uso de las playas para realizar prácticas militares.
OPERACIÓN GOLFO NUEVO
En un informe producido y publicado por el sitio web www.histarmar.com.ar dedicado a la Información histórica y arqueología marítima, en el año 1958, la Armada Argentina tomo contacto con un submarino extranjero en aguas propias, en el Golfo Nuevo. El episodio se conoce como «Operación Golfo Nuevo» y se habría tratado de un contacto totalmente casual, ya que en ese momento se estaban haciendo ejercicios antisubmarinos.
La publicación sostiene que «por 24 horas este submarino fue detectado por medios electrónicos y visuales, se le lanzaron 22 cargas de profundidad, fue visto su periscopio y posiblemente snorkel y se detectaron varias veces manchas de aceite en su ubicación. No obstante haber estado «encerrado» en un Golfo con una salida estrecha, y ser perseguido por un grupo de destructores y aviones, este submarino logró aguantar toda la presión de sus perseguidores y escapar».
Según el sitio «HISTARMAR» se pueden hacer muchas conjeturas sobre la nacionalidad del submarino. La «Operación Golfo Nuevo» ocurrió el 21 de mayo de 1958 cuando se encontraban en el Golfo Nuevo, en una etapa de mar, los cruceros «General Belgrano», «9 de Julio» y «La Argentina»; los destructores «Buenos Aires», «Entre Ríos», «Misiones» y «Santa Cruz», el buque taller «Ing. Iribas» y los remolcadores «Sanavirón» y Charrúa», más algunos aviones navales.
DESDE 1895
La presencia de la Armada Nacional en las costas de Península Valdés se remonta a mediados del Siglo XIX. Existen antecedentes de ejercicios militares, tanto navales como de infantería de marina desde el año 1895, con la presencia de la Flota de Mar y existen claras referencias de la presencia de algunos buques históricos, tal es el caso de la Fragata Escuela Presidente Sarmiento en las aguas del golfo a principios de 1905 con el objetivo de realizar ejercicios militares, como parte de un viaje de instrucción que duró ocho meses.
También el Crucero "ARA General Belgrano" realizó ejercicios en las costas de Península Valdés. Justamente el 16 de septiembre de 1955, cuando se produjo el golpe de Estado que terminó con el gobierno de Juan Domingo Perón, la nave, que por entonces se llamaba Crucero ARA "17 de Octubre" se encontraba en Golfo Nuevo, con el resto de la Flota. Las referencias históricas describen al lugar como un "espacio de mar interior que era desde comienzos de siglo, el ámbito para ejercitaciones navales".
Pocos días después la nave que había sobrevivido el ataque japonés a Pearl Harbor, cambió su denominación para llevar hasta su hundimiento en Malvinas el nombre del padre de la bandera. Los acantilados de Península Valdés fueron por años el sitio elegido para los cañoneos navales y justamente se menciona a Punta Pirámide como un lugar, que por poseer una curiosa forma natural que recuerda a la silueta de un barco, fue utilizada durante mucho tiempo por la Armada Argentina como blanco para las prácticas de tiro con artillería pesada.
27/11/07
EL CHUBUT
