En la convención celebrada en Ginebra el año pasado, la OIT elaboró y aprobó el Convenio 188 que contiene algunas recomendaciones para mejorar el trabajo en la pesca, sobre todo, las condiciones de habitabilidad en los distintos buques comerciales.
En la convención celebrada en Ginebra el año pasado, la OIT elaboró y aprobó el Convenio 188 que contiene algunas recomendaciones para mejorar el trabajo en la pesca, sobre todo, las condiciones de habitabilidad en los distintos buques comerciales.
(Mar del Plata) Más allá que Argentina suscribió a la norma, poco se hace para comenzar a aplicar estos criterios que buscan mejorar la vida de los hombres de mar, cuando no están trabajando.
“Lo construido, construido está”, dice el ingeniero naval Marcelo Fuster, al tiempo que propone que “puedan existir cambios en los diseños de las embarcaciones para atender esta situación que es muy desfavorable para la mayoría de las tripulaciones de los pesqueros que operan en nuestro caladero”.
Diseñador, perito naval, docente de la Escuela Nacional de Pesca, asevera que las ordenanzas vigentes por la Prefectura Naval Argentina priorizan aspectos para garantizar la seguridad de la vida en el mar y mejorar la operatividad y navegabilidad de los buques pesqueros.
“Creo que ha llegado la hora de comenzar a pensar en el hombre que trabaja sobre lo que diseñamos en los planos”, señala el especialista, al tiempo que reconoce que todos “coinciden en señalar que su lugar de descanso, los dormitorios, la cocina, o el comedor, son incómodos”.
En su Parte V, el Convenio aprobado en Ginebra recomienda aspectos a tener en cuenta por los diseñadores al momento de destinar el espacio para el alojamiento de la tripulación, los cuales deben ser cómodos y confortables.
“En la actualidad, especialmente en los buques más chicos, de menos de 24 metros de eslora, nadie descansa en los camarotes. Los pasillos son muy angostos, algunos no tienen salida de emergencia y las instalaciones sanitarias son precarias”, enumera Fuster entre las falencias habituales que se ven en los barcos pesqueros. “En algunos casos hay literas atravesadas de banda a banda, que provocan trastornos a la salud”, agrega.
El ingeniero se muestra esperanzado en poder comenzar a aplicar estos nuevos criterios en un mediano plazo. “Tal vez sea necesario construir barcos más grandes para atender todas estas razones, y en otros casos, hay que apelar a la creatividad para poder resolver estas necesidades. Lo importante es que se está comenzando a poner en foco al hombre que trabaja en el mar”, valora.
El artículo 41 del Convenio establece como recomendación que los barcos que permanezcan más de 3 días en el mar deben tener una eslora superior o igual a 24 metros. Y el Anexo III contiene la necesidad de la autoridad de aplicación de exigir un plano detallado del alojamiento de la tripulación y establece condiciones y medidas mínimas para una óptima habitabilidad cuando no se trabaja.
Por MARCELO FUSTER, INGENIERO NAVAL Y DOCENTE
08/09/08
PESCA&PUERTOS
