La competencia cada vez mayor de los países asiáticos y la extranjerización de puestos de trabajo podrían condenar a Nueva York, símbolo del triunfo de Occidente en el último siglo, a seguir los pasos de la ciudad italiana, que 500 años atrás entró en una lenta declinación al modificarse, como ahora, el eje de la economía mundial.
La competencia cada vez mayor de los países asiáticos y la extranjerización de puestos de trabajo podrían condenar a Nueva York, símbolo del triunfo de Occidente en el último siglo, a seguir los pasos de la ciudad italiana, que 500 años atrás entró en una lenta declinación al modificarse, como ahora, el eje de la economía mundial.
LONDRES.- Venecia puede parecer un lugar poco adecuado para pensar en la globalización. En el momento indicado del año, en el momento justo del día -antes de que los turistas medio desnudos desciendan sobre San Marco como una horda de bárbaros-, la Reina del Adriático puede dar la impresión de que ha quedado fuera del siglo XXI. Por no mencionar el diecinueve y el veinte.
Por lo general vengo aquí para olvidarme de la modernidad, sumergirme en un pasado urbano que parece casi único de tan intacto. Sé que es una ilusión. La mera ausencia de autos no hace de ésta la misma ciudad en la que creció Canaletto hace trescientos años. El motor de combustión interna perturba la paz allí también, aunque con un registro más bajo, acuático. Los apetitos de los viajeros de bajo presupuesto han alterado la economía de la ciudad, así como las emisiones de la industria pesada cercana -incongruentemente visible en el horizonte- han alterado la ecología de la laguna.
Por el lado positivo, por supuesto, hoy es improbable que uno muera prematuramente de una epidemia de cólera, el destino del personaje de Thomas Mann, Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia .
Pero precisamente porque la historia dejó atrás a Venecia, en términos arquitectónicos, si es que no en otros, es el lugar ideal para ponderar los vastos cambios económicos de los que estamos siendo testigos en nuestro tiempo. Porque lo que le tocó a Venecia hace alrededor de 500 años bien puede ser el destino inminente de la contraparte norteamericana de esta ciudad: Nueva York.
Así como el eje de la economía mundial se alejó de Venecia alrededor del 1500, condenándola a una declinación relativa y a un lento estancamiento, y, en último extremo, rebajándola de metrópolis a museo, hoy podría estar alejándose de la que fue en un tiempo el mayor entrepôt (almacén) del mundo Atlántico.
No es sólo que los banqueros de inversión estadounidenses estén preocupados porque Londres hace más negocios que Nueva York. Se necesita mucha más reestructuración financiera en la economía aún fragmentada de Europa que en los Estados Unidos, por lo que la delantera de Londres no sorprende, más allá de las diferencias regulatorias. Mucho más impresionante es el cambio que hay por delante, identificado por Alan Blinder, de Princeton, en un reciente trabajo titulado: "¿Cuántos puestos de trabajo estadounidenses pueden ser tercerizados al exterior?"
Analizando cuidadosamente qué actividades son más vulnerables al ascender la competencia asiática la cadena de valor de la manufactura a los servicios, Blinder estima que "entre el 22 y el 29 por ciento de todos los puestos de trabajo de EE.UU. son potencialmente tercerizables al exterior o lo serán en la próxima década o dos". Es decir, uno de cada cuatro empleos.
Hoy en día se presta mucha más atención en los medios de EE.UU. a los inmigrantes ilegales, la mayoría de los cuales viene de México. Pero sólo compiten con los estadounidenses menos capacitados: recolectores de frutas y mucamas de hotel. La nueva generación de graduados asiáticos de alta capacitación pero todavía con sueldos bajos puede quedarse en casa y aun competir no sólo con programadores de computadora y empleados de centros de atención telefónica, sino también con contadores y analistas financieros. Incluso con abogados corporativos y operadores en derivados de bolsa. En síntesis, con los neoyorquinos.
Manhattan ha sido por más de un siglo el centro financiero de la economía atlántica, el lugar donde los servicios financieros norteamericanos alcanzaron masa crítica. Si Blinder tiene razón, eso podría cambiar y pronto. Cuantas más oportunidades de negocios surjan al este de Nueva York, tanto menos ventajosa se vuelve su ubicación. Y cuanto más se copian en otras latitudes las capacidades de los neoyorquinos, menos necesidad hay de emplearlos.
Ahora, piense en lo que le sucedió a Venecia. En 1500, la ciudad estaba en el cenit de su poder económico. Era el centro de la economía europea, el lugar donde se encontraban la cristiandad, el levante y oriente. La riqueza que derivaba del comercio y las finanzas es lo que hizo posible los monumentos que admiramos hoy, así como hizo posibles los ejércitos y las marinas con los que los venecianos dominaron a sus rivales.
Entonces llegó Colón. Los descubrimientos y conquistas en el Nuevo Mundo a partir de 1492 iniciaron una profunda reorientación del mundo del este al oeste. Al fluir la plata y el azúcar en una dirección a través del Atlántico, emigrantes y esclavos en la otra, surgieron nuevas oportunidades de negocios que favorecieron a Amsterdam y Londres. En los hechos, los comerciantes de Venecia se encontraron con que sus trabajos eran "tercerizados al extranjero".
Nuevas rutas comerciales
Pero no fue tanto el Nuevo Mundo el que hundió a Venecia como el descubrimiento de una nueva ruta -bordeando el Cabo de Buena Esperanza- del Viejo Mundo de Europa al mundo aún Más Viejo de Asia. Cuando los navíos portugueses, holandeses y luego británicos lograron transportar las especies y sedas de Oriente a Occidente sin necesidad de las viejas rutas por tierra, La Serenissima perdió las tres cosas de las que más depende un centro comercial exitoso: ubicación geográfica, ubicación geográfica y ubicación geográfica. La declinación de gran potencia a jardín de los placeres y de allí a peón (de los emperadores franceses y austríacos) fue lenta pero inexorable.
¿Se está dando una reorientación similar de la economía global hoy? Sí. Los 400 años posteriores a Colón presenciaron una divergencia espectacular de fortunas económicas, con el Oeste volviéndose rico y el Este estancado. Nueva York fue la ejemplificación del triunfo occidental. En el último siglo, sin embargo, ese proceso se ha ido revirtiendo, convulsiva y dolorosamente al comienzo, pero de manera inexorable. Desde que el Japón de los Meiji demostró que los asiáticos podían equipararse a los europeos tanto económica como militarmente, hemos estado viviendo en la "gran re-convergencia". Y, en los últimos veinte años, Asia se ha ido acercando a los líderes de manera dramáticamente acelerada.
El resultado es un cambio perceptible en la relación de fuerzas global, que puede compararse, en su significación histórica, con el gran auge logrado por Europa occidental y sus colonias en los siglos XVIII y XIX.
Hay, por supuesto, maneras peores de declinar y caer que la senda por la que se deslizó Venecia. Aunque fue ocupada por ejércitos extranjeros en más de una ocasión, La Serenissima nunca fue destruida por bombas. Podrá ser deprimente ver a los comerciantes reemplazados por turistas, pero es mejor que convertirse en escombros. Por lo cual quizás los neoyorquinos deberían simplemente encogerse de hombros. Aunque la actividad económica esté condenada a migrar a Oriente, al menos su ciudad ya se ha establecido como destino turístico atractivo, así como lo hizo la Venecia del siglo XVIII. Siempre que sobrevuelo Manhattan me recuerda poderosamente la vista de Venecia desde el aire: ambas densamente pobladas de edificios elevados, ambas rodeadas de agua. Sub specie aeternitatis , las dos ciudades tienen mucho en común. Ambas son hermosas.
La cuestión es si la historia nos bendecirá repitiéndose de modo tan prolijo. No toda coyuntura histórica se convierte en tendencia secular plena. Considérese el siguiente escenario, que podría interrumpir la gran reconvergencia este-oeste prematuramente.
1) Los demócratas en el Congreso imponen aranceles proteccionistas a bienes chinos.
2) Un presidente Bush desafiante lanza ataques aéreos contra Irán, haciendo subir el barril de petróleo a 90 dólares.
3) La bolsa china (que ahora indiscutiblemente está en una burbuja) se hunde.
4) La economía china se detiene de pronto, provocando desempleo y conmociones sociales en todo el país.
5) Desilusionados, los elementos más cautos del Partido Comunista reprimen al pueblo, pero esta vez pierden el control.
Tal escenario, por cierto, debe de estar en la lista de eventos de "baja probabilidad y alto impacto", pero decididamente no en la lista de eventos "totalmente imposibles y de impacto cero". A fin de cuentas, uno de los principales motivos del terrible desempeño económico de China a lo largo del siglo XIX y la mayor parte del XX fue precisamente su inestabilidad interna. Basta pensar en la rebelión de Taiping (1851-1864), una revuelta campesina que, según cálculos de contemporáneos occidentales, costó entre 20 y 40 millones de vidas, más que la Primera Guerra Mundial.
Existe todavía, por tanto, la posibilidad de que Nueva York retenga su ventaja histórica sobre sus nuevos rivales asiáticos a base de estabilidad política a la antigua. Y no hace falta irse tan lejos como a Shanghai: hasta Londres es un lugar significativamente más peligroso que Nueva York en estos tiempos. Desde el 11 de septiembre se ha hecho mucho más en Estados Unidos que en Europa occidental para destruir las redes terroristas. Si tuviera que hablar de un evento de "alta probabilidad y alto impacto" que me llena de temor, sería un ataque terrorista nuclear dirigido contra la capital británica.
Venecia, como dije, ha tenido suerte al experimentar una suave declinación. La de Londres puede serlo menos. La próxima cosa mala que suceda -sea en Europa, el Medio Oriente o en Asia- nos recordará dolorosamente que el puerto más seguro sigue siendo el que tiene la Estatua de la Libertad en su entrada.
Por Niall Ferguson
Profesor de Historia de la Universidad de Harvard
Traducción de Gabriel Zadunaisky
20/05/07
LA NACION
