Fuerte oposición a la prórroga para navegar con casco simple

Fuerte oposición a la prórroga para navegar con casco simple

Parte de la herencia que la administración actual recibe de la “década ganada” tiene que ver con que el relato de un mundo perfecto y feliz, en los hechos, es un divorcio a la griega. El 31 de este mes opera el vencimiento para la navegación de barcazas de casco simple, según la disposición de la Prefectura Naval Argentina n° 1/2008.


Parte de la herencia que la administración actual recibe de la “década ganada” tiene que ver con que el relato de un mundo perfecto y feliz, en los hechos, es un divorcio a la griega. El 31 de este mes opera el vencimiento para la navegación de barcazas de casco simple, según la disposición de la Prefectura Naval Argentina n° 1/2008.

El relato señalaba que armadores y astilleros argentinos se unirían en abrazo fraterno contra la política extractiva de recursos naturales obrado por corporaciones multinacionales y otras yerbas.

La realidad da cuenta de que el interés armatorial promovería una extensión del plazo antes de incorporar las barcazas doble casco, por un lado, y que la industria naval se opone férreamente a tal licencia, por el otro.

En una carta enviada al prefecto general Luis Heller, el presidente de la Cámara Santafecina de la Industria Naval (Casin), Miguel Álvarez, dejó constancia de la “total oposición” al pedido naviero. “La industria naval argentina cuenta con el potencial suficiente para proveer a los armadores argentinos de barcazas modernas en plazos de entrega muy convenientes y a un precio competitivo”, destacó Álvarez, a la sazón, la voz en el desierto de un sector naval cuya legitimidad -en materia de representatividad del potencial y de la oferta empresaria- no deja de estar en duda, a la luz del obrar de mesas de concertaciones, asociaciones, federaciones y sus voceros, que tanto esfuerzo en una ley pusieron, y ahora, cual Groucho Marx, proponen otros principios a los principios que no prosperaron.

La realidad da cuenta de que persiste una gran parte de la flota fluvial que no entró en proceso de modernización. Mal que les pese a muchos cargadores y armadores, hubo mucha importación de material usado norteamericano, de casco simple.

“Los astilleros nacionales se han equipado, realizando cuantiosas inversiones ante el desafío de proveer la oferta necesaria para atender el aumento del tráfico fluvial”, agrega Casin. Hubo fuertes inversiones. Hoy hay capacidad ociosa, turnos de trabajo eliminados y miles de obreros cesanteados.

Pero la necesidad de barcazas y remolcadores sigue firme: en primer lugar, para modernizar el material flotante -¿es condición suficiente que flote para que siga navegando?- y, en segundo lugar, para prepararle el terreno a las 150 millones de toneladas que deben moverse, necesariamente, por el río. (Por Emiliano Galli; La Nación)

24/12/15

 

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