Estratégica y mal conocida

Días pasados el prestigioso diario “La Nación” dedicó una de sus editoriales a describir la difícil situación por la que atraviesa el sector pesquero de nuestro país.

Días pasados el prestigioso diario “La Nación” dedicó una de sus editoriales a describir la difícil situación por la que atraviesa el sector pesquero de nuestro país.

Bajo el título “Pesca: se necesitan reglas claras” se reseñan algunas de las conclusiones del informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) sobre el desempeño de la Subsecretaría de Pesca.

No es nuestro propósito reiterar aquí lo ya dicho en nuestra edición Nº 202 del 21 de abril último, información que repercutió ampliamente en diversos medios de comunicación y permitió hacer visibles las falencias e irregularidades detectadas en el funcionamiento del organismo pesquero nacional, así como las medidas adoptadas por la actual gestión en pos de mejorar la eficiencia de la administración pesquera.

Sin embargo, lo que si merece destacarse es el reconocimiento que se hace en la referida nota respecto de la “importancia estratégica” que tiene la pesca para la Argentina y su aporte anual a las exportaciones de “aproximadamente 1.000 millones de dólares”. Así como la “relevancia fundamental” que tiene la actividad “en un contexto de fuerte demanda internacional de alimentos”, circunstancia que es “insuficientemente atendida por los responsables políticos”, según afirma, acertadamente, el matutino.

La importancia de ese reconocimiento radica en advertir, desde un medio de alcance nacional, sobre los graves daños que se generarán en términos de volumen de exportaciones, impacto laboral y social en las comunidades que viven de la pesca y sustentabilidad de la actividad si no se producen los cambios que el sector viene insistentemente reclamando, desde hace mucho tiempo, y que todavía no forman parte de la agenda política de los funcionarios y legisladores.

Para esa discriminación y desentendimiento que sufre la pesca, además de razones coyunturales, como el que parece ser un interminable conflicto con el campo, influyen razones estructurales. Arraigadas ideas de un sector conflictivo y oscuro, incorrectas visiones sobre su funcionamiento y la existencia de supuestos beneficios y privilegios subyacen en la mente de una gran parte de los argentinos, generando desconfianza y restándole credibilidad a los pedidos del sector.

No desconocemos que esas percepciones tienen algún asidero en la realidad y compartimos que las irregularidades cometidas en el otorgamiento de permisos de pesca, el incumplimiento de la ley Federal de Pesca, algunos arreglos espurios, las denuncias de corrupción en los sistemas de control o la tolerancia frente al trabajo en negro en algún puerto, amenazan el futuro de la actividad. Con igual énfasis también afirmamos que, lamentablemente, tales comportamientos son comunes a otras actividades productivas que gozan de un mejor tratamiento y lejos están de recibir los castigos que a la pesca se le imponen en estos momentos de crisis.

En ese marco celebramos que a la pesca se le reconozca su importancia estratégica y que se abogue por reglas claras, un correcto funcionamiento de los mecanismos de control y de sanción de los infractores y por el cuidado de los recursos pesqueros y el ambiente marino. Pero advertimos que, para asegurar la supervivencia de la actividad ante el sombrío panorama por el que atraviesa, se debe al mismo tiempo emprender una amplia tarea docente que revierta la desconfianza, alimentada por un profundo desconocimiento.

Un desconocimiento que incluye a gran parte de los argentinos, pero que también se extiende a reconocidos dirigentes políticos como la doctora Elisa Carrió que, con un discurso que pretende defender a la actividad, incurre en gruesos errores como afirmar que la pesca es una actividad privilegiada, que se la exime del pago de retenciones, recibe subsidios u otros beneficios y alcanza hasta al autor de la editorial que comentamos, al sostener que “como consecuencia de la sobrepesca las reservas de ambas especies se encuentran en vías de extinción” refiriéndose a la merluza y al calamar, cuando éste último goza de una situación biológica por demás saludable.

Sin duda, “la Argentina acarrea una larga deuda con el sector pesquero” ahora lo dijo el diario La Nación, nosotros lo reiteramos una vez más. A lo mejor algo empieza a cambiar.

07/07/08
PESCA & PUERTOS

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