(FNM) En las últimas décadas, una nueva competencia en los océanos se desencadena entre las naciones. Esta vez, van por las riquezas de otra tierra – aquella que está en el fondo del mar. En esta carrera, Brasil podrá, este mismo año, desplegar su primera bandera en aguas internacionales más allá del límite de las 200 millas náuticas (370 km). A partir de este viernes, los integrantes de la International Seabed Authority (ISA) – en español Autoridad Internacional de los Fondos Marinos – se reúnen en Kingston, Jamaica, y dirán si aceptan el plan de trabajo para la exploración e investigación de un área del Atlántico Sur conocida como Elevación de Rio Grande.
(FNM) En las últimas décadas, una nueva competencia en los océanos se desencadena entre las naciones. Esta vez, van por las riquezas de otra tierra – aquella que está en el fondo del mar. En esta carrera, Brasil podrá, este mismo año, desplegar su primera bandera en aguas internacionales más allá del límite de las 200 millas náuticas (370 km). A partir de este viernes, los integrantes de la International Seabed Authority (ISA) – en español Autoridad Internacional de los Fondos Marinos – se reúnen en Kingston, Jamaica, y dirán si aceptan el plan de trabajo para la exploración e investigación de un área del Atlántico Sur conocida como Elevación de Rio Grande.
Hubo un tiempo, hace 200 millones de años, en que toda la tierra del mundo era una sola. Lentamente, como todos los grandes cambios geológicos que ocurren en el planeta, esa enorme masa se fue dividiendo. Las inmensas fracturas originaron América del Sur, África, Australia, Antártida e India. Pasaron otros muchos millones de años, América y África se separaron y, entre ellas, surgió el Océano Atlántico. Ese mar, que nadie sabía donde iría a terminar, atemorizó y sedujo a civilizaciones. Hasta que valientes navegantes, entre los siglos XV y XVII, surcaron esas aguas. Después de meses, viajando a bordo de precarias embarcaciones, encontraron aquel pedazo de tierra que, hacía milenios, se había desprendido de África. Era un continente, América. En la época, los países se involucraron en una verdadera carrera marítima para alcanzar el territorio rico en oro, piedras preciosas, otros minerales y recursos naturales.
En las últimas décadas, una nueva competencia en los océanos se desencadena entre las naciones. Esta vez, van por las riquezas de otra tierra – aquella que está en el fondo del mar. En esta carrera, Brasil podrá, este mismo año, desplegar su primera bandera en aguas internacionales más allá del límite de las 200 millas náuticas (370 km). A partir de este viernes, los integrantes de la International Seabed Authority (ISA) – en español Autoridad Internacional de los Fondos Marinos – se reúnen en Kingston, Jamaica, y dirán si aceptan el plan de trabajo para la exploración e investigación de un área del Atlántico Sur conocida como Elevación de Rio Grande.

Si se concede el permiso, el gobierno brasilero obtendrá, por un período de 15 años, el derecho de investigar el potencial de dicho territorio que se encuentra a 1.500 kilómetros de distancia de la costa y recibe el nombre de Elevación” porque está a unos mil metros de la superficie, en una región donde el océano alcanza los 4.000 metros de profundidad. En ella ya fue constatada la existencia de cobalto, níquel, cobre y manganeso y otros metales: zirconio, tantalio, telurio, tungsteno, niobio, torio, bismuto, platino, cerio, europio, molibdeno y litio, esenciales para la industria de alta tecnología. Científicamente, ellos son llamados nódulos polimetálicos.

En otra etapa, el país podrá explorar y hasta extraer esos minerales. “Además de su carácter estratégico, la iniciativa brasilera permitirá el desarrollo tecnológico y de recursos humanos”, explica el director del Servicio Geológico de Brasil (también conocido por su antigua sigla CPRM).
El plan de trabajo en la Elevación, presentado a ISA el último día de diciembre de 2013, fue movido por el interés económico, pero principalmente estratégico. Si Brasil no se capacita y explora esa riqueza, otros países lo harán. Hay también un ítem importante incluido en el permiso: el país que detente el control de la región investigada puede usar sus Fuerzas Armadas para protegerlas. “Las naciones descubrirán el mar, desarrollarán investigación y tecnología para uso en grandes profundidades y percibirán que allí hay tanta riqueza o más de la que existe en el continente”, dice el almirante Marcos Silva Rodrigues, secretario de la Comisión Interministerial para los Recursos del Mar (Secirm), una organización colegiada con la participación de 16 ministerios.
ISA es una organización internacional autónoma perteneciente al sistema de las Naciones Unidas. Por su intermedio, los 166 Estados partes organizan y controlan las actividades en el mar, particularmente con miras a la gestión de sus recursos minerales. El organismo surgió para aplicar las normas de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, aprobada en diciembre de 1982 y en vigor desde julio de 1994. La convención estableció que el fondo marino y su subsuelo, más allá de las jurisdicciones nacionales, pasa a denominarse la “Zona”. Todos los recursos allí existentes, inclusive los minerales, son patrimonio común de la humanidad.
Diario Valor intentó consultar a la División de Mar, Antártida y Espacio del Ministerio de Relaciones Exteriores, que prefirió evitar pronunciarse sobre el tema antes de la reunión en Kingston.
En el siglo XXI creció el interés en el mundo por la exploración mineral de los océanos en la Zona. China ya realizó prospecciones en la región y, no hace mucho tiempo, la organización estatal China Ocean Mineral Resources Research and Development Association, anunció el descubrimiento de depósitos hidrotermales (señal de la existencia de minerales) en el Atlántico Sur. Los chinos ya mapearon los sitios en los que vienen manifestando interés en asociarse, a través de “joint ventures”, y cooperar con otros países con el objeto de conseguir concesiones de la Autoridad internacional.
La Elevación de Rio Grande ha sido visitada por Alemania y por Rusia. El instituto de investigación alemán IFM-Geomar anunció que este año realizará una expedición oceanográfica al Atlántico Sur para ampliar el conocimiento sobre posibles minerales identificados por británicos y chinos. Rusia, que ya realiza investigaciones en el Océano Pacífico y en el Atlántico Norte, también quiere marcar su presencia en el Atlántico Sur. “Si no invertimos, corremos el riesgo de tener un país extranjero extrayendo riquezas al lado de nuestras fronteras marítimas”, advierte Roberto Ventura, director de CPRM.
El valor de esas riquezas, no es mensurable por el momento. Pero los productos que dependen de esos minerales para existir son más que conocidos. El cobalto es indispensable en la producción de aleaciones metálicas en la industria de aviación; en los electrodos de las baterías eléctricas de los denominados “automóviles verdes”, movidos a electricidad; y en los equipamientos que usan la radiación gamma para los tratamientos de cáncer.
Los depósitos de fosforita, que están siendo identificados en las cuencas de Santos y Pelotas (RS), podrán abastecer de este mineral, imprescindible en la industria de fertilizantes. Brasil es el cuarto mayor consumidor de fertilizantes, pero solo responde por el 2% de la producción mundial. El uso de estos productos aumentó de 3,1 millones de toneladas en 1990 a 12,2 millones de toneladas en 2012. Hasta el 2017, se estima que habrá un incremento del 3,8% anual.
Los principales cultivos que dependen de los fertilizantes son: soja (34%), maíz (18%), caña de azúcar (15%), café (7%), algodón (6%) y arroz (2%). “Considerando el volumen de recursos que la minería genera al país y las perspectivas que se abren con la exploración en el mar, el gobierno necesita tratar este asunto más seriamente y aumentar esta discusión en el Marco Regulatorio de la Minería que se tramita en el Congreso”, reclama el geólogo Agamenon Dantas, de la consultora Oceanis Mineral International.
La empresa trabaja con 40 profesionales del área que hacen diagnósticos y trazan perspectivas del sector para la iniciativa privada y los gobiernos. Uno de los consultores es el geólogo Kaiser Gonçalves de Souza. Formado en la Universidade do Vale do Rio dos Sinos, Souza es magister y doctor de la Université de Paris en geología marina. Nacido en el interior de Maranhão, Souza fue criado en Porto Alegre. Muy temprano se apasionó por el mar. Trabajó en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos y como director del Servicio Geológico de Brasil (CPRM).
Durante la década pasada, con su equipo, realizó el primer relevamiento de la región sumergida ahora requerida por el gobierno brasilero. La solicitud se centra en un área de cerca de 3.000 kilómetros cuadrados en el Atlántico Sur, y con inversiones previstas en USD 11 millones en los primeros cinco años de contrato. “No es mucho, pero, en este tipo de trabajo el mayor costo radica en el alquiler de barcos de otros países, porque no tenemos embarcaciones apropiadas para esa finalidad, y con los análisis de los materiales recogidos”, explica Souza, que confía en que se obtendrá la luz verde de la Autoridad para el pedido.

En 2011, fue fletado el buque de investigación “Marion Dufresne”, del Instituto Polar Francés. El CPRM contrató el barco con recursos financieros del Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC) del Ministerio de Minas y Energía – aproximadamente R$ 60 millones. El año pasado, una asociación científica entre Brasil y Japón permitió obtener muestras – a 4.200 metros de profundidad – de rocas en la Elevación de Rio Grande. La tarea fue concretada con el minisubmarino “Sinkai” – uno de los pocos en el mundo capaces de enfrentar las condiciones de profundidad hasta los 6.500 metros -, equipado con brazos mecánicos y cámaras de muy alta resolución.

Esas expediciones también servirán para corroborar otra tesis de los científicos brasileros en defensa de la propiedad de la Elevación. Ésta sería parte de una de las montañas de la cadena que quedó sumergida en todo el Atlántico Sur, con alturas que llegan a 3.200 metros a partir del lecho del océano. Aunque localizadas en aguas internacionales, las rocas encontradas demuestran que la región sería una extensión de las tierras brasileras inundadas por el océano, separando el margen continental brasilero de las grandes profundidades oceánicas. “Es como si un enorme pedazo de nuestro continente hubiese sido cubierto por las aguas. Y de hecho, lo fue”, afirma Ventura.

La búsqueda de esa nueva frontera y sus recursos dio origen a varios proyectos: Levantamiento de la Plataforma Continental (Leplac), iniciado hace dos décadas por científicos; el Remplac, que evalúa la potencialidad mineral de la Plataforma Continental Jurídica Brasilera; y el Proarea (Programa de Prospección y Exploración de Recursos Minerales del Atlántico Sur y Ecuatorial), donde está la investigación de la Elevación de Rio Grande. “Ellos son idénticos en su objetivo, pero diferentes en las áreas sobre las que actúan. Uno está en la jurisdicción brasilera y otro en la zona internacional de los océanos. En la Plataforma – una extensión geológica, como si fuese un minicontinente – se encuentran las mismas rocas que en tierra”, explica Kaiser Souza.
“Si comprobáramos que el continente sumergido es parte de Brasil, eso puede cambiar toda la dimensión actual de nuestro mar territorial”, sostiene Lauro Calliari, profesor y doctor en oceanografía geológica del Instituto de Oceanografía de la Universidad Federal de Rio Grande (Furg), uno de los más importantes centros de estudios brasileros sobre el tema.
El Levantamiento de la Plataforma fue entregado en la ONU en 2004 y es una de las vertientes de la Amazônia Azul. La expresión fue creada por el excomandante de la Armada Roberto de Guimarães Carvalho con el objeto de mostrar a la población que el mar brasilero era tan importante como la Amazônia. “La Armada nunca tuvo la intención de promover una disputa para medir la importancia de una u otra área. Ambas son estratégicas para nuestro país”, afirma el almirante José Roberto Bueno Junior, director del Centro de Comunicación Social de la Armada.
Brasil tiene cerca de 8.500 km de costa en un área oceánica que totaliza casi 4,5 millones de km2 bajo su jurisdicción. Actualmente, el 91% del petróleo brasilero proviene del mar y fueron encontrados grandes depósitos de gas natural en la Cuenca de Santos y en el litoral de Espírito Santo.
La Amazônia Azul – 4,5 millones de kilómetros cuadrados, que equivalen al 52% del territorio continental del país – engloba proyectos y acciones en las áreas económica, ambiental, científica y de soberanía. En el mar, las fronteras no existen físicamente. Por tanto, es la existencia de formas de disuasión lo que permite a un país mostrar a los otros su dominio sobre la región. “Tenemos una manera lúdica de mirar al mar que es necesario cambiar. Es preciso pensar en el mar estratégicamente. Solo por citar un ejemplo, podemos recordar que más del 95% de las exportaciones brasileras son transportadas por mar “, observa Bueno.
Si tantas riquezas circulan y están en esas aguas, resguardar la soberanía sobre ellas es una de las grandes preocupaciones de las autoridades. “Somos, sí, un país con muchas carencias. Sabemos también que nuestras Fuerzas Armadas no pueden ser mayores que la capacidad de Brasil de mantenerlas. Todo eso, no obstante, no nos exime de la obligación de proteger a la nación”, afirma el secretario de la Secirm, almirante Rodrigues. La Armada desarrolla diversos proyectos en ese sentido, como el Programa de Desarrollo de Submarinos (Prosub), que prevé la construcción del submarino a propulsión nuclear y un sistema de vigilancia y de monitoreo semejante al Sivam (Sistema de Vigilancia de la Amazônia).
No todos los desafíos para iniciar la conquista del territorio marítimo más allá de las actuales fronteras están encaminados. Uno de ellos es el de convencer a la iniciativa privada a invertir y participar de los trabajos en la Elevación de Rio Grande, en las etapas futuras. “Cualquier actividad en el mar siempre será muy cara. La ciencia ya ha hecho una parte, identificando los minerales que allí están. Ahora la industria brasilera, los grandes conglomerados de minería, tienen que participar también”, afirma el profesor Kaiser Souza.
Otro obstáculo a ser superado es el de la protección ambiental, que preocupa a la comunidad científica. “Por más que se trabaje con proyectos que busquen la sustentabilidad, siempre habrá algún impacto en el ambiente marino. No es simple. No se trata de ir al fondo y extraer el mineral”, alerta el profesor Calliari.
Edmo Campos, profesor del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo, uno de los asesores de la comisión del Ministerio de Ciencia y Tecnología que organiza la creación del Instituto Nacional de Investigaciones Oceanográficas e Hidrovias, concuerda con la postura de Calliari. Edmo es especialista en oceanografía física y coordina la participación brasilera, financiada por la Fapesp, en el análisis de la circulación de calor en el Atlántico Sur, o Samoc (South Atlantic Meridional Overtuning Circulation). “Se sabe que hay muchos organismos vivos allí que ni siquiera fueron clasificados. Ofende a los oídos de los científicos la posibilidad de que ellos desaparezcan sin haber sido ni siquiera conocidos”, afirma Campos.
Las actividades mineras en aguas profundas, observa Campos, son pasibles de accidentes cuyos daños pueden afectar hasta las costas. “Brasil debe hacer las investigaciones. Pero no puede llevar eso adelante sin un estudio criterioso del impacto. Hay una serie de preguntas sobre esos trabajos que no fueron todavía respondidas”, advierte.
Responder a todas las preguntas sobre lo que existe en las profundidades del mar, considerada la última frontera del mundo, es tarea para muchas generaciones. Los descubrimientos científicos deberán dar respuesta de a poco a un sinfín de esas cuestiones. Pero ciertamente, no conseguirán impedir que los secretos ocultos en el fondo de las aguas, por mucho tiempo todavía, atemoricen y estimulen la imaginación de quienes intentan descifrarlos. (Por Monica Gugliano; Valor Econômico en PyN. Adaptado al español por NUESTROMAR).
11/07/14

