El puerto de Santa Cruz y las reparaciones navales

EN UN ARTÍCULO del pasado mes de agosto, don Pedro Anatael lamentaba la marcha de Santa Cruz del Dique Flotante, medio mecánico para reparaciones navales en seco, que vivió en nuestro puerto algunas vicisitudes que llegaron incluso al embargo.

EN UN ARTÍCULO del pasado mes de agosto, don Pedro Anatael lamentaba la marcha de Santa Cruz del Dique Flotante, medio mecánico para reparaciones navales en seco, que vivió en nuestro puerto algunas vicisitudes que llegaron incluso al embargo.

Su llegada había sido todo un acontecimiento, puesto que NUVASA, la entonces concesionaria del astillero, a los 100 metros del "syncrolift" añadió los 130 de este dique flotante, con lo que la capacidad de reparación naval quedaba a la altura que necesita la importancia del puerto santacrucero. Las empresas consignatarias, especialmente las del sector pesquero y de transporte frigorífico, aplaudieron esta solución a las carencias anteriores y reconocieron que era una digna alternativa a la bien pertrechada industria de la reparación naval del puerto de La Luz y Las Palmas.

Desconocemos si es cierto que -según cuentan- NUVASA quedó herida de muerte con la caída política en Mauritania del osado armador Hameida Bucharaya, creador de toda una flota pesquera de cuyo tráfico se benefició mucho el puerto de Santa Cruz. O si, por el contrario, ocurrió que los sustitutos del audaz empresario, Interburgo España, no supieron plantear una política de marketing acorde con las dimensiones y condiciones del varadero y que, tal vez, hubiera permitido su continuidad en nuestro puerto.

NUVASA, al igual que la Dársena de Pesca, nació al calor de dos décadas en que el puerto de Santa Cruz encabezaba la lista de los puertos pesqueros del Atlántico. Innumerables buques japoneses, coreanos y chinos, más tarde españoles y rusos, pasaron por sus gradas y dejaron el recuerdo de una etapa de auge económico poco conocida en nuestro puerto y ciudad y de difícil repetición.

La tristeza nos ha embargado al ver partir hacia otros mares una "máquina" que nos ayudó a crecer y a ser conocidos como puerto. Más triste aún fue leer en el contenido del PIOT (Plan Insular de Ordenación del Territorio), que "había" que desmantelar la industria de reparación naval de Tenerife. Pensamos que se perdía el rumbo y se renunciaba a ser un puerto de rango internacional. Todo se quería cambiar por los bonitos cruceros, de mucho ruido y pocas nueces, y el nuevo negocio de las marinas; ignorando que todo eso cabía en el mismo "saco" de nuestro puerto si dedicábamos nuestra imaginación y esfuerzos.

El Cabildo, gobierno de la isla, debe al sector portuario y a su industria naval -nuestro mar- un poco del mismo cariño que, con toda justicia, da a nuestra miniagricultura, hoy amenazada, en sus dos exportaciones vitales de tomates y plátanos, por agresivos productores, y al turismo, acosado por una crisis artificial o económica. No quisiéramos pensar que su paso por CAPSA haya inducido al presidente insular a desviar su mirada hacia tierra adentro, olvidando que Canarias, y nuestra isla, viven del sol pero también del mar; y que la industria de servicios portuarios forma parte de ese mar y merece tanto mimo como otros sectores económicos.

Se fue el dique flotante y murió el "syncrolift". Por ello exigimos que se dote al puerto de Santa Cruz, por concurso de concesión a largo plazo, de un nuevo y moderno varadero a situar en alguno de los muchos espacios con que cuenta el puerto y se logre así la recuperación de esa industria auxiliar naval -actividad portuaria al fin- de que tan necesitado está el puerto. El varadero y la industria de reparación naval actual, más la que se desarrolle por su misma existencia, son un complemento vital que completará la oferta exterior del sistema portuario de Tenerife.

Es una exigencia salir al exterior en pro de la captación de clientes, como antaño lo hicieron chicharreros ya desaparecidos, y así recuperar el lugar de que es merecedor nuestro puerto de Santa Cruz. Los lamentos en contra del vecino no resuelven por sí solos nuestras carencias y nuestra somnolencia natural. La responsabilidad corresponde a los gestores políticos y empresariales, y no a la aceptada sumisión a la agresiva actividad política, industrial y comercial de nuestros vecinos. Son un ejemplo a seguir y no un enemigo a batir. Saquemos a nuestro puerto de ese "standby" a que nos ha condenado la gestión política y nuestra propia bandera.

*Presidente de la Asociación de Empresas Estibadoras

24/09/07
EL DIA

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