(FNM) Con la luz verde de las autoridades del gobierno alemán, el grupo científico embarcado dio inicio al polémico vertimiento del sulfato de hierro en aguas del Océano Atlántico Sur. La posición elegida, sin embargo, se desplazó considerablemente hacia el este, más lejos de las costas argentinas.
(FNM) Con la luz verde de las autoridades del gobierno alemán, el grupo científico embarcado dio inicio al polémico vertimiento del sulfato de hierro en aguas del Océano Atlántico Sur. La posición elegida, sin embargo, se desplazó considerablemente hacia el este, más lejos de las costas argentinas.
Finalmente – y contrariando las recomendaciones adoptadas por la Novena Conferencia de las Partes de la Convención sobre la Diversidad Biológica, el Instituto Alfred Wegener (AWI) de Alemania, y sus socios del Instituto Nacional de Oceanografía (NIO) de Goa, India, siguieron adelante con el experimento.
Antes de hacerlo, recibieron la autorización del gobierno alemán. En efecto, a través de un comunicado fechado el 26 de enero, y publicado en su sitio web, el organismo científico anunció que “el Instituto Alfred Wegener para la Investigación Polar y Marina, puede llevar a cabo la expedición LOHAFEX, a bordo del POLARSTERN. Una revisión independiente de los aspectos científicos y legales, solicitada por el Ministerio Federal de Educación e Investigación, y por el Ministerio Federal del Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear, llegó a la conclusión de que el experimento de fertilización LOHAFEX no está ni en contra de los estándares ambientales, ni en contra de la legislación internacional vigente. No existen por tanto razones ecológicas ni legales para mantener la suspensión del experimento de fertilización LOHAFEX”.
La directora del organismo, Dra Karin Lochte celebró que los expertos revisores – sobre cuya filiación no proveyó información alguna – hubieran confirmado completamente la evaluación de riesgo ambiental hecha por el AWI.
Un día después –el martes 27 -, desde la misma página se da cuenta de que tan pronto fue recibida la autorización del Ministerio Federal de Investigación, el buque dio inicio al vertimiento del hierro.
El primer paso consistió en el despliegue de una boya derivante equipada con telemetría GPS en el centro de un “eddy” oceánico que fue considerado apropiado desde el punto de vista oceanográfico, para el experimento. La columna de agua fue muestreada para obtener una situación de base previa al inicio de la fertilización.
Según se infiere de las comunicaciones publicadas por el AWI, la zona escogida para el vertimiento, se encuentra en proximidades de 48º S y 15º 30´W, en una zona de 3.800 metros de profundidad.
Esta zona se encuentra a unas 1.000 millas de las Islas Georgias del Sur, una posición bastante más distante de la que se previó en un primer momento. La infografía que acompaña esta nota – y que es provista por el AWI – muestra que efectivamente, el buque estuvo navegando hacia el este durante estos últimos días.
Al mediodía, comenzó a verterse el sulfato de hierro, disuelto en agua de mar, a través de una manguera que descarga a 15 metros de profundidad. La descarga se realiza en un circuito que se va alejando en espiral del centro de la boya.
Un área de 150 kilómetros cuadrados será fertilizada con 10 toneladas de sulfato de hierro. Dependiendo de la meteorología, la maniobra de vertido tomaría unas 30 horas.
Asimismo, y en función de la respuesta de las algas, podrían volcarse otras 10 toneladas de sulfato de hierro más adelante. Esta “refertilización” ha sido habitualmente necesaria en experimentos anteriores realizados en aguas frías.
La comunicación del AWI expresa que los científicos “se encontraban encantados de haber podido comenzar el experimento, teniendo en cuenta que el tiempo que les queda para monitorearlo, se ha reducido a 40 días”.
La Dra Lochte lamentó que la controversia sobre el LOHAFEX se haya reducido básicamente a un conflicto político “que nosotros como instituto de investigación no podemos resolver”.
Es cierto. Será el gobierno alemán el que deberá explicar, efectivamente, en virtud de qué autoridad se ha arrogado la potestad de “resolverle” al resto del mundo – a pesar de una masiva oposición- las dudas sobre las bondades o perjuicios de la fertilización oceánica.
Tal vez pueda explicar también, con qué argumentos, se opondrá en el futuro a que cualquier otro interesado – incluidas empresas privadas- experimenten a su gusto y placer.
28/01/09
NUESTROMAR

