Funcionarios de Economía y de la Cancillería se reunieron con el embajador de Pekín.
Funcionarios de Economía y de la Cancillería se reunieron con el embajador de Pekín.
El Gobierno intensificó los esfuerzos para bajarle el tono a la disputa comercial con China, originada en la decisión argentina de limitar las importaciones de algunos productos procedentes de ése y otros mercados asiáticos. Ayer al mediodía, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradia, almorzó con el embajador Zhang Tuo. Ante un menú netamente oriental, el diplomático argentino le pidió a su par asiático que fuera paciente.
"Fue una reunión muy amable en la que nos dijimos cosas serias, pero en un buen clima. Les pedimos que tengan en cuenta no el anuncio, sino las medidas concretas, que todavía están en proceso de elaboración. Esperamos que tengan esa paciencia para evaluar las medidas y para trabajar en función de los hechos", afirmó luego Chiaradia, que aceptó que Zhang eligiera el lugar de la comida y pagase la cuenta.
Por la tarde, en la firma de un acuerdo de cooperación por el cual el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) recibirá asistencia del Banco de Desarrollo de China (BDCH), Zhang -que habla perfecto español- también cruzó algunas palabras con el ministro de Economía, Miguel Peirano. "El ministro sólo pasó a saludar; no se habló de la relación comercial", aclaró una fuente de esa cartera.
Ambos encuentros fueron dos días después de que se conociera que tres embarques argentinos de soja recibieron en China mayores controles fitosanitarios que los habituales, lo que algunos observadores entendieron como una posible respuesta del gigante asiático a las medidas restrictivas argentinas.
Funcionarios y empresarios insistieron en que las inspecciones adicionales a cargamentos exportados por las firmas Dreyfus, Cargill y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) se realizaron antes del 17 del actual, día en que Peirano anunció una batería de medidas de protección a la industria local. Sin embargo, fue una fuente oficial la que confirmó los datos de esos embarques. Por las dudas, nadie niega que no puedan ocurrir. "No existen barcos detenidos. Confío en que no va a haber. No debería haberlos", afirmó Chiaradia.
El mes próximo llegará al país una delegación de funcionarios de la aduana china para analizar el alcance de las restricciones a las importaciones de sus productos. En el sector empresario esperan que el buen diálogo entre las aduanas de ambos países pueda encauzar la relación para que el comercio bilateral no se frene. "Es una apreciación correcta", se limitó a decir muy escuetamente Chiaradia ante una consulta de LA NACION.
El Gobierno sostiene que las medidas aplicadas y por aplicar respetarán "en un todo, los lineamientos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y no serán discriminatorias de ningún país". El secretario de Relaciones Económicas Internacionales también aprovechó el almuerzo para "reiterar la necesidad de trabajar juntos la Argentina y China para mejorar la presencia de productos argentinos de mayor valor agregado en el mercado chino".
Al final del día, cuando los encuentros con Chiaradia y Peirano ya habían pasado, el embajador Zhang Tuo afirmó que "las relaciones argentino-chinas están pasando por su mejor momento". Hoy, tal vez cambie de opinión cuando se entere de que el ministro Peirano inaugurará, a las 14, el Foro Latinoamericano del Calzado Anti-China, como se presentó oficialmente un encuentro de industriales que se realizará en el hotel Marriott Plaza.
China es el tercer socio comercial de la Argentina en importancia. Pero el 70% de lo que nuestro país le vende es soja (en poroto, aceite o harina). Desde 2001, el intercambio bilateral es superavitario para la Argentina, aunque en los últimos tiempos esa diferencia se viene achicando.
Por José Crettaz
De la Redacción de LA NACION
30/08/07
LA NACION
