El "Gamalú II", un minúsculo y añoso pesquero peruano que navega con el señorío de un pedazo de plumavit por aguas chilenas, se las ha arreglado para escurrirse durante todo el día a la frenética búsqueda del "Contramaestre Ortiz", el buque de la Armada chilena que a todo dar, con sus 1.600 revoluciones en las máquinas, intenta desde hace horas dar con él y atraparlo.
El "Gamalú II", un minúsculo y añoso pesquero peruano que navega con el señorío de un pedazo de plumavit por aguas chilenas, se las ha arreglado para escurrirse durante todo el día a la frenética búsqueda del "Contramaestre Ortiz", el buque de la Armada chilena que a todo dar, con sus 1.600 revoluciones en las máquinas, intenta desde hace horas dar con él y atraparlo.
Pero la tarea acá, internados a casi 200 kilómetros de la costa chilena, a la altura de Pisagua, es mayúscula: dar con una minúscula barcaza en este infinito mar es una pequeña hazaña que suele combinar tecnología y persistencia.
200 kilómetros mar adentro
El "Ortiz" ha levantado ancla y comienza a dejar atrás el puerto de Arica. El mar está calmo, el cielo algo tapado con nubes bajas y una suave brisa se encarga de acompañar en cubierta mientras el Morro se va empequeñeciendo a medida que el buque se interna en aguas chilenas, justo en la frontera marítima con Perú.
El comandante de la nave, el capitán de fragata Jorge Felipe Keyer, ha sacado su querido CD de "Los Cuatro Cuartos" y se encarga que por los altoparlantes del navío se escuche fuerte la melodía "Los que nunca volverán".
El "Contramaestre Ortiz", con su silueta gris, sus 518 toneladas de peso, su tripulación de 33 personas y sus casi 20 kilómetros por hora de velocidad se interna más y más en las entrañas del Pacífico, justo ahí donde ahora Perú disputa como suyo un pedazo de mar al que Chile no pretende renunciar.
Como sea, el viaje del "Ortiz" no es más que rutina en una zona donde la búsqueda de pesqueros peruanos que ingresan de manera ilegal o que pescan sin permiso dentro de las 200 millas de zona económica exclusiva es una constante.
La ruta del buque chileno supone para esta misión una larga navegación, hasta llegar a unos 200 kilómetros de la costa, para, desde ese punto, comenzar una operación llamada de "rebusca" para dar con los infractores en aguas chilenas.
"Se trata de una tarea completamente habitual para nosotros que no tiene relación con la situación de límites que se ha planteado en las últimas semanas", explica Kenneth Pugh, jefe de estado mayor de la IV zona naval, el área marítima que va desde Arica hasta Taltal.
La noche se ha apoderado del océano y muestra un iluminado pedazo de luna que logra colarse entre algunas nubes y un salpicadero de estrellas que titilan con furia allá arriba.
El mar está calmo y oscuro, como un extenso y negruzco manchón de aceite de oliva desparramado.
Aletas afrodisíacas
Acá, en la frontera marítima chileno-peruana, y pese a las tensionantes declaraciones relacionadas con la aspiración peruana de alterar el límite entre ambos países, todo sigue igual.
¿Qué significa eso?
Que la Armada de Chile sigue resguardando el límite como siempre lo ha hecho (justo en los 18° 21′ 03”), que no permite que nadie los cruce sin permiso, que la Armada peruana no ha intentado traspasar el límite y que los únicos que siguen con sus transgresiones son los pesqueros peruanos que se internan o pescan en aguas chilenas sin permiso.
El asunto es así: los pescadores del puerto de Ilo -en el sur del Perú- tienen una predilección por la pesca del llamado "tiburón azul", una especie de la que ocupan especialmente la aleta, considerada como un potente afrodisíaco en algunos mercados asiáticos.
El problema para los peruanos es que el tiburón nada preferentemente en aguas de 18 a 20 grados, las que se ubican un poco más afuera de las 200 millas marítimas, frente a las costas chilenas. MUNDO MARÍTIMO
28/08/07
PORTUALIA
