Es un matrimonio oriundo del departamento Paraná y hace tiempo viven en Tierra del Fuego: ella es Karina Franco y él Marcelo Jacob. Ella es oriunda de María Grande, mientras que él se crió en la zona rural de Hasenkamp. Fueron seleccionados para pasar un año en el continente blanco.
Es un matrimonio oriundo del departamento Paraná y hace tiempo viven en Tierra del Fuego: ella es Karina Franco y él Marcelo Jacob. Ella es oriunda de María Grande, mientras que él se crió en la zona rural de Hasenkamp. Fueron seleccionados para pasar un año en el continente blanco.
Son docentes, abnegados, dedicados a su función, como muchos otros. La diferencia: la escuela en la que dictan clases está en la Base Esperanza, en la Antártida, cuyo establecimiento quedara totalmente destruido hace algunos días, después de un incendio. Tienen 17 alumnos de EGB 1, 2 y 3, hijos del personal militar y civil de la base.
A pesar del infortunio sufrido con el fuego, las clases continuaron normalmente y los alumnos siguen recibiendo sus lecciones en una casa de familia, en pleno continente blanco.
El matrimonio, de alrededor de 40 años de edad, tiene tres hijos: Sofía, de 12; Lucila, de 11; y Facundo de 10. Ejercen la docencia y viven en la provincia de Tierra del Fuego pero durante un año trabajarán en la Antártida.
“Esto es algo que nosotros anhelábamos más como familia que como docentes”, contó Marcelo en diálogo telefónico con El Diario.
Cada año, el Ministerio de Educación de Tierra del Fuego llama a inscripción a quienes estén interesados en dar clases en la Antártida. El requisito es que sea un matrimonio, ambos docentes. Luego, los seleccionados pasan un tiempo en un lugar de la provincia para ambientarse a las condiciones de frío extremo y al aislamiento.
Karina y Marcelo se inscribieron hace cinco años y, finalmente, fueron elegidos para pasar un año en ese destino austral.
“Llegamos el 26 de marzo, después de pasar unos días en la Base Marambio, en el rompehielo Irizar (que también se incendió, hace seis meses) y descendimos en la Base Esperanza en helicóptero”, recordó el docente entrerriano.
La Escuela Nº 38 Julio Argentino Roca tiene jornada completa y dicta clases de 8.30 a 12 y de 15 a 18.
“Se enseñan las materias de cualquier escuela común. A la tarde se agregan otras, como inglés, francés o computación para que los chicos estén ocupados y tengan una vida más amena en este lugar”, señaló el maestro.
Pero los chicos no sólo estudian y van a clases: también se divierten a lo loco disfrutando de la nieve y el hielo.
“Hoy es un día hermoso, de sol y los chicos están afuera, construyendo iglúes y jugando. Se adaptaron muy bien y seguramente no se van a olvidar nunca de esto”, recalcó.
El docente quiso dejar en claro la importancia de que exista una escuela argentina en un lugar tan lejano. “Es muy importante para nuestro país —razonó— También es destacable la gran solidaridad que hemos recibido de parte de mucha gente cuando se nos incendió la escuela”.
Pero el matrimonio Jacob no es la única presencia entrerriana en la Antártida ya que el jefe de la Base Esperanza es un paranaense: el mayor Sergio Pietrafesa.
Muy recordado en Entre Ríos por su actuación como nadador en el inicio de la década del 80, Pietrafesa emigró de la provincia para seguir la carrera militar. Se casó, tuvo tres hijas (de 19, 18 y 7) y se afincó en Buenos Aires.
Pero este año le tocó en suerte instalarse en la región más austral.
“Se extrañan un poco los afectos, nada más. ¿Qué otra cosa podría extrañar? ¿El dinero, las colas, el tránsito, los ladrones?”, preguntó irónicamente.
Actualmente, en la Base Esperanza viven 62 personas y son las que permanecerán allí durante todo este año. Hay ocho familias, 22 niños y adolescentes, 10 mujeres. “La principal función de la base es brindar apoyo logístico a los científicos argentinos que vienen a trabajar acá”, explicó Pietrafesa.
Hay 12 viviendas, un casino (que sirve como lugar de reunión pero donde también viven 11 personas), talleres, galpones donde se guardan los vehículos, una carpintería, una usina de energía y un laboratorio.
Dos antenas satelitales permiten la comunicación con el continente y el resto del mundo, además de proveer señal de televisión e Internet.
Mala pasada
El fuego les ha jugado una mala pasada a los argentinos en la Antártida.
Seis meses después del incendio que se ensañó en alta mar con el rompehielos Almirante Irizar, el edificio de la única escuela del país que funciona en el continente blanco quedó reducida a cenizas. Las llamas surgieron por fallas en el sistema de calefacción y en 90 minutos devoraron el establecimiento de Base Esperanza de la Escuela Nº 38 Pte. Julio A. Roca, que desde hace diez años depende del gobierno de Tierra del Fuego. Los alumnos que estudian allí gozaban del receso invernal, por lo que resultaron ilesos. Tampoco hubo heridos entre los otros 40 habitantes de la base, en especial aquellos que combatieron el incendio valiéndose de agua y matafuegos, ayudados por la nevada intensa y la serenidad del viento, imperantes en el lugar. El Diario.
20/08/07
EL ONCE DIGITAL
