En Puerto Deseado se ha instalado un clima de violencia que urgentemente se debe desactivar. Cuando parecía que la irracionalidad que animó los actos de vandalismo contra las empresas pesqueras ocurridos el pasado 20 de julio había cesado, inesperadamente, o no tanto, se registraron nuevos ataques y amenazas contra la persona y los bienes de un directivo de una de las pesqueras con más arraigo en la zona.
En Puerto Deseado se ha instalado un clima de violencia que urgentemente se debe desactivar. Cuando parecía que la irracionalidad que animó los actos de vandalismo contra las empresas pesqueras ocurridos el pasado 20 de julio había cesado, inesperadamente, o no tanto, se registraron nuevos ataques y amenazas contra la persona y los bienes de un directivo de una de las pesqueras con más arraigo en la zona.
Se impone en estas horas una severa reflexión de todos quienes están en condiciones de influir sobre los acontecimientos para lograr poner fin a una situación que se ha desmadrado.
El pueblo de Puerto Deseado, víctima de la intolerancia de algunos, merece que se ponga fin a esta escalada de violencia y que se identifique y castigue a quienes irresponsablemente no dudaron en apelar a métodos ilegales para tratar de imponer sus confusas pretensiones.
En estas horas, paralelamente a que crecen los rumores de la reiteración de nuevos actos delictivos en los próximos días, se ha instalado la sensación de que los pasados episodios quedarán en la impunidad.
Nada más peligroso para restablecer el trabajo y la confianza. Trabajo que reclaman los hombres y mujeres que encuentran en la actividad pesquera la fuente de sus ingresos y confianza que necesitan las empresas para seguir desarrollando empleo e inversiones como lo han venido haciendo en los últimos veinte años.
La convivencia y el diálogo racional no pueden suspenderse en años electorales, un pueblo atemorizado no hace buenas elecciones. Tanto las autoridades, de cualquier nivel de gobierno, como los dirigentes de las asociaciones intermedias, especialmente las de carácter gremial, deben asumir la responsabilidad que les corresponde y evitar, llevados por mezquinas especulaciones electorales, amparar a quienes demostraron tener total menosprecio por los valores y derechos que deben guiar la vida en democracia.
Para intentar apaciguar la violencia en Puerto Deseado, desatada por un grupo de marineros santacruceños que incendiaron plantas pesqueras, se ha dictado una conciliación obligatoria entre el SOMU y los empresarios. Unos y otros, no parecen tener muchas esperanzas sobre el éxito de sus reuniones. Ni los empresarios pueden asegurar trabajo con plantas incendiadas, ni los representantes de los trabajadores pueden mejorar los salarios, que ya son los mejores del país. Solo por responsabilidad se sientan a negociar, sabiendo que la solución no pasa por ellos.
Es imprescindible para devolver un futuro a Deseado y a su pueblo, que se identifiquen a los responsables de la violencia y a quienes los instigaron y apañaron. Se restablezca el orden y se ponga fin a las amenazas y al temor. Solo en un clima de tolerancia y diálogo, con claros signos de repudio y castigo a quienes desataron la espiral de violencia se podrá reparar el daño que la irracionalidad provocó.
No hay tiempo, ni espacio para hacerse los distraídos, el fantasma que se reitere un nuevo viernes negro para Deseado sigue latente y mientras los inadaptados que pretenden imponer sus ideas por la fuerza sigan impunes no habrá garantías para los trabajadores, ni para los empresarios, ni tampoco para ningún político que aspire a representar los intereses del pueblo de esa localidad santacruceña.
20/08/07
PESCA & PUERTOS
