El Tratado Antártico, firmado en 1959, que comprometió a la comunidad internacional a dejar de lado cualquier pretensión territorial en el continente blanco, junto con el compromiso de preservarlo para la investigación científica, vuelve a ser blanco de la codicia colonialista británica.
El Tratado Antártico, firmado en 1959, que comprometió a la comunidad internacional a dejar de lado cualquier pretensión territorial en el continente blanco, junto con el compromiso de preservarlo para la investigación científica, vuelve a ser blanco de la codicia colonialista británica.
Este plan expansionista tiene estrecha vinculación con una presentación similar sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, lo que motivó el enérgico rechazo del presidente Néstor Kirchner, en oportunidad de pronunciar su discurso ante la última Asamblea General de la ONU.
Para el Foreing Oficce, se trata de dar cumplimiento a un tratado internacional que dio plazo, hasta 2009, para que los países signatarios demuestren hasta dónde llegan sus plataformas marítimas. Vale aclarar que si se diera por válida la expansión de las 350 millas en torno a las Malvinas, Inglaterra tendría jurisdicción marítima hasta las costas fueguinas, un verdadero absurdo jurisdiccional u otra provocación que se suma a la ocupación de nuestros territorios insulares.
Pretender soberanía antártica a partir de una usurpación que desconoce una presencia histórica, para preservar los territorios que marcan la continuidad geográfica y geológica de la Argentina y de Chile en el casquete polar, como también en las posesiones heredadas de la Colonia, es un embate inaceptable desde todo punto de vista. Más frente a la Argentina, cuya presencia como custodio de la Antártida se remonta al 22 de febrero de 1904, cuando se izó el pabellón patrio en las islas Orcadas.
Frente a esta pugna intempestiva, nuestro país y Chile se aprestan a desplegar una estrategia conjunta para frenar la ofensiva antártica británica, recreando políticamente el espíritu de los entendimientos logrados entre 1952 y 1953 por los presidentes Juan Domingo Perón y Carlos Ibáñez del Campo. El frente diplomático binacional comenzó a tomar forma en Santiago, en las conversaciones paralelas a la Cumbre Iberoamericana, sostenidas por los cancilleres Jorge Taiana y Alejandro Foxley, y se concretará en los próximos días en Buenos Aires, cuando los vicecancilleres de ambos países, Roberto García Moritán y Alberto Van Klaveren, dispondrán las acciones a seguir.
La estrategia argentino-chilena en defensa del Tratado Antártico es también es trascendente porque dejan de lado las viejas posiciones antagónicas por la superposición de los reclamos territoriales, entre los meridianos 53 y 74 al oeste de Greenwich, no obstante los antecedentes de más de un siglo de presencia argentina en la inhóspita región.
22/11/07
DIARIO DE CUYO
