Desde la semana pasada que los pescadores artesanales de Valparaíso y San Antonio que se dedican a la extracción de la llamada pescada o merluza, han tenido que recurrir a ollas comunes para alimentar a sus familias, debido a la escasez de este recurso pesquero.
Desde la semana pasada que los pescadores artesanales de Valparaíso y San Antonio que se dedican a la extracción de la llamada pescada o merluza, han tenido que recurrir a ollas comunes para alimentar a sus familias, debido a la escasez de este recurso pesquero.
La situación que afecta a todo el sector, pescadores, encarnadotas, fileteadores y otros rubros es bastante compleja y requiere una pronta solución por parte del Ejecutivo, organismo que tiene la responsabilidad de impulsar proyectos de esta índole.
Lamentablemente hemos tenido que lidiar con una pobre y casi nula reacción del gobierno, mientras pasan los días y los pescadores se ven cada día más agobiados.
Como miembro de la comisión de pesca del senado, puedo dar fe de que en cinco años de trabajo hemos estado luchando para que el gobierno se decida a discutir sobre varios puntos relevantes, como la desestatización de la investigación científica dejando en manos del IFOP el análisis de los proyectos que, con previo llamado a licitación, se presenten para mejorar la visión global del estado en el que se encuentran los recursos marinos.
En ese sentido, me parece que el actual sistema que se ha establecido para definir las cuotas de extracción y límites máximos de captura tanto para la pesca industrial como para la artesanal, es bueno, aún cuando el fraccionamiento pueda ser discutible. El problema que existe, no es el sistema, sino su administración. Ejemplo claro de esto, fue la actitud asumida por el ex subsecretario de pesca con quien tuvimos una relación casi inexistente sin ninguna iniciativa para legislar sobre, por ejemplo, el control del arrastre u otras materias que dependen de nuestra comisión.
Con todo, más allá de buscar culpables, lo que estamos pidiendo ahora es una actitud del gobierno que debiese tomar una decisión para paliar la crisis que vive el sector de los pescadores artesanales en la zona, cuya cifra llega a los cinco mil, sin contar con todo el entorno que se mueve alrededor de esta emblemática actividad.
Frente a esto, no vasta con incentivar planes de reconversión, porque claramente para aquellos pescadores más experimentados, quienes llevan años de trabajo en este rubro, será mucho más difícil alejarlos de esta actividad que han realizado por toda una vida. También es preciso estimular la pesca de otras opciones, como la captura de la jibia, a través de una política que permita impulsar el consumo interno de este recurso. Asimismo, incentivar a los pescadores para que logren desarrollar las capacidades para la extracción de crustáceos, en fin, se debe buscar una salida acogiendo y escuchando las propias propuestas de los mismos pescadores que sufren esta situación.
Lo anterior, porque se hará imperativo para la recuperación de la merluza, establecer una veda importante, mínima de cuatro años. Sólo así y con una fiscalización in situ, constante y eficaz, volveremos a contar con la que otrora fue la popular pescada.
Por Jorge Arancibia R. (Senador)
09/08/07
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