Hace escasos 7 días desde esta misma columna advertíamos la sucesión de absurdos que comenzaron con la quita de los reintegros a las exportaciones de productos de la pesca y culminaron –creíamos– con la restitución de esta compensación a través de la Resolución 137/08.
Hace escasos 7 días desde esta misma columna advertíamos la sucesión de absurdos que comenzaron con la quita de los reintegros a las exportaciones de productos de la pesca y culminaron –creíamos– con la restitución de esta compensación a través de la Resolución 137/08.
El comienzo fue en noviembre de 2005, cuando el entonces ministro de Economía de la nación, Roberto Lavagna, retrotrajo a cero los reintegros a las exportaciones de una larga lista de productos alimenticios entre los que se incluyó a los pesqueros aduciendo “que la República Argentina es un país que tradicionalmente se ha caracterizado por ser exportador neto de alimentos de alta ponderación en la canasta de consumo local, en especial la de los sectores de menores ingresos”.
Frente al proceso inflacionario que entonces se avizoraba se mezcló la manteca con las cebollas y los pescados y en lugar de obtener una sabrosa marinada se logró frenar una industria que se encontraba en crecimiento.
Obviamente no se puede contener la inflación actuando sobre un sector que influye con el 0,5% en la canasta básica de alimento, pero sí se puede llevar a las empresas al borde del colapso.
Y como lo que empieza mal suele terminar peor, la esperanza por la restitución de los reintegros duró lo mismo que lo que tardó cada uno de los actores en darse cuenta de la exclusión de los buques congeladores de la compensación. No tuvieron ni tiempo de festejar.
No escapa a nadie que si la mentada 137/08 exhibía en sus considerandos que “se observa una situación de crisis estructural de la actividad pesquera” y se hacía especial mención a la pesquería de langostino y calamar, los productos de los buques congeladores no podían ser ignorados.
La confirmación de la exclusión de gran parte de la producción pesquera fue confirmada por el sistema María a los despachantes de aduana y dejó descolocados a muchos de los que bregaron por esta medida.
Las gestiones ya comenzaron. Pero siempre hay inconvenientes, aunque en este caso no debería ya que la misma norma en su artículo 3º prevé que cada año la Subsecretaría de Pesca elevará a Economía las modificaciones que considere necesarias, en función de la evaluación de la situación del sector.
Pero los tiempos se dilatan y mientras tanto la crisis sigue golpeando, producto de la impericia, la improvisación o la mala voluntad.
Por Tedy Woodley
28/07/08
PESCA & PUERTOS
