(FNM) Antes de 1995, la estación anual de pesca del fletán de Alaska (“halibut”), duraba a lo sumo tres días. Sin importar que el tiempo fuera un infierno, los pescadores saldrían esos pocos días para tratar de capturar todo el fletán que fueren capaces. Aquellos suficientemente afortunados como para regresar vivos o no demasiado heridos a casa, se encontraban con que el precio colapsaba porque el mercado había sido inundado con el producto.
(FNM) Antes de 1995, la estación anual de pesca del fletán de Alaska (“halibut”), duraba a lo sumo tres días. Sin importar que el tiempo fuera un infierno, los pescadores saldrían esos pocos días para tratar de capturar todo el fletán que fueren capaces. Aquellos suficientemente afortunados como para regresar vivos o no demasiado heridos a casa, se encontraban con que el precio colapsaba porque el mercado había sido inundado con el producto.
Como muchas otras pesquerías en el mundo, la del fletán en Alaska resultó sobreexplotada, más allá de los esfuerzos de gestión realizados. A través de los océanos, los pescadores se ven atrapados en una “carrera por pescar sus cuotas”, carrera que ha tenido trágicas y ambientalmente desastrosas consecuencias durante muchas décadas.
Pero en 1995, los pescadores del fletán de Alaska decidieron privatizar su pesquería, dividiendo la cuota anual en “cupos de captura” que pasaban a ser propiedad, a perpetuidad, de cada pescador. Esto lo cambió todo.
Más allá de su proverbial independencia, hasta los pescadores responden a los incentivos del mercado. En la pesquería del halibut, el cambio de incentivos producidos por la propiedad, generó un profundo giro en los comportamientos. Hoy, la zafra del fletán se extiende por ocho meses, y los pescadores pueden desembarcar más pescado cuando observan que los precios están altos. En lugar de pensar como en el pasado en pescar antes que otros, ahora quieren capturar menos de lo permitido, porque la conservación incrementa el valor de la pesquería y su participación en ella. El valor combinado de sus cuotas se ha incrementado un 67%, hasta alcanzar los u$s 492 millones.
Lamentablemente la mayor parte de las pesquerías en el mundo, están todavía enredadas en una dañina carrera por pescar, que está agotando el mar de sus riquezas. Las poblaciones sobreexplotadas son pequeñas, y producen por tanto una escasa captura, o –peor aún – marchan hacia la extinción.
Con todo, la poderosa lógica a favor de los mecanismos de mercado ha sido ignorada, en parte porque la evidencia se había mantenido como una anécdota. Ahora, un estudio de las 121 pesquerías del mundo que están siendo gestionadas mediante Cuotas Individuales Transferibles (ITQ) –un mecanismo basado en el mercado -, ha demostrado que aquellas están mucho más saludables que el resto de las pesquerías del mundo (Ver: “Científicos encuentran pruebas de que la privatización de los stocks pesqueros puede prevenir un desastre”). El sistema de ITQ disminuye a la mitad la posibilidad de colapso de una pesquería.
Al otorgarles intereses de largo plazo en la salud de la pesquería, las ITQ han transformado a los pescadores, de predadores rapaces a mayordomos y guardianes del recurso. La tragedia del conjunto se resuelve cuando los individuos poseen una parte definida y garantizada de un recurso, una parte que ellos pueden comercializar. Esto significa que ellos pueden incrementar la cantidad de pescado que capturan, no mediante el uso de la fuerza bruta y el esfuerzo pesquero, sino mediante la compra de partes adicionales, o el mejoramiento de la salud de la pesquería, lo que finalmente incrementará su dimensión total.
El camino está repleto de dificultades prácticas para resolver. En teoría, por ejemplo, se podrían asignar las cuotas a través de una subasta. Pero si los pescadores no adhieren a un nuevo sistema, esto no funcionará. De este modo, los pescadores están típicamente otorgando sus partes, lo que puede llevar a discusiones amargas y politizadas. En Australia – país pionero en ITQ-, se produjo un gran avance cuando se crearon paneles de asignación de cuotas, para asesorar a las agencias de pesca. Tales paneles están presididos por jueces retirados, asesorados por expertos en pesca. La próxima prueba se verá en noviembre, cuando dos grandes pesquerías del Pacífico decidan si aceptarán la gestión de mercado.
Las ITQ, y otros mecanismos de mercado, no son un reemplazo a las regulaciones gubernamentales; de hecho deben funcionar dentro de un sistema bien regulado. Y tampoco funcionarán en cualquier lado. Algunos intentos por utilizar ITQs en aguas internacionales fracasaron, dado que resulta muy fácil para la acción de timadores y que existen regulaciones más débiles, lo que implica que no hay observadores a bordo para ayudar a mantener la honestidad de los buques.
Las ITQs tampoco funcionarán en pesquerías de crecimiento lento, en las que los pescadores podrían hacer más dinero pescando los stocks hasta su extinción, que lo que ganarían esperando que el pescado madure. Pero en la mayor parte de las pesquerías del mundo, los mecanismos de mercado producirían pescadores más ricos, y más pescado.
Hubo un tiempo en que los pescadores fueron vistos como los últimos cazadores-recolectores, aguzando su inteligencia en lucha contra los elementos para procurar su caza en la última frontera de la Tierra. Pero aquellos días ya se han ido. Cada rincón del océano ha sido recorrido utilizando alta tecnología.
Gobernantes y políticos todavía procuran manejar las situaciones de pobreza de sus pescadores por medio de subsidios a sus buques o su combustible, lo que sólo acelera la declinación. En su lugar, los gobiernos deberían promover pesquerías basadas en derechos de propiedad. Si los pescadores saben lo que es bueno para ellos – y para sus peces – saltarán a bordo. (Traducido de The Economist, 18/09/08).
Para mayor información sobre el sistema de cuotas en la Argentina, ver la presentación de CAPeCA en la EXPOPESCA 2008, haciendo click aquí .
30/09/08
NUESTROMAR
