Cuando la transferencia puede ser un espejismo (Puerto Nuevo)

Cuando la transferencia puede ser un espejismo (Puerto Nuevo)

Predominan los intereses cruzados. El traspaso de Puerto Nuevo a la ciudad enfrentará resistencias más enconadas que las de la cuestión policial.

Predominan los intereses cruzados. El traspaso de Puerto Nuevo a la ciudad enfrentará resistencias más enconadas que las de la cuestión policial.

Hace pocas semanas, la población de la Ciudad de Buenos Aires se pronunció a través de las urnas eligiendo un nuevo Jefe de Gobierno que, más allá de cuestiones ideológicas con las que se puede o no coincidir, propone transformaciones básicas que surgen de la autonomía prevista en la reforma constitucional de 1994.

Sin duda que en este nuevo contexto la prioridad es resolver la cuestión de la seguridad y el traspaso de la policía de la jurisdicción nacional a la de la ciudad, pero por vez primera vemos también que se plantea formalmente la demanda de la transferencia del Puerto de Buenos Aires en los términos previstos originalmente por la ley de Actividades Portuarias que en 1991 aprobó el Congreso de la Nación.

Pasaron ya 16 años desde que los mismísimos representantes del pueblo en el Congreso de la Nación indicaron que Buenos Aires, al igual que Bahía Blanca, Rosario, Quequén y Santa Fe, debía ser un puerto con una administración independiente y representativa, y que tras ello, su dominio debía ser pasar al gobierno local.

Sin embargo primero con argumentos (la ciudad no era autónoma) y luego sin éstos, desde 1991 nada cambió en materia de la administración del puerto local. Más allá de buenas intenciones, la pretendida transferencia a la ciudad posiblemente tenga que enfrentar reticencias y resistencias aun más enconadas que las que ya vemos en la cuestión policial. Por lo tanto, la meta planteada podría ser un espejismo imposible de alcanzar.

Es evidente que las administraciones gubernamentales de turno desde 1994 en adelante advirtieron que tras el proceso de transformación portuaria implementado con las licitaciones internacionales de 1993 para la concesión de las terminales de Puerto Nuevo, la administración del Puerto de Buenos Aires dejó de ser una pobre repartición para pasar a ser un bastión superavitario, “a prueba de interventores” y al que por ignorancia o irresponsabilidad casi nadie le ha prestado la atención que merece.

Ni que hablar del patrimonio involucrado, el avance de la transformación de Puerto Madero (hasta 1991 parte del Puerto de Buenos Aires) desde temprano hizo imposible que se siga ignorando el enorme valor inmobiliario de los activos que un gran puerto como el de nuestra ciudad posee.

Irregularidades

Los organismos de control en más de una oportunidad han comprobado irregularidades e incumplimientos, tanto de parte de la propia administración nacional, la Administración General de Puertos (AGP), como de sus concesionarios. Sin embargo, la mínima exposición pública del puerto y consiguiente escasa relevancia política han hecho que nadie en el sector público o privado involucrado haya resultado sancionado y poco o nada es lo que se ha efectivamente rectificado.

En este proceso evolutivo (o involutivo) es posible que hasta los propios organismos de control también hayan sido desinformados o desorientados. En tal sentido, se destaca el reciente caso de la denuncia presentada el 17 de octubre de 2006 ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) por la empresa suiza Mediterranean Shipping Company (MSC), una de las más importantes navieras del mundo.

Tal denuncia a pesar de su extrema gravedad y de haber sido ratificada (17-11- 2006) y posteriormente ampliada (24-11-2006) con lujo de detalles, parece como si nunca hubiese existido, pues no se sabe que tal comisión haya producido nada relevante al respecto. Precisamente uno de los puntos a los que alude MSC es el caso del Plan Maestro 2030. En febrero de 2005 la AGP, con la colaboración de sus propios concesionarios y de consultoría externa supuestamente independiente, elaboró un plan que de manera difícil de explicar pretende justificar el mantenimiento del status quo.

Su grave falencia es no prever precisamente las necesidades de expansión de la infraestructura para atender al crecimiento del comercio exterior argentino y mantener a Buenos Aires competitivo frente a otras alternativas portuarias como las de Dock Sud, en la provincia de Buenos Aires, y Montevideo.

Quizás sea la situación de la competencia intra y extraportuaria el punto que finalmente genere la mayor resistencia al traspaso del puerto a la ciudad ante la perspectiva de un nuevo gobierno que pretenda darle un verdadero carácter profesional a la gestión defendiendo de manera estricta los intereses portuarios de la Ciudad.

Así las cosas el traspaso del puerto pondría en tela de juicio la continuidad de la protección que en definitiva el Estado Nacional realiza sobre el puerto de Dock Sud en beneficio de la provincia de Buenos Aires y de los intereses privados que en ese puerto se localizan, en perjuicio del propio Puerto de Buenos Aires. ¿Cómo podría seguir justificando el nuevo Gobierno de la Ciudad que las avenidas del Bajo y Puerto Madero sigan siendo el cordón umbilical que vincula el tráfico de camiones del Puerto de Dock Sud (su competidor) con la Ruta nacional 9, columna vertebral del hinterland de las cargas del Puerto de la Ciudad?

Con el Puerto de Buenos Aires bajo su jurisdicción, ¿cómo el Gobierno de la Ciudad podría permanecer impasible frente a la curiosa situación que causa el drenaje de cargas “liner” de Buenos Aires en beneficio de Dock Sud? Si bien este último se ha separado administrativamente del de Buenos Aires, comercialmente sigue siendo identificado como “Buenos Aires Capital” por no haberse completado tal separación en el campo aduanero. Así las cosas frente al tráfico marítimo “liner” que caracteriza a Buenos Aires como puerto, por no diferenciarse efectivamente como puerto de origen o destino, lo de Dock Sud no es genuina competencia interportuaria, sino mas bien algo parecido a un subsidio comercial.

No son pocas las dificultades y mucha su complejidad. Se hablará muy bien del nuevo Gobierno de la Ciudad si es capaz de desarmar este nudo gordiano con celeridad. Por los antecedentes del caso, es aconsejable no dejarse dominar por la ansiedad.

Por DANIEL H. CASO
Buenos Aires

25/07/07
TRANSPORT & CARGO
EL CRONISTA

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