La celebración por parte del gremio de marineros por la salida de dos barcos congeladores cuando ciento diez se mantienen amarrados y miles de tripulantes se empobrecerán durante este año, podría ser definición de la expresión ‘victoria pírrica’, un triunfo tan caro que termina siendo una condena.
La mesa de negociaciones que reunía a los gremios de la marinería, las cámaras de buques congeladores tangoneros y el Estado, ha quedado vacía. El primero en retirarse fue el SOMU desistiendo de negociar ante una temporada de langostino que dio “por perdida”. Las empresas decidieron entonces dejar de elevar propuestas y la Ministra de Desarrollo Humano le ordenó a la Secretaría de Trabajo no volver a convocarlos.
Después de la última reunión convocada por el secretario de Trabajo, Julio Cordero, las empresas decidieron que no harán más intentos con el SOMU para llegar a un acuerdo. El rechazo de un convenio igual al de los maquinistas fue para el sector la señal de que no había forma de bajar los costos laborales en la marinería.
El SOMU dio por perdida la temporada y se negó a realizar cualquier tipo de modificación al convenio, siquiera temporal, para garantizar la salida de los buques, dejando sin trabajo hasta marzo del año próximo a sus afiliados y a los maquinistas y capitanes que sí acordaron.
Tanto los empresarios en pugna con el SOMU como aquellos que aceptaron salir a pescar sin ajuste salarial, ven detrás de la intransigencia del gremio un objetivo electoral. Llegar a diciembre, tiempo de elecciones gremiales sin haber tocado el Convenio. Esto se transformaría además en un estandarte político frente a la iniciativa del gobierno de realizar una reforma laboral.
El secretario de Trabajo, Julio Cordero, ha dicho que tiene una excelente relación con los gremios, que los respeta y que solo un grupo minúsculo tiene un comportamiento hostil: “Acá hay que diferenciar las posiciones políticas de las gremiales. Cuando hay algún gremio emparentado con un partido político se hace más difícil. En cuanto a sus cuestiones gremiales son absolutamente conscientes de su situación, saben que hay que mejorar muchas cosas y prestan colaboración”.
Luego de la última reunión en la Secretaría de Trabajo, el SOMU quedó definido del lado de los no colaborativos. Cuando el miércoles la ministra de Desarrollo Humano, Sandra Pettovello, recibió al Secretario de Trabajo, al Subsecretario de Pesca y al representante del Ejecutivo en el Consejo Federal Pesquero, para ponerse en situación, la respuesta que les dió fue que se desentendía del tema.
Pettovello habría dejado en claro que la cartera laboral, que depende de su ministerio, no volvería a intentar sentar a las partes en una misma mesa para arribar a un acuerdo. “No me llamen hasta que lo solucionen las empresas con el sindicato”, le habría dicho al subsecretario de Pesca, Juan Antonio López Cazorla.
A partir de ahora las empresas intentarán que se justifique la inactividad de los buques quedando exceptuados de la obligatoriedad de realizar una marea antes de cumplir 180 días sin navegar, alegando la crisis y la magnitud del conflicto. Si el Consejo Federal Pesquero les da una respuesta positiva, la mayor parte de los tangoneros congeladores quedarán en muelle, al menos, hasta marzo de 2026.
Es que ni la posibilidad de celebrar acuerdos particulares ha quedado. El SOMU se opuso con tal virulencia que los marineros tuvieron miedo de firmar y las empresas también. Si bien saben que cuentan con el apoyo de las fuerzas de seguridad que proporcionaría el Ministerio a cargo de Patricia Bullrich, nadie quiere exponer a sus empleados a una batalla campal.
Las amenazas que sufrieron los tripulantes no han recibido la condena de las máximas autoridades del SOMU. El secretario general del gremio, Raúl Durdos, condenó con dureza las acusaciones del empresario Fernando Álvarez que los llamó “asesinos” pero en ningún momento repudió los actos de violencia vividos por sus afiliados. Solo dijo al respecto que no participó ningún dirigente del SOMU y hasta se puso en duda la veracidad de la denuncia realizada por las propias víctimas.
Pese a todo lo vivido, a una situación de costos que no cierra y a un producto que hasta ahora no dio señales de recuperar valor pese a la escasez, algunas empresas terminarán sacando sus barcos. Los que necesiten justificar la inactividad porque no tienen permisos exclusivos de langostino, quizás solo hagan una marea, los que tienen compromisos comerciales que de incumplirse pondrían en riesgo el mercado, quizás realicen alguna más. Pero muchos no cobrarán un peso por producción hasta que el año que viene el SOMU vuelva a negociar.
Posiblemente la salida de cada barco se presentará como una victoria por los gremios de la marinería, pero retomar la actividad en unos pocos barcos y por pocas mareas, difícilmente puede ser procesado como una victoria por los miles de tripulantes que se quedarán sin temporada de langostino y deberán subsistir con un sueldo básico de poco más de quinientos mil pesos. Peor aún será para los relevos, que no cobrarán un peso hasta que logren subirse a un barco, algo difícil de conseguir en momentos de crisis.
Pero tras cinco meses de conflicto y gracias a la voluntad inquebrantable del SOMU oficialista y de todas las agrupaciones opositoras, el SIMAPE y Patrones, ha triunfado el “No a la baja”. Cuesta imaginar a alguien festejando.
(KARINA FERNANDEZ – REVISTA PUERTO) #NUESTROMAR
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