Fue construido en el año 1912, con una altura de 34 metros e inaugurado en 1914. Actualmente cuenta con una dotación de cuatro hombres, que son relevados cada tres años.
Fue construido en el año 1912, con una altura de 34 metros e inaugurado en 1914. Actualmente cuenta con una dotación de cuatro hombres, que son relevados cada tres años.
El pasado martes (10 de junio), se cumplió el centenario del faro Segunda Barranca, ubicado al sur de la provincia de Buenos Aires y dependiente del Servicio de Hidrografía Naval, departamento Balizamiento de la Armada Argentina. Su dotación está integrada por cuatro hombres que son relevados cada tres años.
Al igual que lo que sucede con el resto de los faros y a pesar de los grandes adelantos tecnológicos en materia de ayudas a la navegación, nadie puede dudar de la importante tarea que cumple al preservar buques y vidas guiando al navegante por una derrota segura, indicando bajos, veriles, direcciones de canales o el rumbo que convenga navegar.
Su historia
En 1911 la Dirección Faros y Balizas sostuvo la necesidad de construir un faro en algún punto de la zona comprendida entre Segunda Barranca y Punta Rasa, al sur de la provincia de Buenos Aires.
La construcción de este faro comenzó en febrero de 1912 bajo la dirección del ingeniero Maquinista de 1ra. (R) César Caccia, conjuntamente con el jefe de Sección Faros, alférez de fragata Pedro Sánchez Granel, quienes recorrieron aquel tramo de costa y eligieron el sitio más conveniente para levantar un faro fijo.
Las diez hectáreas necesarias para su construcción fueron donadas por Ernesto Buckland, las cuales posteriormente fueron escrituradas a favor del Ministerio de Marina.
Su estructura metálica a remaches de 34 metros de altura fue provista por la empresa francesa Barbier Bernard y Turenne. Cuenta con un tubo central y 6 patas de menor diámetro dispuestas en forma hexagonal, con garita en la parte superior, pintada a franjas horizontales blancas y negras.
Originalmente contaba con un aparato “Barbier” de tercer orden con luz blanca que emitía los clásicos destellos de estos vigías y guías de navegantes de todo el mundo.
Con sus rasgos característicos se integró a su ambiente, constituyendo un referente de la región tanto para la localidad de Cardenal Cagliero como para Carmen de Patagones.
El valor simbólico
Como asiento de una determinada comunidad, el faro sirve como marco de vida para el desenvolvimiento de la actividad social de ese pueblo, localidad o ciudad que generó a su alrededor. Su escala, tamaño y forma, permiten la interacción entre los individuos y el faro, generando que se convierta en un símbolo, un signo, un emblema al cual hay que festejar o historiar.
Los sociólogos apuntan a definirlo como una “vecindad identificable” compuesto por elementos físicos y generador de una cultura con ciertos rasgos característicos.
A su alrededor pudieron haber ocurrido eventos o situaciones históricas de valor o interés local que han quedado registrados en las efemérides de sus habitantes y que le asignan un significado particular al sitio.
De ahí que se origine la identidad y su valor como patrimonio cultural. El referente sirve de memoria y de articulación entre el presente y el pasado pero también como punto de localización y orientación al navegante.
Debe arribarse a una nueva comprensión del significado de faro desde una investigación más empírica, desde una óptica más amplia y distinta a la tradicional, entendiendo que estas construcciones se “meten” en la vida cotidiana, la “compromete” y opera como soporte de la actividad de esa comunidad. (Gaceta Marinera)
13/06/14
