La aceptación de un barco donado por la empresa Harengus SA al Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) sirvió como ejemplo para conocer como entiende Omar Suárez la relación entre empresas y los trabajadores al destacar que “es un signo evidente de que es posible sostener una relación de mutua colaboración entre las empresas y los trabajadores”.
La aceptación de un barco donado por la empresa Harengus SA al Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) sirvió como ejemplo para conocer como entiende Omar Suárez la relación entre empresas y los trabajadores al destacar que “es un signo evidente de que es posible sostener una relación de mutua colaboración entre las empresas y los trabajadores”.
En este caso, colaboración que implica que los trabajadores podrán concretar el sueño de contar con un buque escuela para capacitarse y para las empresas disponer de mano de obra calificada para ser más competitivas y lograr una mayor capacidad productiva.
La idea de contar con un buque escuela empezó a concretarse a partir de las gestiones realizadas por el Secretario General del SOMU, quien encontró en Harengus la convicción de que el mejor destino que podía tener el Dalián II para terminar su vida útil era convertirse en un instrumento que contribuyera a la formación y capacitación de los futuros tripulantes de los buques pesqueros.
Resulta destacable este espíritu de colaboración y responsabilidad entre sindicato y empresarios cuando la pesca, principalmente la patagónica, enfrenta una serie de dificultades que demandan la adopción de medidas urgentes que reviertan la actual situación.
Congeladores discriminados frente a fresqueros y teniendo que soportar la parte más grande del necesario recorte de las capturas históricas de merluza, la ruptura del Convenio del Golfo San Jorge y las condiciones en las que se restableció implicaron para decenas de barcos y centenas de tripulantes, operar menos de la mitad de los días que lo hacían anteriormente sin que, en el caso del langostino o el calamar, haya peligro alguno para su sustentabilidad.
Todo ello, junto al derrumbe de los precios del mercado de calamares y langostinos, exigen que empresas y sindicatos unan sus esfuerzos para poder trabajar más tiempo, lograr disminuir las cargas y tributos de empresas y trabajadores, recuperar el antiguo Convenio del Golfo y bregar por la plena aplicación de la Ley Federal de Pesca.
La misma madurez y responsabilidad entre empresas y sindicatos será necesaria para negociar y firmar un nuevo Convenio Colectivo de Trabajo integral para todos los tripulantes de los buques pesqueros. Para recuperar la plena sustentabilidad de la actividad pesquera tal vez sea aconsejable “barajar y dar de nuevo”, como lo ha expresado el Secretario General del Centro de Capitanes de Ultramar, Capitán Marcos Castro.
Si así fuera el acuerdo alcanzado entre empresarios pesqueros y sindicatos que se plasmó en el acta firmada el 29 de agosto es un buen punto de partida, la vocación de mutua colaboración que se concretó con la donación y aceptación del Dalian II para que se convierta en el buque escuela “Manuel Belgrano” puede considerarse otra señal que indica que la defensa de los intereses de empresarios y trabajadores no se limita a la discusión de salarios y se integra con otros aspectos que hacen a un modelo distinto de las relaciones laborales.
Quizás ese modelo al que algunos llaman alianza entre capital y trabajo y otros concertación social o un nuevo contrato social sea el instrumento necesario para que el indiscutido crecimiento económico de estos últimos años se convierta en desarrollo.
Lo cierto es que empresarios y trabajadores legítimamente aspiran a consolidar la actividad pesquera de forma biológica, productiva y socialmente sustentable, con empresas sólidas y competitivas y trabajadores calificados y bien pagos y esa aspiración no debería demorarse más.
Editorial de P&P
24/09/07
PESCA & PUERTOS
